Incendio en el Ayuntamiento de París, 24 de mayo durante la Comuna de de París de 1871

Incendio en el Ayuntamiento de París, 24 de mayo durante la Comuna de de París de 1871

Francia ante el espejo de su historia: de la Comuna que incendió París en 1871 a las revueltas actuales

La Comuna, en mayor medida que lo que acaece en la actualidad, se lanzó a la destrucción del patrimonio histórico-artístico de Francia y al saqueo de la propiedad privada

La historia se repite. Francia, París, fue a lo largo de todo el siglo XIX el escenario político y cultural más importante de Europa. Desde la Revolución Francesa –con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero también con el Terror– hasta el periodo de entreguerras, Francia fue el corazón político de Europa.

París ha sido y es una de las urbes más cosmopolitas de Europa y una de las ciudades más violentas del Viejo Continente. Algo parecido le ocurre a nuestra Barcelona, «la rosa de fuego», la, hasta hace poco, ciudad más europea de España y, con mucho, la más violenta (Semana Trágica, huelga de 1917, sucesos de mayo de 1937… intento de golpe de 2017).

En las calles de París se produjeron, con posterioridad a la Revolución Francesa, los sucesos de 1830, que terminaron con la monarquía de los Borbones, la revolución de 1848 y la de la Comuna de París de 1871. De estos estallidos revolucionarios y violentos (1848) nació el II Imperio francés bajo la bota de Luis Napoleón Bonaparte y, de su derrota en la guerra franco-prusiana y del estallido revolucionario de la Comuna (1870-1871), un gobierno conservador, presidido por Adolphe Thiers, que, instalado en Versalles, elegido por la Francia rural, burguesa y militarista, tras pactar el armisticio y la paz con el Imperio alemán, desató toda la violencia del Estado sobre los revolucionarios de la Comuna.

Incendio en el Palacio de Justicia

Incendio en el Palacio de Justicia

La Comuna, en mayor medida que lo que acaece en la actualidad, se lanzó a la destrucción del patrimonio histórico-artístico de Francia y al saqueo de la propiedad privada.

El Ayuntamiento de París (ahora el de Limoges) fue incendiado el 24 de mayo de 1871 por los comuneros para frenar el avance de las tropas del Gobierno. Prendieron fuego al Palacio de las Tullerías, la residencia de la mayoría de los monarcas de Francia desde Enrique IV hasta Napoleón III. El líder revolucionario Jules Bergeret dio orden de quemar el palacio.

Las paredes, suelos, cortinas y molduras fueron rociados con petróleo y aguarrás, y se colocaron barriles de pólvora al pie de la gran escalinata y en el patio. Después iniciaron los incendios. El fuego permaneció activo durante 48 horas y arrasó el palacio, excepto el ala situada más al sur, el Pavillon de Flore. Bergeret afirmó: «Los últimos vestigios de la realeza acaban de desaparecer. Deseo que lo mismo ocurra a todos los monumentos de París».

La biblioteca Richelieu del Louvre, conectada a las Tullerías, fue igualmente incendiada y completamente destruida. El resto del Louvre se salvó por los esfuerzos de los empleados del museo y las brigadas de bomberos.

La Rue de Rivoli después de la Semana Sangrienta

La Rue de Rivoli después de la Semana Sangrienta

Durante la Semana Sangrienta que azotó París durante la Comuna, los seguidores de Paul Brunel, uno de los primeros líderes de la Comuna, prendieron fuego a los edificios cerca de la Rue Royale y la Rue du Faubourg Saint-Honoré.

Siguiendo el ejemplo de Brunel, otros comuneros incendiaron docenas de inmuebles en la calle Saint-Florentin, Rue de Rivoli, calle de Bac, calle de Lille y otras calles. Son los pétroleurs, llamados así por llevar consigo cubos de petróleo.

Además de edificios públicos, la Guardia Nacional también quemó las casas de algunas personas asociadas con el régimen de Napoleón III, como la vivienda del dramaturgo Prosper Mérimée, autor de la novela Carmen, y cuyos libros, objetos de recuerdo, correspondencia y manuscritos quedaron reducidos a cenizas.

El Palacio de Justicia fue destruido por orden del comunero Théophile Ferré. La Sainte-Chapelle, que había sido embadurnada con petróleo, escapó del incendio de milagro. Ardió el palacio de Orsay (donde tuvieron su sede el Consejo de Estado de Francia y el Tribunal de Cuentas, y cuyo emplazamiento actual ocupa el Museo de Orsay), al igual que el palacio de la Legión de Honor, el Palacio Real (el ala derecha y una parte del edificio central), la Caisse des dépôts et consignations y la estación de París-Lyon. El Ministerio de Finanzas también fue incendiado.

Episodio de la Comuna, Plaza de la Concordia , cuadro de Gustave Boulanger (1871)

Episodio de la Comuna, Plaza de la Concordia , cuadro de Gustave Boulanger (1871)

Como consecuencia de todos estos sucesos, el gobierno de Thiers ordenó al Ejército restaurar el orden. El mariscal MacMahon lanzó una proclama: «A los habitantes de París. El ejército francés ha venido a salvaros. ¡París está liberada! A las cuatro en punto nuestros soldados tomaron la última posición insurgente. Hoy se ha acabado la lucha. El orden, el trabajo y la seguridad volverán a nacer». Sus soldados, muchos de ellos procedentes de la Francia rural, recuperaron el orden en la capital con la punta de sus bayonetas.

Más de 20.000 parisinos, comuneros, fueron fusilados de diez en diez en lo que ahora se llama «el Muro de los Comuneros», en el cementerio de Père-Lachaise, mientras que otros miles de personas fueron llevadas a Versalles u otras localidades en las afueras de París para ser juzgadas.

El patio interior del Palacio del Louvre en 1871

El patio interior del Palacio del Louvre en 1871

Los pocos revolucionarios que escaparon lo hicieron a través de las líneas prusianas en el norte de la capital. Durante días, columnas de hombres, mujeres y niños hicieron, escoltados por militares, el camino hacia barrios o campos baldíos convertidos en prisiones temporales o, mejor, campos de concentración. El Gobierno arrestó a aproximadamente 40.000 personas y las persecuciones de los comuneros se prolongaron hasta 1874.

Los más destacados revolucionarios e incendiarios, los que no habían sido ejecutados sumariamente, fueron juzgados y condenados a muerte; otros fueron condenados a trabajos forzados o encarcelados en fortalezas penitenciarias en territorio francés; otros fueron deportados, temporalmente o de por vida, a los penales situados en islas francesas del Pacífico.

El orden fue restablecido por el Ejército mediante el uso de la fuerza. En la Francia del XIX, la violencia revolucionaria era vencida por el uso de la superior violencia que podía desencadenar legítimamente el Estado. El Estado de derecho debe prevalecer sobre la revuelta o la revolución.

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