Los alféreces provisionales: los 30.000 jóvenes convertidos en oficiales durante la Guerra Civil

Los alféreces provisionales: los 30.000 jóvenes convertidos en oficiales durante la Guerra CivilFundación Francisco Franco

90 años de su creación

Los alféreces provisionales: los 30.000 jóvenes convertidos en oficiales durante la Guerra Civil

Su contribución a la guerra fue importante, reflejada en la elevada consecución de condecoraciones militares: 15 de las 71 cruces laureadas de San Fernando y 363 de las 1.234 medallas militares que se concedieron fueron para alféreces provisionales

Con la última Guerra Civil en pleno desarrollo, el 3 de octubre de 1936 se graduaban en Burgos los primeros 139 alféreces provisionales de Infantería y 44 de Artillería. Inmediatamente marcharon al frente de batalla, ejerciendo un papel determinante en la victoria del bando que ya lideraba el general Franco. Pero ¿quiénes fueron los alféreces provisionales? ¿Por qué noventa años después debes recordar y saber quiénes fueron?

Los alféreces provisionales fueron la solución genial y desesperada ante la angustiosa escasez de mandos para un ejército que no paraba de crecer. En julio de 1936, el bando sublevado contaba con unos 9.000 oficiales para cerca de 30.000 cabos y soldados, mientras que apenas dos meses después ese ejército se había incrementado hasta alcanzar los 200.000 efectivos y no paró ahí. Mientras eso ocurría, la oficialidad disponible se reducía en 1.200 por bajas en combate y otras circunstancias.

En principio se recurrió a habilitaciones temporales para ejercer empleos superiores, pero pronto se demostró que no era suficiente. La idea para solventar el problema la propuso Mola a Franco el 30 de agosto de 1936, mediante un telegrama en el que proponía hacer «una promoción de alféreces de complemento con chicos de relativa cultura», en el que «estos jóvenes podrían habilitarse después de un cursillo de un mes o mes y medio sin derecho ninguno después de la campaña a ser reconocidos como oficiales técnicos».

Tarjeta de identidad de la Hermandad Nacional de Alféreces Provisionales

Tarjeta de identidad de la Hermandad Nacional de Alféreces Provisionales

Franco contestó afirmativamente, y mediante el Decreto 94 de la Junta de Defensa Nacional, del 4 de septiembre de 1936, fueron creados oficialmente los alféreces provisionales.

Jóvenes de entre 20 y 30 años de edad que tuvieran al menos el título de Bachiller podrían realizar un curso de apenas un mes y pasar a ser considerados como tenientes al mando de una sección de 50 hombres. Las normas y requisitos fueron cambiando con el tiempo.

De manera extraordinaria, apenas un mes después del Decreto 94, ya estaba en marcha el primer curso ya mencionado en Burgos, y a los pocos días de graduarse, los primeros alféreces provisionales fueron enviados a los frentes de batalla. El símbolo de los alféreces provisionales fue la famosa estrella dorada de seis puntas dentro de una «galleta» negra.

Fotografía de estudio de un alférez provisional del Ejército Nacional

Fotografía de estudio de un alférez provisional del Ejército Nacional

Así es como nació una oficialidad de complemento nueva, inédita. Los alféreces provisionales se diferenciaron de los alféreces de complemento, pues los segundos eran una especie de reserva de la paz para la guerra, cuando los nuevos oficiales serían de la guerra para la guerra, sin previsible continuación en la paz. Las implicaciones y consecuencias fueron profundas.

Por un lado, supuso en la práctica la militarización de los bachilleres, quienes en el Ejército y en el contexto de guerra prescindieron limpiamente de sus variados orígenes y matices políticos para identificarse con los principios esenciales del ideal de cruzada del alzamiento nacional, dando lugar a la génesis de la llamada generación del 36.

A lo largo de la contienda salieron de esas academias especiales unos 30.000 alféreces provisionales; alrededor de 3.000 fallecieron en combate, popularizándose expresiones como la de «alférez provisional, cadáver efectivo». Su contribución a la guerra fue importante, reflejada en la elevada consecución de condecoraciones militares: 15 de las 71 cruces laureadas de San Fernando y 363 de las 1.234 medallas militares que se concedieron fueron para alféreces provisionales.

Pero su papel no terminó en la guerra. Esos todavía jóvenes, cuyo paso a la adultez fue la experiencia bélica, tuvieron una trayectoria muy destacada dentro del nuevo régimen e incluso en la Transición y más allá. Vale la pena nombrar a personajes célebres como Torcuato Fernández-Miranda, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, Antonio María de Oriol y Urquijo, Antonio Mingote, José María García Escudero… cuyo nexo en común es que todos fueron alféreces provisionales durante la guerra.

Muchos de ellos, además, pertenecieron a la todopoderosa Hermandad de Alféreces Provisionales, que durante medio siglo dio voz a su generación y que incluso a día de hoy un grupo de hijos (estrellas verdes) y nietos trata de revivir.

Concluyendo, para entender la importancia que los alféreces provisionales tuvieron, baste con señalar que, en la inabarcable historia de nuestro país, únicamente han sido dos las ocasiones de tal gravedad que requirieron la formación excepcional de nuevos oficiales para el Ejército español.

La primera fue la guerra de la Independencia (1808-1814) contra el invasor francés, cuando se crearon dos academias militares especiales con un curso reducido de seis meses. En una de ellas, cerca de Cádiz, no exigieron pruebas de nobleza, permitiendo el ingreso de un prometedor Baldomero Espartero, de 18 años.

La segunda fue la ya mencionada guerra del 36, en la que nacieron los alféreces provisionales, ejemplo de cuando la juventud universitaria se militarizó y lo dio todo por vencer en nombre de unos ideales que ellos consideraron sagrados.

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