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Muerte de Daoiz y defensa del Parque de Monteleón. Obra de Manuel Castellano

Muerte de Daoiz y defensa del Parque de Monteleón. Obra de Manuel Castellano

El 2 de mayo contado por un testigo: así vivió Madrid la masacre de las tropas de Napoleón

El testimonio del actor Rafael Pérez reconstruye el caos, la resistencia popular y la represión francesa que marcaron el 2 de mayo de 1808 en Madrid

Cada 2 de mayo, Madrid conmemora el coraje de sus vecinos en uno de los «días más trágicos de su historia», una masacre en la que perecieron a manos del Ejército de Napoleón más de 400 madrileños, según recoge la Biblioteca Nacional de España.

Aquella jornada quedó también reflejada en los testimonios de quienes la vivieron. Entre ellos, la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid conserva el relato de Rafael Pérez, actor madrileño que dejó por escrito cuanto vio y oyó, ofreciendo una mirada directa al caos de aquellos días.

Una mañana que parecía ordinaria

«Amaneció el lunes 2 de mayo, día aciago para Madrid», comienza Pérez. Las primeras horas transcurren con aparente normalidad institucional: «Salieron, en efecto, los guardias de Corps bien temprano y a las diez tomó el coche en palacio la infanta doña María Luisa, exreina de Etruria, con sus dos hijos y el infante don Francisco, su hermano, y se marcharon».

En los días previos al levantamiento, la capital vivía sumida en una creciente tensión. Las tropas francesas, bajo la sombra de Napoleón, y los acontecimientos desencadenados tras el motín de Aranjuez habían creado un clima de incertidumbre que atravesaba todos los estamentos de la sociedad.

Aquel viaje del que —como señala el propio Pérez— «ninguna noticia tenía las gentes» hizo saltar las alarmas. La inquietud escaló cuando el infante don Antonio «bajó a despedirse en la escalera a los demás infantes». Fue entonces cuando «los que se hallaban a sazón por casualidad junto a Palacio» empezaron a gritar: «¡Que nos lo llevan!». La chispa del levantamiento acababa de encenderse.

El estallido y la confusión

Según Pérez, la noticia de que «los franceses se llevaban al infante» se extiende «con rapidez por todo Madrid» y «de todas partes corrían las gentes», desencadenando los primeros enfrentamientos con las tropas francesas.

«Mataban a muchos y en Palacio fue donde empezó el fuego, porque allí apareció la primera tropa francesa formada», detalla el actor. A partir de entonces, la ciudad dejó de responder a cualquier forma de control: no hubo una batalla organizada, sino una sucesión de choques dispersos, protagonizados por una población que actuaba movida por la indignación y la urgencia del momento para impedir la salida del infante.

A mediodía, anota, ya habían entrado en Madrid miles de soldados franceses: «A la una había ya 16.000 hombres que se distribuyeron por todo Madrid, ocupando la fuerza principal los puntos más importantes»; sin embargo, cada vez más madrileños se unían a la lucha y la insurrección empezó a extenderse por la Plazuela de la Villa, la Cava de San Miguel y la Puerta del Sol.

«Por todas partes se mataba, pero en río, en la cercanía de Palacio y en las Maravillas era grande el estrago», advierte el actor. A pesar de ello, la respuesta popular fue valiente: «El paisanaje hizo dejar las armas a varios trozos de tropa, y en parque de artillería hicieron nuestros artilleros dos descargas a los franceses que iban a apoderarse de la artillería e hicieron una matanza horrible».

La defensa del parque de Monteleón durante el Levantamiento del 2 de mayo en Madrid. Óleo de Joaquín Sorolla

La defensa del parque de Monteleón durante el Levantamiento del 2 de mayo en Madrid. Óleo de Joaquín Sorolla

Los insurrectos lucharon contra los franceses en las calles con aquello que encontraban a mano. Una facción, liderada por Luis Daoíz y Pedro Velarde, se unió al ataque. Los franceses, con una crueldad indiscriminada, cargaron contra hombres, mujeres, ancianos y niños.

Pérez también dejó constancia de la resistencia de los madrileños: «Hubiera sido un día mucho más desastrado que lo fue, pero los franceses hicieron mucho menos destrozo del que pudieron hacer porque estuvieron bastante contenidos». Pero «el paisanaje, desarmado, desorganizado y sin cabeza ni dirección, que no tenía más que un ardor desesperado, qué podía hacer contra un ejército armado y dirigido», comenta.

No obstante, mientras en Madrid reinaba el desconcierto, la noticia de lo ocurrido llegó hasta Móstoles, donde sus alcaldes firmaban una proclama destinada a convertirse en símbolo: «La Patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles, acudid a salvarla», reza el bando firmado por Andrés Torrejón y Simón Hernández.

La represión

El diario de Pérez no se detiene en el enfrentamiento. También recoge sus consecuencias inmediatas, haciendo hincapié en la dureza de la represión francesa en las horas y días posteriores: «En la misma tarde del lunes y el martes siguiente arcabucearon los franceses en Prado y en otras partes, de una manera que causa horror a la humanidad, pues sin más que encontrar a uno cualquiera con un cortaplumas, aunque fuese un inocente, era conducido y arcabuceado sin ser oído ni preguntado. Y así pasaron, según noticias, de doscientos hombres».

Aquel 2 de mayo quedó grabado como una de las jornadas fundacionales de la resistencia española frente a la ocupación napoleónica. El testimonio de Rafael Pérez conserva la memoria de un Madrid desbordado por la violencia, pero también decidido a defenderse, aun sin organización ni mando, ante el avance de las tropas francesas.

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