Retrato de doña Inés Muñoz de Ribera como abadesa del Monasterio de la Concepción de la Ciudad de los Reyes
Inés Muñoz, la pionera española en Perú que salvó la vida de los hijos de Francisco Pizarro
Introdujo el primer trigo en Perú, fue una rica encomendera y terminó sus días como abadesa del monasterio de la Concepción que fundó en Lima en 1573
De las mujeres españolas que fueron pioneras en Perú y viajaron para instalarse allí cuando aún estaba en marcha la conquista de aquel vasto territorio, destaca, sin duda, Inés Muñoz: «la primera y más antigua mujer principal de este reino», tal y como se refiere a ella un documento del siglo XVI de la Real Audiencia de Lima.
Su paso a la historia arranca cuando el extremeño Francisco Pizarro regresó a España desde Panamá en 1529 para concretar y firmar las capitulaciones con la Corona para llevar a cabo la conquista de Perú.
Una vez conseguido su propósito, Pizarro pasó luego por su Trujillo natal antes de regresar a América para enrolar en su aventura a varias docenas de familiares, allegados y paisanos de la zona. De los primeros en sumarse estuvieron sus hermanos por parte de padre: Hernando, Gonzalo y Juan, hijos nacidos de la relación de su progenitor Francisco Pizarro «el Largo» con diferentes mujeres.
Pero también fue a buscar a Francisco Martín de Alcántara, su hermano por parte de madre, quien se apuntó sin dudarlo a la empresa junto a su esposa, Inés Muñoz.
Así, tras pasar dos años en Panamá y una vez concluida la primera fase de la conquista de Perú (captura y muerte de Atahualpa y toma posterior de Cuzco), Inés Muñoz se convirtió en una de las primeras pobladoras de la Ciudad de los Reyes (Lima), fundada en 1535.
Junto a su esposo gozó de una privilegiada posición y su hogar era visitado con frecuencia por Francisco Pizarro, pues la cercanía y el cariño entre el citado matrimonio y el conquistador extremeño eran bien notorios.
De hecho, Inés Muñoz se convirtió pronto en tutora de los dos hijos (Francisca y Gonzalo) que el gobernador extremeño había tenido con la ñusta o princesa inca Quispe Sisa, para que les diera una correcta y cristiana educación. Otro detalle que muestra el sincero afecto entre cuñados es que Quispe Sisa fue bautizada como Inés Huaylas, compartiendo así nombre con la propia Inés Muñoz.
Tutora y salvadora de sus sobrinos mestizos
Uno de los hechos que más se recuerdan de esta mujer fue su arrojo y determinación mostrados tras el cruel asesinato del gobernador Francisco Pizarro y de Francisco Martín de Alcántara por Diego de Almagro «el Mozo» y sus secuaces el 26 de junio de 1541.
Pese al enorme riesgo que corría durante aquellas jornadas sangrientas en Lima, Inés Muñoz no dudó en amortajar a su esposo y a su cuñado con ayuda de unos pocos criados y encabezar luego el reducido cortejo fúnebre por las calles de Lima para darles cristiana sepultura. Antes se había encargado ya de esconder y proteger a los hijos mestizos de Francisco Pizarro, entre ellos a la primogénita, la única que llegaría a la edad adulta, Francisca Pizarro Yupanqui.
Así lo refleja una probanza de méritos de la propia Inés Muñoz, fechada en 1574: «La Doña Inés con sus criados llevó sus cuerpos en un repostero a la yglesia mayor desta ciudad y los sepultó. Y tuvo en su casa escondidos a los hijos que quedó del Marqués y que los tiranos buscaban para matarlos...»
Inés heredó, no sin dificultades, las encomiendas de su difunto esposo y, tiempo después, contrajo un segundo matrimonio con el capitán Antonio de Ribera, con quien tuvo un hijo y formó un importante patrimonio, pues ambos eran ricos encomenderos.
El primer trigo de Perú
Gracias a Inés Muñoz se introdujeron el primer trigo en Perú, los primeros olivos y muchas de las frutas que se daban en España (naranjas, melones…), haciendo de su huerto un rincón muy especial y célebre en aquella Lima del siglo XVI y proliferando luego dichas especies en diversas partes del Nuevo Mundo. También instaló el primer gran obraje de lanas y paños en Perú.
Viuda de nuevo años después y tras fallecer también el hijo que había tenido con Antonio de Ribera, desolada y cansada por los últimos golpes del destino, decidió retirarse del mundanal ruido junto a su nuera María de Chaves y fundar un monasterio con buena parte de su fortuna.
Así nació el Monasterio de la Concepción en Lima en 1573, sobre unas casas y solares suyos, con un objetivo muy claro expresado en su acta fundacional: «Favorecer y ayudar a muchas hijas de conquistadores pobres, que hay en esta ciudad gran suma de ellas e padecen grandes riesgos e necesidades».
En 1592, doña Inés Muñoz todavía vivía y era abadesa de dicho monasterio. Fue una mujer muy longeva –murió con 105 años según la cartela que acompaña su retrato, obra de Mateo Pérez de Aleccio y fechado en 1599– e impresiona recordar todo lo que vivió en primera persona la cuñada de Francisco Pizarro.
No es de extrañar que el cronista jesuita Bernabé Cobo así la ensalce en su Historia del Nuevo Mundo (1653): «Doña Inés Muñoz, matrona digna de perpetua memoria por las muchas partes y excelencias que en ella concurrían para eternizar su nombre».