Fernando I de Toscana fue el impulsor de la expedición

Fernando I de Toscana fue el impulsor de la expediciónWikipedia

El desconocido intento italiano de establecer una colonia toscana en América

El objetivo era establecer una colonia toscana en suelo americano, abrir acceso comercial a las maderas preciosas de ese continente

En 1587 muere Francisco I, segundo gran duque de la Toscana. Su sucesor fue su hermano pequeño Fernando, quien con trece años fue nombrado cardenal, pero nunca ordenado sacerdote, y que disfrutaría de las rentas y privilegios de la condición eclesiástica hasta que las responsabilidades dinásticas le obligaron a renunciar y tener que casarse con Cristina de Lorena. Es de señalar que tuvo nueve hijos con ella, así que no perdió el tiempo.

El reinado de Fernando I también se aderezó con las consabidas sospechas de envenenamiento de su propio hermano y, para dar más morbo al asunto, de su cuñada –la viuda de Francisco I– Bianca Cappello. La señora había tenido la desdicha de fallecer a los pocos días de su marido.

En vida había sido la protagonista de varios jugosos escándalos y su oportuna muerte, al poco de la de su marido, cimentó la teoría del asesinato que las gentes siempre han gustado de acunar. Hace unos años el análisis forense de los restos de la pareja determinó que ambos fallecieron víctimas de la malaria, pero reconduzcamos la narración que ya me he ido por otro sendero.

En los primeros días de septiembre de 1608 llegó a la corte de Livorno un informe enviado por el ingeniero Baccio da Filicaja. Este había viajado a Lisboa para reunir información acerca de la navegación, política de factorías y exploración que habían llevado a cabo los portugueses hasta la fecha. Es de notar que el gran duque no le interesaba la información del sistema español por considerarlo excesivamente restrictivo y codificado para su gusto.

El informe de Baccio da Filicaja informaba sobre la colonización portuguesa del Brasil y de las posibilidades de aprovechar las debilidades que estos mostraban en la zona norte. El informe llegaba cuando estaba a punto de partir del puerto italiano una expedición toscana con un objetivo muy concreto: la posibilidad de establecer una colonia toscana en suelo americano, abrir acceso comercial a las maderas preciosas de ese continente, además de otros productos y ricas materias primas que allí se pudieran encontrar.

Este proyecto llevaba años preparándose en la corte de Fernando I y para entonces ya lo tenían todo preparado y estaban a punto de dar la señal de inicio. El gran duque había abierto contactos comerciales con el banquero holandés Jan van Harlem, quien se encargaría de comercializar los productos de la futura colonia toscana en los mercados holandeses, ingleses y de los países del norte de Europa.

Para dirigir la expedición se contrató a un marino con experiencia llamado Robert Thornton. La expedición estaría compuesta por dos navíos: una carabela, de nombre Santa Lucia Bonaventura que estaría comandada por el propio Robert y una ágil tartana mediterránea, nave ligera de menor porte y una vela latina, que estaría comandada por Giles Thornton, hermano de Robert y también marino experimentado.

La expedición partió del puerto de Livorno el día 8 de septiembre de 1608. A mitad de la travesía las naves fueron separadas, navegando cada una por su cuenta. La carabela arribó a las costas de Brasil a finales de octubre, reconociendo la costa gracias a las cartas dibujadas por el explorador y cartógrafo Robert Dudley, conde de Warwick, en 1595. Conociendo su posición exploró la costa norte hasta llegar a lo que hoy es el puerto de Cayena, capital de la Guayana Francesa. Recogió muestras de la riqueza que allí había junto con cinco o seis aborígenes y unos cuantos coloridos y muy ruidosos loros.

Llegada la hora de volver pasó por el puerto de Trinidad, donde no se atrevió a comerciar con las mercaderías que llevaba en las bodegas por miedo al embargo de estas por parte de las autoridades españolas, que tenían el monopolio del comercio en las provincias y reinos de ultramar de la corona hispánica. El 12 de julio de 1609 entró en el puerto de Livorno la Santa Lucia Bonaventura.

El capitán Thornton había cumplido con el encargo y traía importante y valiosa información, indios capaces de aprender la lengua y hacer de intérpretes («lenguas» se les llama en las narraciones de entonces) y los loros que divertirán a las damas de la corte.

Como explicó Thornton a la comisión ante la que declaró, la mejor zona para establecerse es la que se encontraba en donde los franceses fundaran la ciudad de Cayena. Comercialmente la operación había sido un fiasco, ya que no habían podido comerciar con los productos que llevaron al no encontrar grandes poblados y no atreverse a hacerlo en puertos castellanos.

Sin embargo, la información científica y cartográfica era importante. No solo trajo ejemplos de diversas maderas valiosas que allí encontró, también trajo muestras de pimienta, caña de azúcar y la raíz de la yuca, con la que los españoles preparaba el pan cazabe, que se demostraría vital para alimentar a la gente en esas tierras donde no había trigo.

Pero todo esto de nada servía si no había nadie dispuesto a escucharlo. Y es que el verdadero desastre de la expedición, y que terminó con el sueño americano del gran ducado, fue que el día 3 de febrero de 1609 falleció Fernando de Médicis, gran duque de la Toscana.

Dejó tras de sí un legado y memoria de buen gobernante, mecenas y personaje ilustrado, pero también dejó un sucesor –que reinaría con el nombre de Cosme I– que no tenía ningún interés en el proyecto americano de su padre.

Cuanto al capitán Thornton, se quedó al servicio del nuevo gobernante, quien apreciaba el valor y conocimiento del capitán. En noviembre tuvo la alegría de ver entrar en el puerto a la tartana que comandaba su hermano Giles. Este había llegado a la costa de Brasil y comerció con colonos portugueses de la zona de Bahía, temiendo que lo persiguieran por contrabando –que básicamente era lo que estaba haciendo– se mantuvo alejado de las principales poblaciones y regresó siguiendo las rutas más seguras que conocía.

Thornton casó con una doncella noble de la corte de Cosme II y tuvo cinco hijas. Sirvió con distinción, tanto en la flota del gran ducado como en las galeras de la orden de los caballeros de San Esteban, que luchaban contra los sarracenos. Cosme II le recompensó con una buena casa en la población de Livorno y una generosa pensión. Robert Thornton falleció pacíficamente en su caso, rodeado por su familia, en 1621.

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