Tore Skeie

Tore SkeieWikimedia Commons

Entrevista al historiador noruego Tore Skeie

Tore Skeie: «El comercio de esclavos pudo ser la principal razón de las expediciones vikingas a España»

El historiador noruego Tore Skeie desmonta los grandes mitos de la cultura popular para revelar a unos vikingos plenamente integrados en Europa, impulsados por la «fiebre del oro», el tráfico de esclavos hacia Al-Ándalus y figuras clave como Olaf Haraldsson

Los vikingos no llevaban cuernos en sus cascos y tampoco fueron un pueblo aislado del resto de Europa. Las series y las películas nos han mostrado una sociedad guerrera, que lo era, pero muy diferente de lo que fueron de verdad los vikingos. Este relato histórico se desgrana en La era del lobo (Ático de los Libros), el nuevo libro del historiador noruego Tore Skeie, con quien conversamos sobre la «fiebre del oro vikinga», la cristianización de la Noruega vikinga, la venta de esclavos, los saqueos, cómo Olaf Haraldsson pasó de saqueador a ser santo de la Iglesia y el desconocido papel de Emma de Normandía en el mundo vikingo.

–¿Cómo cambia nuestra comprensión tradicional de las fronteras vikingas el tratar el mar del Norte como una fluida «autopista líquida»?

–El mar del Norte ha desempeñado en la historia un papel similar al que el mar Mediterráneo tuvo en el sur de Europa. Hoy en día lo vemos como una barrera, pero en el mundo antiguo el mar era una vía de comunicación. Incluso antes de la época de los vikingos, existían muchas conexiones entre Inglaterra y Escandinavia, así como con las zonas costeras de Francia y Bélgica, entre otras regiones. Todas estas áreas eran lugares por donde los vikingos viajaban a través del océano, pescaban, iban a la guerra, se vigilaban o se saqueaban mutuamente. Es a lo que llamo autopista líquida.

–Usted presenta a los vikingos no solo como simples saqueadores o guerreros bárbaros del norte, sino como una sociedad integrada en la arquitectura geopolítica medieval. ¿Los vikingos coexistían con el resto de los pueblos europeos?

–Creo que la cultura popular (series de televisión, películas, novelas) suele presentar a los vikingos como algo completamente único y diferente, pero no era así. Formaron parte de Europa y estuvieron plenamente integrados en ella, incluso antes de la era vikinga. No estoy de acuerdo con esa idea de los vikingos como una cultura aislada y radicalmente distinta a las demás. Es cierto que antes de convertirse al cristianismo eran vistos como paganos y, por tanto, diferentes. Pero sus ejércitos no se comportaban de forma muy distinta a los soldados cristianos en campaña: también saqueaban, mataban, destruían… En Normandía, los vikingos se asentaron e integraron con la población local, al igual que ocurrió en Inglaterra, en el norte de Francia con Rollón y su gente, y en el este de Europa, donde los vikingos procedentes de la actual Suecia navegaron por los ríos de Rusia y Ucrania, conquistando y estableciéndose allí. Al cabo de unas generaciones, hablaban la lengua local, se casaban con mujeres de la zona y se convertían al cristianismo.

La era del lobo (Ático de los Libros)

La era del lobo (Ático de los Libros)

–Usted sostiene que la violencia era una necesidad estructural. ¿Los vikingos estaban atrapados en un ciclo de saqueo perpetuo?

–Sí, creo que se puede decir que sí. Simplificando las cosas, se puede decir que Escandinavia pasó de ser un lugar donde la riqueza y el poder provenían del control de la tierra agrícola a un sistema donde, para ser poderoso o mantener el poder, se necesitaba un nuevo tipo de riqueza: el oro. El problema, por supuesto, era que en ese momento no había minas de oro en Escandinavia. Así que había que salir para conseguirlo. Atacaban a otras personas y se apoderaban de su oro, o bien las aterrorizaban para que recaudaran impuestos y tributos. También comerciaban y se alistaban para luchar como mercenarios al servicio de otros reyes, quienes les pagaban en oro. De hecho, el éxito de los reyes guerreros se basaba en su capacidad para obtener oro y pagar a su gente.

–Olaf Haraldsson es uno de los vikingos más famosos. ¿Cómo fue el verdadero Olaf antes de convertirse en mito?

–Elegí a Olaf Haraldsson como la figura principal de este libro porque es un excelente ejemplo del típico líder vikingo: oportunista, estratégico y probablemente muy inteligente. Consiguió convertirse en rey de Noruega y fue asesinado en el año 1030 en una batalla muy famosa en Noruega: Stiklestad. Perdió ante otro rey cristiano: Canuto el Grande. Sin embargo, la familia de Olaf recuperó el poder y los miembros de la Iglesia que habían formado parte de su reino lo proclamaron santo, lo que supuso un momento crucial en la cristianización de la población.

–En su libro habla del Cristo Blanco (Hvíti Kristr). ¿Cómo adaptaron los reyes vikingos la teología cristiana para encajarla en su cultura guerrera?

–El término literal en nórdico antiguo para referirse al dios cristiano en aquella época era «Cristo Blanco». Nadie sabe a ciencia cierta dónde surgió el término. Para los creyentes de la antigua religión, que contaba con un amplio panteón, la idea de que existiera un solo dios resultaba muy extraña. Así que, al oír hablar de este nuevo dios llamado «Cristo Blanco», empezaron a rezarle junto con sus otros dioses. Y lo representaron como una divinidad guerrera que ayuda a sus aliados a ganar batallas y destruye a sus enemigos con fuego para enviarlos al infierno.

–Las campañas de Olaf Haraldsson lo llevaron hasta España. ¿Qué hacía de la península ibérica un destino tan atractivo para los señores de la guerra nórdicos?

–Existen bastantes ejemplos de expediciones vikingas que siguieron esa ruta, aunque era un trayecto peligroso. Algunas de estas expediciones eran de saqueo, lo cual es fácil de entender, pero mi hipótesis es que la razón principal era el lucrativo comercio de esclavos. El Califato de Córdoba era una sociedad esclavista, similar en cierto modo a la Roma clásica, con una gran población de esclavos. Los vikingos vieron en esto una gran oportunidad de negocio. Capturaban personas en Inglaterra, Francia o en los reinos cristianos del norte de España y las vendían en los mercados de esclavos del sur. Por esta razón, Olaf Haraldsson viajó hasta el sur de España, aunque no puedo demostrarlo.

–Otra figura destacada fue Emma de Normandía. ¿Cómo fue de decisiva esta alianza con Canuto el Grande?

–Emma es un ejemplo interesante de la acción política femenina en una época de la que a veces tenemos una visión muy estigmatizada respecto a las mujeres. Si lees textos antiguos sobre ella, se la presenta como si no hubiera tenido voz ni voto, pero esto no es así. Nació en Normandía, se casó muy joven con el rey de Inglaterra, luego llegaron los daneses a conquistar el territorio, su esposo falleció y el nuevo rey conquistador, Canuto, la tomó por esposa. Pero Emma no estaba sola; era el centro de su comunidad, tenía sus propias consejeras y su propia corte. Emma logró mantener su estatus mediante maniobras muy inteligentes durante ese periodo de transición. Para Canuto esto fue fundamental, ya que le permitía legitimarse como soberano al estar casado con quien había sido la reina de Inglaterra durante tanto tiempo.

–Su libro menciona también al cronista Snorri Sturluson. ¿Por qué eligió a este personaje, aparentemente menor?

–Quería dejar claro desde el principio que en el libro intento retratar ciertos mecanismos de la época. Hay un matiz muy poético en el hecho de que Snorri Sturluson, que era el equivalente a Shakespeare para la sociedad nórdica antigua, fuera asesinado en el baño de su propia casa, de un modo prácticamente idéntico al de cientos de personajes de las sagas que él mismo escribió. Me pareció una coincidencia trágica y poética, y he utilizado esta imagen impactante que muestra la crudeza de todo este entorno.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas