Detalle del paso 'Sed Tengo' (1612-1616) del escultor Gregorio Fernández procesionado por la cofradía de las Siete Palabras de Valladolid
La bebida más popular entre los legionarios romanos que también ofrecieron a Jesús en la cruz
Más humilde que el vino, este brebaje fue una bebida habitual entre los soldados romanos
«Tengo sed», dijo Jesucristo mientras agonizaba en la cruz. Quienes estaban a su alrededor empaparon una esponja en un «recipiente lleno de vinagre» y «la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca», tal y como recoge el Evangelio según san Juan.
«Sin embargo, aquella esponja no llevaba solo vinagre. Estaba empapada en posca, la bebida que llevaban todos ellos [soldados romanos] y con la que se hidrataban en campaña, la que se bebía corrientemente en roda Roma, además del vino aguado», señala la historiadora y experta en gastronomía Almudena Villegas Becerril en un artículo publicado en El Debate.
La posca era una mezcla de agua y vinagre o vino agrio que consumían los romanos y a la que, en ocasiones, podían añadirse otros ingredientes.
Mosaico romano en el Museo del Bardo Tunez
El vino de calidad podía resultar más caro, mientras que la cerveza era asociada por los romanos a pueblos como los celtas, germanos o egipcios, considerados bárbaros desde la perspectiva romana. Así lo aclara el historiador francés del siglo XVIII Charles Rollin en su libro Historia de las artes y las ciencias, en el que afirma que «rara vez se usaba el vino en el ejército».
En cambio, la posca era accesible y podía elaborarse de forma sencilla. Por ello ganó importancia entre las clases populares y los soldados. Además, funcionaba como bebida isotónica, que hidrataba y reponía electrolitos, tal y como comenta la historiadora y experta en gastronomía.
Villegas también señala que «la posca se transportaba en una cantimplora de barro, aunque lo hacía con más frecuencia en un recipiente muy ligero: una calabaza deshidratada y seca, con un tapón de corcho, que se podía colgar de la cintura o de algún correaje, incluso de la impedimenta».
Campesinos, pero sobre todo legionarios, consumían con frecuencia esta bebida. La Historia Augusta atribuye a Pescenio Níger la imposición de restricciones al consumo de vino entre sus tropas durante las campañas. El historiador Borja Sacristán recoge este episodio en una entrevista con El Español, en la que explica que Pescenio Níger habría limitado las bebidas de sus soldados a la posca.
«Prohibió todas las bebidas que no fueran 'posca' a su ejército, tanto a oficiales como a soldados rasos, ya que según sus palabras servía tanto para calmar la sed como para evitar que los soldados estuvieran todo el rato bebiendo agua», aseguró el historiador al medio citado.
Además de ser más barato que algunos vinos, no podía estropearse y era la forma más segura de beber agua: la propiedad del ácido acético del vinagre conseguía eliminar parte de los microorganismos responsables de diferentes problemas gástricos, reduciendo las probabilidades de sufrir disentería al beber agua contaminada.
Esto hacía de la posca un ingrediente recurrente en la gastronomía de la época. Según el tratado De re coquinaria, tradicionalmente atribuido a Marco Gavio Apicio, esta bebida formaba parte de diversas recetas: «Se ahueca un pan de Alejandría, se macera en posca. En el mortero se pone pimienta, miel, menta, ajo, cilantro fresco, queso de vaca condimentado con sal, agua, aceite. Se cubre con nieve y se sirve», indica una de las recetas del tratado.
La posca fue, en definitiva, una bebida humilde que formó parte de la vida cotidiana de soldados y otros sectores de la sociedad romana. De ahí que el episodio narrado por san Juan pueda entenderse en el contexto de las bebidas agrias que consumían las tropas, aunque no sea posible identificar con absoluta certeza aquel «vinagre» con la posca.