Detalle del retrato de Paz de Borbón por M. Herbert, 1878
Dinastías y poder
Cuando el ejército estadounidense incautó las joyas falsas de una de las hijas de Isabel II
La Infanta Paz de Borbón vivió en primera persona las grandes convulsiones de la Europa del siglo XX, desde la caída del Imperio alemán hasta el nazismo y la ocupación estadounidense de Múnich
Terminada la Segunda Guerra Mundial, el Ejército norteamericano entró en Múnich. Allí, en el palacio de Nymphenburg, todavía residía la Infanta Paz, tercera de las hijas de Isabel II de Borbón. Unos soldados asaltaron su apartamento y, tras apuntarla con un revólver, le solicitaron pertenencias y joyas. Ella todavía conservaba parte del legado heredado de su madre.
La sorpresa llegó cuando comprobaron que parte de las alhajas que guardaba en el cofre eran falsas. Pocos años atrás, Paz de Borbón había sido considerada una «amenaza» para el III Reich.
Paz de Borbón era la menos lucida de las hijas de Isabel II, aunque quizá también la más sensata y bondadosa. Casada desde 1883 con el príncipe Luis Fernando de Baviera, ambos fueron el refugio de muchos de sus familiares en los años de dificultades.
Con ellos pasó sus primeras Navidades como expatriado el Rey Alfonso XIII, las de 1931, tras la proclamación de la República. También acogieron en múltiples ocasiones a la díscola Infanta Eulalia y a su hijo Luis de Orleans, de vida disoluta y que se vio implicado en un escándalo de la Brigada contra el Vicio en 1934.
La Infanta Paz y Príncipe Luis Fernando de Baviera, 1883
Fueron un matrimonio culto, amante de las artes y de la música. Luis Fernando ejercía, además, la medicina, pues había estudiado en la Universidad y fue uno de los primeros miembros de la realeza en trabajar en su propia consulta médica.
La Infanta Paz jamás se desvinculó de España. Colaboró con el diario ABC y quiso impulsar los nexos entre su país de origen y Baviera a través del Pedagogium, una iniciativa educativa de «intercambio» gracias a la cual niños españoles humildes pudieron beneficiarse de las modernas pedagogías germanas.
Fue también una mujer pacifista, desde una creencia absoluta en Dios, muy contraria al nazismo por el paganismo que representaba y que llegó a sufrir la hostilidad de la Gestapo en la Alemania de Hitler y las críticas del diario del NSDAP, Der Angriff. María Teresa Álvarez publicó hace ya varios años una estupenda biografía sobre la Infanta.
Fueron un matrimonio muy querido y respetado en el seno de la realeza europea. Y lo fueron también por personalidades políticas de ideología muy opuesta, como el socialista alemán Kurt Eisner. Pero sufrieron en primera persona el curso de la historia. Tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial y la proclamación de Weimar, perdieron su condición de príncipes y también la correspondiente asignación.
Aunque los nuevos mandos políticos les autorizaron a seguir viviendo en Nymphenburg, tuvieron que reducir sus dependencias a un apartamento. Su condición había cambiado. Desde entonces, su economía se vio limitada, aunque no dejaron de hacer sus habituales visitas a España.
Tenían una finca agrícola en la provincia de Cuenca, en Luján, heredada de la abuela María Cristina de Nápoles, «Villa Paz» (años después adquirida por el torero Dominguín), y una casa solariega en Santillana del Mar, cedida por el III marqués de Comillas.
Retrato de la Infanta Paz
El matrimonio tuvo tres hijos. Pilar, la chica, estuvo siempre enamorada de su primo, el Rey Alfonso XIII. Años después, escribió un libro. El mayor, Fernando, se casó en primeras nupcias con la Infanta María Teresa de Borbón, hija de Alfonso XII, y estuvo siempre muy vinculado a España y a la Familia Real.
El segundo de los varones, Adalberto, luchó en el frente en la guerra del 14 y volvió a servir a Alemania como oficial del Estado Mayor en 1940. Tras la guerra, y ya en zona occidental, fue nombrado presidente de la Cruz Roja y recopiló muchas de las impresiones de su madre en el libro Cuatro revoluciones e intermedios.
De los nietos de la Infanta Paz, los «españoles» lucharon con el Ejército Nacional en la Guerra Civil española. José Eugenio fue herido por metralla en la batalla de Teruel. Luis Alfonso estaba en infantería y salió ileso de los combates.
Los «bávaros», Constantino y Alejandro, se incorporaron a las filas de la Wehrmacht, aunque a comienzos de 1941, poco después de la ocupación de París, les aplicaron el llamado «decreto de los príncipes», una disposición que impedía a todos los miembros de las antiguas casas reales de Alemania participar en cualquier operación militar del Ejército del Reich.
Constantino fue un gran opositor a Hitler y llegó a implicarse en el intento de asesinato de julio de 1944, organizado por el coronel Claus von Stauffenberg. El de la película de Tom Cruise, Operación Valquiria.
Paz de Borbón murió en su apartamento de Nymphenburg en diciembre de 1946, pocos meses después del registro de su domicilio por parte de los soldados estadounidenses. El diario ABC informó de la defunción de la Infanta española.
Su marido –«un gato madrileño», como él se consideraba, a pesar de su condición de príncipe de Baviera– la sobrevivió tres años. Los restos mortales del matrimonio descansan en la cripta de la iglesia de San Miguel, en Múnich.