La defensa del parque de Monteleón durante el Levantamiento del 2 de mayo en Madrid. Óleo de Joaquín Sorolla

El teniente Ruiz, el héroe del 2 de mayo que salió enfermo de la cama para luchar contra los franceses

Nacido en Ceuta y formado en el Regimiento Fijo de la ciudad, Jacinto Ruiz se convirtió en uno de los grandes héroes del Dos de Mayo

Aquel 2 de mayo de 1808 el teniente Ruiz debería haber permanecido postrado en cama. Tenía fiebre y los médicos le aconsejaban reposo. Sin embargo, al escuchar las primeras descargas de fusilería en las calles de la capital comprendió que había llegado la hora de empuñar las armas.

Se vistió apresuradamente y salió de su alojamiento en dirección al Parque de Artillería de Monteleón. Allí, junto a Daoíz y Velarde, iba a escribir una de las páginas más célebres de la Guerra de la Independencia.

De Ceuta a Madrid

Jacinto Ruiz Mendoza había nacido en Ceuta el 16 de agosto de 1779, hijo de Antonio Ruiz, oficial de Infantería, y de Josefa Mendoza. Desde muy joven siguió la tradición militar familiar. Con apenas dieciséis años ingresó como cadete en el Regimiento Fijo de Ceuta, donde comenzó una carrera profesional marcada por la disciplina y el servicio.

Retrato del teniente Jacinto Ruiz

Su carrera avanzó con rapidez. En 1801 fue destinado al Regimiento de Voluntarios del Estado, en Madrid, y en marzo de 1807 ascendió a teniente. Apenas un año después afrontaría la jornada más decisiva de su vida.

España se levanta contra la invasión

La mañana del 2 de mayo de 1808 marcó el comienzo de la Guerra de la Independencia. España estaba ocupada por las tropas de Napoleón y los reyes Carlos IV y Fernando VII habían partido hacia Bayona. Allí, pocos días más tarde, sus abdicaciones entregarían la Corona española a Napoleón.

La chispa que desencadenó el levantamiento popular fue el intento de trasladar a Francia a los últimos miembros de la familia real que permanecían en el Palacio Real, en particular al infante Francisco de Paula. Cuando la noticia corrió por la ciudad, miles de madrileños se concentraron frente al palacio. La protesta se transformó rápidamente en un enfrentamiento abierto con las tropas del mariscal Murat.

La insurrección madrileña no fue organizada por partidos ni dirigentes políticos. Fueron artesanos, comerciantes, jornaleros, mujeres y vecinos corrientes quienes tomaron la iniciativa ante lo que consideraban una humillación nacional.

Mientras los Borbones permanecían en Francia, muchas autoridades vacilaban y buena parte del Ejército seguía sometida a órdenes de pasividad, el pueblo asumió por sí mismo la defensa de la ciudad y del país. Aquel levantamiento desencadenó una guerra que durante seis años desgastó a los ejércitos napoleónicos y culminó en 1814 con la expulsión de las tropas francesas.

Entre quienes decidieron plantar cara a la máquina militar más poderosa de su tiempo no solo había paisanos. También hubo militares que, desobedeciendo las órdenes de pasividad de sus superiores, eligieron combatir junto al pueblo. En el Parque de Artillería de Monteleón, los capitanes Daoíz y Velarde organizaron el principal foco de resistencia de la capital. A su lado estaba el teniente ceutí Jacinto Ruiz, llamado a convertirse en uno de los héroes del Dos de Mayo.

La defensa de Monteleón

Cuando Ruiz llegó al parque encontró a los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde organizando la defensa. Conscientes de su enorme inferioridad numérica, permitieron que numerosos paisanos entraran en el recinto para recibir armas y combatir.

Los franceses, que consideraban Monteleón una posición estratégica por el armamento almacenado en su interior, lanzaron sucesivos asaltos apoyados por fuerzas muy superiores. Ruiz tomó el mando de una de las piezas de artillería y ordenó abrir fuego contra las columnas enemigas, causando numerosas bajas. Cuando los atacantes lograban aproximarse, la batalla continuaba a corta distancia, entre descargas, bayonetas y combates cuerpo a cuerpo.

Representación de la muerte de Velarde frente al arco del parque de artillería de MonteleónManuel Castellano | Museo de Historia de Madrid

Uno tras otro fueron cayendo los principales defensores. Velarde murió alcanzado por un disparo a quemarropa. Daoíz, herido, continuó luchando hasta caer atravesado por las bayonetas francesas. Ruiz siguió combatiendo pese a recibir un balazo en el brazo izquierdo. Le improvisaron un vendaje y regresó inmediatamente a su puesto para continuar dirigiendo el fuego. Poco después una segunda bala le atravesó la espalda y salió por el pecho. Gravemente herido, cayó entre los defensores que cubrían el patio del cuartel.

Cuando la resistencia fue finalmente derrotada y los franceses tomaron el recinto, muchos creyeron que había muerto. Sin embargo, al retirar los cadáveres descubrieron que todavía respiraba. Aquel joven teniente ceutí se había convertido ya en uno de los símbolos del levantamiento madrileño.

El precio del heroísmo

Las graves heridas sufridas en Monteleón marcaron el resto de su vida. Durante semanas permaneció oculto y sometido a cuidados constantes para evitar ser capturado por los franceses.

Ascendido a teniente coronel por su valerosa actuación en Monteleón, a pesar de que los médicos le habían recomendado reposo, abandonó Madrid para reincorporarse a la lucha en Extremadura. El viaje, sin embargo, agravó unas heridas de las que nunca llegaría a recuperarse. No tuvo otra opción que detenerse en Trujillo, donde fue acogido por familiares.

Monumento al teniente Jacinto Ruiz MendozaAyuntamiento de Madrid

El 11 de marzo de 1809 otorgó testamento. Murió dos días después con tan solo veintinueve años de edad. España perdía a uno de los protagonistas de la primera gran jornada de resistencia frente al Imperio napoleónico.

Un héroe para la historia

La actuación del teniente Ruiz en Monteleón le aseguró un lugar permanente en la historia militar española. En 1891, Madrid le dedicó una estatua obra de Mariano Benlliure y, desde 1909, sus restos reposan junto a los de Daoíz y Velarde en el Monumento a los Caídos por España. En Ceuta, la USBAD Teniente Ruiz y otras instituciones militares mantienen viva su memoria.

En su ciudad natal, su nombre sigue evocando al joven oficial que, enfermo y consciente del peligro, abandonó su convalecencia para combatir junto al pueblo de Madrid en una de las jornadas más decisivas de la historia de España.