Las seis esposas de Enrique VIII

Las seis esposas de Enrique VIIIEl Debate

El destino de las seis esposas de Enrique VIII: dos decapitadas, dos supervivientes y una ruptura con Roma

La historia de las seis esposas de Enrique VIII llega a Madrid en forma de musical a partir de este 17 de septiembre. El espectáculo recupera las vidas de seis mujeres marcadas por el poder, las intrigas de la corte y la obsesión del monarca Tudor por asegurar un heredero varón

«Divorciada, decapitada, muerta; divorciada, decapitada, sobrevivió», entona una canción infantil inglesa que se usa para memorizar en las escuelas la suerte que corrieron las mujeres de Enrique VIII, quien, obsesionado por asegurar la continuación del linaje Tudor con un heredero varón, llegó a casarse en seis ocasiones.

Ahora, la historia de estas mujeres llega a Madrid en formato musical, que se estrenará en el teatro Gran Vía este 17 de septiembre con el título de SIX, el musical.

Algunos fueron matrimonios concertados por motivos políticos y otros fueron fruto de un amor apasionado; sin embargo, la anulación del matrimonio con una de ellas provocó la ruptura de la Iglesia de Inglaterra con Roma, dos fueron encerradas y ejecutadas en la Torre de Londres y otras dos sobrevivieron al Rey.

Catalina de Aragón

Para afianzar la alianza de Inglaterra con España –pero también para conservar la dote recibida–, Enrique decidió casarse con la viuda de su hermano, Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos.

Ella tenía 23 años y él 17 cuando se unieron. «Era inteligente, valiente y de principios firmes», destaca Historic Royal Palaces, la organización encargada de cuidar y gestionar seis de los palacios históricos más emblemáticos del país que no están habitados por la Familia Real.

«Catalina tenía una visión diferente a la de Enrique sobre el papel de la mujer en el poder, porque su madre era una monarca increíblemente poderosa… Era una reina guerrera. Era una reina culta. Era una reina muy religiosa… Tuvo una influencia muy importante en la joven Catalina», destaca Elizabeth Norton, historiadora especializada en la época Tudor.

Enrique VIII y Catalina de Aragón

Enrique VIII y Catalina de Aragón

Según Historic Royal Palaces, Catalina «creía que ser reina de Inglaterra era su vocación» y, como tal, destacó como Reina consorte, actuando como regente cuando Enrique VIII estaba ausente. De hecho, muchos súbditos del monarca inglés la considerarían siempre la verdadera Reina de Inglaterra, aunque se le prohibiese usar aquel título y, en su lugar, se le impusiese el de «princesa viuda».

A pesar de sus varios embarazos, solo María, nacida en 1516, sobrevivió a la infancia. La urgencia y desesperación por un heredero varón, así como la atracción que sentía el Rey inglés por Ana Bolena, dama de compañía de la Reina, hicieron calar en la mente y el corazón de Enrique VIII la idea de «deshacerse» de su esposa tras más de veinte años de matrimonio.

De esta manera, el monarca inglés buscó la manera de anular su matrimonio y puso en marcha una cadena de acontecimientos que condujeron a la ruptura con Roma y a que él mismo asumiese la supremacía sobre la Iglesia de Inglaterra.

Separada de su hija, Catalina fue trasladada primero a Buckden, en Cambridgeshire, y posteriormente al castillo de Kimbolton, donde pasó sus últimos años. Murió el 7 de enero de 1536, a los 50 años, probablemente a consecuencia de un cáncer.

Ana Bolena

Fue la segunda de las seis esposas de Enrique VIII de Inglaterra y una de las figuras femeninas más controvertidas de la historia europea. En el imaginario popular ha quedado fijada como una mujer ambiciosa y manipuladora, capaz de arrastrar a un rey –y a todo un reino– a una ruptura sin precedentes.

Durante aquellos años sufrió una gran impopularidad entre quienes continuaban simpatizando con Catalina de Aragón, a quien el mismísimo William Shakespeare describiría un siglo después como «la Reina de todas las reinas y modelo de majestad femenina».

Enrique VIII conoce a Ana Bolena

Enrique VIII conoce a Ana Bolena

Según la historiadora jefe de Historic Royal Palaces, Tracy Borman, para Ana su matrimonio con Enrique VIII «no se trataba solo de beneficio personal. Si quería ser reina, tenía ideas que deseaba llevar a la práctica, ideas sobre reforma religiosa y social». Con todo ello, fue una gran «defensora de la reforma religiosa», según detalla Historic Royal Palaces.

A este respecto, «tenía opiniones sobre el futuro de Inglaterra y no temía intentar influir en el reinado de Enrique». Sin embargo, poco duraría su influencia en el Rey. Ana dio a luz en 1533 a la futura Isabel I y sufrió posteriormente embarazos fallidos, el último de ellos en enero de 1536. Enrique acabaría acusándola de adulterio, incesto y traición, y fue encerrada en la Torre de Londres, donde sería ejecutada el 19 de mayo de 1536.

Juana Seymour

Durante sus desavenencias con Ana Bolena, el monarca inglés ya se había fijado en quien sería su tercera esposa, Juana Seymour, otra dama de compañía a quien colmó de cartas y regalos mientras Bolena afrontaba sus embarazos fallidos durante sus tres años como Reina.

Juana era de carácter tranquilo y discreto, muy diferente de Ana Bolena. Sería quien finalmente le daría su esperado heredero varón a Enrique VIII: el futuro Eduardo VI de Inglaterra. No obstante, pocos días después de dar a luz, Juana falleció el 24 de octubre de 1537, probablemente a causa de complicaciones posteriores al parto.

Un cuadro de 1847 del artista francés Eugène Devéria (1808-1865) que representa la trágica muerte de Juana

Un cuadro de 1847 del artista francés Eugène Devéria (1808-1865) que representa la trágica muerte de JuanaDominio Público

Enrique lamentó profundamente su muerte: de todas sus esposas, Juana sería aquella junto a la que finalmente quedó enterrado en la capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor.

Ana de Cléveris

Su matrimonio con Ana de Cléveris, princesa alemana, respondió fundamentalmente a razones políticas. Fue un vínculo impulsado por Thomas Cromwell en un momento en que Inglaterra buscaba aliados protestantes frente a las grandes potencias católicas europeas: España y Francia.

Enrique conoció personalmente a Ana a comienzos de enero de 1540 y el encuentro no respondió a sus expectativas. El Rey había aceptado previamente la alianza después de haber recibido un retrato de su futura esposa pintado por Hans Holbein el Joven, aunque la conocida historia según la cual el cuadro habría embellecido engañosamente a Ana ha sido puesta en duda por los historiadores.

Esta imagen muestra el famoso Retrato de Ana de Cléveris, pintado por Hans Holbein el Joven en 1539 y conservado en el Museo del Louvre de París

Esta imagen muestra el famoso Retrato de Ana de Cléveris, pintado por Hans Holbein el Joven en 1539 y conservado en el Museo del Louvre de París

«Si no fuera para satisfacer al mundo y a mi reino, no haría lo que debo hacer hoy por ninguna cosa terrenal», declaró el Rey antes de la boda.

Aunque terminaron casándose en enero de 1540, su matrimonio se anuló solo seis meses más tarde alegando, entre otros motivos, que nunca había sido consumado. Como compensación, el monarca concedió a Ana propiedades y una generosa asignación que le permitió mantener una posición acomodada en Inglaterra hasta su muerte, el 16 de julio de 1557.

Catalina Howard

Enrique VIII volvió a fijar sus ojos en otra dama de compañía: la joven Catalina Howard, prima de Ana Bolena. Se casaría con ella pocas semanas después de que fuese anulado su matrimonio con Ana de Cléveris. El Rey parecía enamorado de ella y se refería a Catalina como su «rosa sin espinas».

Sin embargo, Catalina compartiría el mismo destino que su prima. Las investigaciones revelaron relaciones sexuales anteriores a su matrimonio y posteriormente fue acusada de haber mantenido una relación con Thomas Culpeper durante su etapa como reina. No fue sometida a un juicio ordinario, sino condenada mediante una ley de proscripción aprobada por el Parlamento. Fue ejecutada en la Torre de Londres el 13 de febrero de 1542.

Grabado de la ejecución de Catalina Howard

Grabado de la ejecución de Catalina Howard

Catalina Parr

La última esposa de Enrique VIII fue Catalina Parr, hija de sir Thomas Parr. A diferencia de las dos anteriores esposas del monarca, Catalina tenía ya alrededor de 30 años cuando se casó con Enrique y había enviudado dos veces. Desempeñó un papel fundamental en la educación de los hijos del Rey y favoreció la reconciliación de Enrique con sus hijas, María e Isabel.

La salud de Enrique VIII empeoró rápidamente en sus últimos años: sufría una grave lesión ulcerada en una pierna y había engordado considerablemente, hasta el punto de que su movilidad quedó muy reducida. Finalmente, murió el 28 de enero de 1547, a la edad de 55 años.

Catalina sobrevivió al Rey de Inglaterra que, tras su muerte, se casó por cuarta vez con Thomas Seymour, hermano de Juana Seymour. Catalina falleció en 1548, pocos días después de dar a luz a su única hija, y pasó a la historia como una de las figuras femeninas más cultas e influyentes de la corte Tudor.

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