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27 de febrero de 2024

Redacción El Debate
Rosario García BellidoUniversidad CEU Cardenal Herrera

Niños soldados: las víctimas invisibles de las guerras olvidadas

Hoy 12 de febrero es el día mundial contra el uso de los «niños soldado», víctimas invisibles en zonas de conflicto armado

Actualizada 04:30

Niño soldado reclutado por los hutíes en el Yemen

Niño soldado reclutado por los hutíes en el YemenAFP

Vivimos en un mundo donde los conflictos armados persisten y los niños son víctimas de esta situación, que se nutre de violencia y deshumanización.
Según UNICEF, en el mundo hay cerca de 300.000 «niños soldado», una cifra que ha crecido notablemente ya que en 2012 no pasaban de los 3.000, según datos de la ONU Child Soldiers International.
La dureza de las zonas de conflicto armado deja huellas que no se pueden borrar, y los más perjudicados son los niños que son secuestrados y reclutados como soldados.
En lugar de disfrutar de una infancia en la que lo natural es recibir el amor de la familia, asistir cada día al colegio o relacionarse con amigos en ambientes de juego y diversión de una manera sana, se ven atrapados en un ambiente de violencia, drogas y abusos que dejan secuelas a veces irreparables en su desarrollo.
Y si hablamos de las «niñas soldado», la situación aún es más delicada, ya que muchas de ellas se convierten en esclavas sexuales, con los peligros consecuentes de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados, convirtiéndose en madres siendo todavía niñas.
Esto no solo les afecta físicamente, sino que también deja huella en su salud mental y emocional para el resto de su vida.
Sin embargo, no todos los niños son reclutados de manera forzosa, ya que para algunos de ellos formar parte de un grupo armado supone una salida a unas condiciones de pobreza extrema, decisión tomada desde el desconocimiento, muchas veces, de la que será su nueva vida.
Incluso en el caso de las niñas, por ejemplo, en Colombia, algunas de ellas se convierten en las esposas de comandantes de las FARC para así evitar ser violadas por otros hombres.
Si bien es cierto que existen programas para rescatar a estos niños, como los de UNICEF, Save the Children, Amnistía Internacional, y los de la Iglesia católica a través de la Ayuda a la Iglesia Necesitada, la reinserción no es sencilla.
Estos menores han pasado por situaciones muy crueles que condicionan su vida, enfrentándose al repudio y discriminación social, lo que dificulta el proceso de reconstrucción personal.
En el caso de las niñas que son madres de forma involuntaria, la humillación y el rechazo que reciben, incluso por sus familias, complica más su inserción, algo que dificulta esta vuelta a la «normalidad», de la que nunca tendrían que haber salido.
A todo esto, se suman las carencias educativas y afectivas, tan importantes en la etapa infantil, que repercuten en problemas de desarrollo que pueden influir de manera significativa en su día a día, incluso en la etapa adulta.
Es cierto que todo esto se trabaja en los programas de reinserción, ya que estos niños reciben educación y una intervención psicológica para poder superar las situaciones traumáticas que han vivido y poder rehacer sus vidas.
Pero también es preciso que desde la comunidad se brinde un apoyo que promueva la aceptación e inclusión de estos niños sin ningún tipo de vínculo a su pasado que provoque una estigmatización o rechazo social.
No obstante, cabe destacar que no todos los niños que han formado parte de grupos armados llegan a esta situación, pues muchos de ellos mueren, la mayoría de ellos en la desactivación de minas antipersonas o por heridas de guerra.
De los que sobreviven, también existe un número de niños que lograr salir de estos grupos por su cuenta, por lo que no llegan a incorporarse a estos programas de reinserción, lo cual puede desencadenar en mayores secuelas en la etapa adulta y mayores problemas de reinserción social.
No debemos dejar en el olvido a estos niños. Se necesita de una cooperación internacional y de una concienciación global para poder plantear propuestas que ayuden a lograr un futuro mejor para los niños que mañana serán los responsables de mantener la paz y evitar el conflicto. Y, como todos sabemos, todo empieza por la educación.
  • Rosario García Bellido es vicedecana Ciencias de la Educación. Universidad CEU Cardenal Herrera
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