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Antonio Manuel Moral Roncal en la redacción de El Debate

Antonio Manuel Moral Roncal en la redacción de El DebateVictoria Weil

Entrevista al historiador Antonio Moral

María Luisa de Borbón, la infanta española que plantó cara a Napoleón: «No fue un peón»

Para el catedrático, María Luisa tuvo una «enorme capacidad de resistencia en un mundo en el que tuvo todas las inconveniencias o todos los desafíos que puede tener una mujer en un mundo de hombres»

Hay personajes que han sido injustamente olvidados a pesar de su participación en episodios clave de la historia. Este es el caso de María Luisa de Borbón, de quien el catedrático de Historia Contemporánea y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia Antonio Manuel Moral Roncal acaba de publicar una nueva biografía, Una infanta frente a Napoleón (Ediciones Encuentro).

A través de sus 306 páginas, Moral Roncal rescata la figura de una mujer que, sin haber sido educada para gobernar, asume la regencia de su hijo, defiende los derechos de la Corona española en Italia y se convierte en la única miembro de la familia real en atreverse a desafiar directamente a Napoleón, pagando por ello el exilio y la prisión. Por ello, el historiador considera que la historiografía tendría que «revisar los tópicos que hay sobre las infantas españolas».

–¿Qué le llevó a fijarse en María Luisa de Borbón como objeto de estudio y biografía?

–Cuando leí sobre esta infanta, me di cuenta de que la historiografía francesa siempre la repudiaba, la criticaba muchísimo por considerar que no había llevado a cabo los ideales revolucionarios en su reino, siguiendo las órdenes de Napoleón. Y, por otra parte, la historiografía española la despreciaba a veces con un contenido machista, fijándose y criticando su físico, sus relaciones familiares y no dando cuenta de que era necesaria la búsqueda de nuevas fuentes y de una nueva visión alejada de esa influencia francesa para analizar bien quién fue y cómo actuó en Italia esta infanta española.

–Usted la presenta como una figura injustamente olvidada. ¿Por qué cree que la historiografía española ha dejado en segundo plano a una mujer con un papel tan activo frente a Napoleón?

–Porque durante la Guerra de la Independencia a María Luisa se la acusó de colaborar con el invasor francés. Eso, lógicamente, es una mancha que, durante todo el siglo XIX y parte del XX, la historiografía española que estudia la Guerra de la Independencia mantiene sin ni siquiera plantearse o buscar hasta qué punto eso era parte de una verdad o de un bulo.

–¿Qué tenía María Luisa que no tuvieron otros miembros de su familia para atreverse a desafiar a Napoleón?

–Ante todo, yo creo que es una mujer que está acostumbrada a intentar sobrevivir en un mundo de hombres, que es el mundo de la política española, italiana y francesa de principios del siglo XIX. Ella desde muy joven se queda viuda, tiene que ejercer la regencia de su joven hijo y se da cuenta de que tiene que, de alguna manera, sobrevivir en esa política de hombres. Y entonces eso la dota, yo creo, de unas cualidades que yo intento en mi libro explicar para lograr sus objetivos de mantener la dinastía en Toscana y siempre estar, al mismo tiempo, fiel a los intereses de España en Italia.

–En el libro aparece como una gobernante sin formación específica para reinar. ¿Qué tipo de inteligencia política desarrolló en la práctica?

–Pues al principio fue muy difícil para ella porque no estaba preparada para ejercer el cargo de reina regente. Ella había sido educada para ser una reina consorte con una obligación fundamental, pero de pronto se queda viuda muy joven, tiene que asumir ese cargo de reina regente y es a través de una muy interesante relación epistolar, con cartas, con su madre, la reina de España, y con Manuel Godoy, el todopoderoso valido de sus padres, como, a través de esa correspondencia, va a aprender. Le van a aconsejar cómo actuar con los políticos, cómo tomar decisiones, cómo evitar la excesiva influencia de los agentes extranjeros y, de esa manera, va aprendiendo poco a poco. Es una manera de realizar política que no es nueva, que ya las propias mujeres de la dinastía de los Borbones en el siglo XVIII habían realizado: una política de cartas.

Antonio Manuel Moral Roncal durante la entrevista en El Debate

Antonio Manuel Moral Roncal durante la entrevista en El DebateVictoria Weil

–¿Qué nos revelan sus cartas sobre su carácter?

Pues ella siempre se intenta mostrar como una hija fiel a su madre, a la reina de España, como una mujer que no se va a desviar de los consejos que le dan Manuel Godoy y María Luisa, porque, al ser viuda y joven, pudiera tener amantes. Entonces ella jamás va a tenerlos, va a tener muchísimo cuidado en este aspecto. Ella va a desear un segundo matrimonio, pero siempre por vías, digamos, legales, normales; no va a tener amantes, no va a manchar, por eso, la imagen de la dinastía de los Borbones en Toscana. Va a ser muy prudente en materia religiosa, siempre intentando, de una manera, como había hecho también su marido, acercarse a ellos como reina.

–¿Hasta qué punto la correspondencia con su familia, especialmente con Fernando VII, redefine su imagen histórica?

–La correspondencia que realiza con su hermano es a partir, sobre todo, de 1814, cuando el huracán napoleónico ha cesado, una época apasionante de reordenamiento de Europa. Las grandes potencias, Rusia, Austria, Prusia, se reúnen en el Congreso de Viena, donde se intenta remodelar Europa, y ahí es cuando María Luisa activa una correspondencia con su hermano, Fernando VII, que durará hasta la muerte de María Luisa y que es constante. En esa correspondencia ella intenta convencer a su hermano de que todo lo malo que se ha dicho sobre ella en la Guerra de la Independencia no es verdad, le recuerda muchas cosas, intenta que la ayude; al final Fernando VII va a aceptar e intenta, en ese universo político masculino, conseguir los resortes suficientes para lograr o intentar lograr la recuperación de su reino, lo cual al final no puede ser, pero será compensada con un pequeño Estado italiano que se llama Lucca.

–Usted la presenta como un símbolo de una «España con vocación europea». ¿Qué significa exactamente esa idea en su contexto?

–Es que después de la Guerra de Sucesión parece que, con el reparto del imperio español en Europa entre varias potencias, se acaba la vocación europea de España, que se centra en el siglo XVIII en desarrollar su presencia en el continente americano. Pero no es verdad; es decir, los Borbones españoles también estuvieron muy interesados en lograr ciertas posiciones de poder en Parma, en Nápoles, en Sicilia, y ahí hay un juego de poder entre la España de los Borbones y el Austria de los Habsburgo, y un tercer actor: la Francia revolucionaria, la Francia napoleónica. Y es la ocasión que intenta aprovechar España para, con ayuda de la Francia revolucionaria, colocar precisamente a María Luisa y a su esposo Luis como reyes de Toscana, reyes de Etruria, como dijo Napoleón, en una lucha incesante con Austria, que se desarrolla prácticamente durante toda la vida de María Luisa.

–¿Cómo defendió los intereses españoles en Italia sin tener un poder realmente consolidado?

–Intentando que siempre la presencia de España fuera bien considerada, que hubiera una buena imagen tanto en Toscana como en Lucca. La influencia del embajador español, por ejemplo, tanto en Lucca como en Toscana, fue muy importante a la hora de aconsejar medidas positivas, prudentes, a la hora de gobernar para María Luisa y su esposo Luis I. Intentó, sobre todo, que no fuera expulsada esa herencia de los Borbones en Parma, en Toscana, frente al poder que los austríacos, sobre todo, intentaban aumentar en Italia, a costa de expulsar a los Borbones de la península.

Portada del libro 'Una infanta frente a Napoleón'

Portada del libro 'Una infanta frente a Napoleón'

–Su faceta como mecenas y promotora de la cultura es muy destacada también en el libro. ¿Por qué era tan importante para ella la cultura?

–Hay que tener en cuenta que fue educada en un ambiente, la familia real española, donde se valoraba muchísimo la música. Todos los miembros de la familia real llegaban a tocar uno o dos instrumentos. Al mismo tiempo, la época de Carlos IV y María Luisa de Borbón, los reyes de España, es un reinado donde se impulsa muchísimo el arte, las artes decorativas, la pintura, la escultura... Era un ambiente de la corte española que valoraba muchísimo el desarrollo de las artes y la cultura como muestra del mecenazgo de la monarquía y, al mismo tiempo, del esplendor de la Corona. Es exactamente lo mismo.

Promover la cultura, las ciencias, porque es una imagen a la cual la monarquía quiere atarse: como una monarquía modernizadora, como una monarquía ilustrada. ¿Y cómo proyectó precisamente María Luisa la cultura española en las cortes europeas? Pues intentando, por ejemplo, relanzar a pintores españoles, escultores, que estaban estudiando en Italia.

El caso más claro, que yo señalo en el libro, es el de María Luisa de Paricio e Inglada, que es un pintor español que ella va a promocionar muchísimo, sobre todo ante su hermano Fernando VII, y lo logrará, llegando incluso a convencerle para que le nombre pintor de cámara de la corte española. Y, al mismo tiempo, siempre intenta imbricarse también con los pintores, escultores, artistas y músicos italianos, para, lógicamente, hacerse más querida en ese ambiente toscano.

–¿Qué mitos o tópicos ha intentado desmontar a través de esta obra?

–Bueno, pues, sobre todo, la idea de que María Luisa y Luis son simples peones de Napoleón en Italia. No es así, como revelo en el libro, pues, por ejemplo, ellos siempre intentaron que el ejército francés de ocupación en Toscana saliera de Toscana y que Toscana fuera defendida por los propios toscanos. Ellos intentan acabar con una política religiosa revolucionaria que era rechazada por los propios toscanos. Y María Luisa y Luis se dan cuenta de que se imbricaban mucho más como gobernantes si entroncaban con ese espíritu católico que tenían los toscanos.

Entonces, de una manera u otra, lo que intenta María Luisa a través de muchas de estas actividades es, precisamente, lograr acabar con una imagen negativa de los Borbones en Italia, que es la que la propaganda austríaca quiere lanzar, por ejemplo. O, por ejemplo, intentar valorar, sobre todo, sus intentos de promoción de la cultura, de la música, de las ciencias, de las ciencias naturales, por ejemplo. Y luego ver que muchas de sus medidas no impidieron, por ejemplo, el desarrollo de la cultura y de la ciencia en Toscana.

–Si tuviera que resumir su figura en tres rasgos, ¿cuáles serían?

Pues, en primer lugar, yo diría una enorme capacidad de resistencia en un mundo en el que tuvo todas las inconveniencias o todos los desafíos que puede tener una mujer, como es quedarse viuda, como es depender de otros hombres para todo tipo de cuestiones familiares y políticas, como es tener que hacer frente a la invasión de su reino, como es tener que hacer frente a intentar recuperar su reino mucho más tarde. Luego habría también que tener en cuenta que, durante sus intentos de recuperar el reino, tuvo que pasar muchos años de continua correspondencia con Fernando VII, con otros monarcas europeos, con los diplomáticos europeos para lograr, después de muchos años, el pequeño Estado de Lucca. Y luego también había que hablar de cierta capacidad de valentía, que se demuestra sobre todo porque fue el único miembro de la familia real que se atrevió a elaborar, no uno, sino dos planes de huida de la Francia napoleónica, lo cual le costó, desgraciadamente, la condena a muerte de alguno de sus servidores y el encarcelamiento en un convento romano durante dos años.

–¿Por qué cree que hoy, en pleno siglo XXI, necesitamos recuperar figuras como la de María Luisa de Borbón?

–Porque hay muchísimos miembros de la familia real española que, por ser mujeres, siempre han sido juzgadas por su aspecto físico, lo cual es realmente lamentable, en vez de ver que, precisamente, María Luisa de Borbón en Italia y su hermana, la reina de Portugal, Carlota Joaquina, fueron los dos miembros de la familia real que, en esos momentos de crisis de la dinastía ocasionados por la invasión napoleónica, intentaron articular fórmulas, buscar soluciones, buscar argumentos para intentar sobrevivir en ese mundo tan cambiante y que amenazaba a la dinastía de los Borbones en España. Un ejemplo, precisamente, de la necesidad de que la historiografía se replantee revisar los tópicos que hay sobre las infantas españolas.

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