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La candidata presidencial del correísmo, Luisa González, habla durante un acto de campaña para las elecciones generales de Ecuador

La candidata presidencial del correísmo, Luisa González, durante un acto de campaña para las elecciones de EcuadorEFE

Inseguridad, desempleo y corrupción preocupan a los ecuatorianos ante las urnas en 2025

Desde la declaración de «conflicto armado interno», el Gobierno de Daniel Noboa ha militarizado la lucha contra 22 bandas criminales, incluidas Los Choneros y Los Lobos, consideradas organizaciones terroristas

El próximo 9 de febrero más de 13 millones de ecuatorianos acudirán a las urnas en un clima de incertidumbre social marcado por la inseguridad, problemas económicos persistentes y una creciente desconfianza en las instituciones políticas.

Estos temas dominan el debate público y se han convertido en ejes centrales de las propuestas de los candidatos que encabezan los 16 binomios presidenciales que se enfrentarán en la primera vuelta electoral.

La inseguridad, con un 35,6%, la falta de empleo (21,4%), la situación económica del país (14,5%) y la corrupción política (10,1%) encabezan las inquietudes de los ecuatorianos, de acuerdo a una reciente encuesta elaborada por la firma Comunicaliza.

El estudio refleja que, un año después de la declaración presidencial del «estado de conflicto armado interno», la inseguridad, producto de la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico, sigue siendo la principal inquietud.

Es posible que esto sea uno de los factores que provocan la alta tasa de ansiedad y depresión en el país, que afecta al 30 % de la población, según medios locales.

Inseguridad, delincuencia y crimen organizado

La ciudadanía ecuatoriana, especialmente en las provincias costeras y fronterizas con Colombia y Perú, acusa una falta de seguridad pública sin precedentes, pese a sucesivos estados de excepción decretados para hacer frente a la violencia criminal. Con un aumento alarmante de los homicidios, esta violencia se ha convertido en una lacra multidimensional asentada que mantiene al país, políticos incluidos, en jaque en los últimos años.

Desde la declaración de «conflicto armado interno», el Gobierno de Daniel Noboa ha militarizado la lucha contra 22 bandas criminales, incluidas Los Choneros y Los Lobos, consideradas organizaciones terroristas. Aunque estas medidas lograron reducir los homicidios en un 16 %, Ecuador sigue siendo uno de los países más peligrosos de la región, y 2024 fue el segundo año más violento de su historia, con una persona asesinada cada hora y 15 minutos.

«El principal reto para cualquier mandatario que resulte electo será enfrentar la inseguridad, acuciante en la región costa», explicó a El Debate, Santiago Basabe, profesor titular de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad San Francisco de Quito.

Este analista subraya la conexión entre la inseguridad y el combate al crimen organizado y el narcotráfico, que no quieren perder terreno en el lucrativo negocio de la droga, que ha posicionado al país andino entre los principales emisores a Estados Unidos y Europa. Hacia España fue el tercero en 2024.

Coincide con él, Betty Silva, docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Guayaquil, quien considera la inseguridad ciudadana la principal preocupación, especialmente porque no se ha resuelto y, de hecho, parece agravarse cada día más.

«Es común escuchar a familiares o conocidos que han sido víctimas de robos, secuestros o extorsiones. No existe un planteamiento claro por parte de los candidatos y del Gobierno actual», esgrime la experta al cuestionar que ese «Plan Fénix» anunciado por Noboa para combatir la violencia criminal ha quedado en papel mojado.

«Hemos visto que no hay medidas novedosas, solo estrategias como estados de excepción y la militarización de las calles, que no han arrojado resultados», sostuvo.

La ciudad de Guayaquil, la más poblada del país con 2,7 millones de habitantes, ha registrado índices récord de inseguridad. Sin embargo, añade la analista, «medidas como los estados de excepción han desplazado la violencia hacia otras provincias y cantones que no cuentan con presencia militar, generando una especie de movilidad del problema».

En este contexto de creciente militarización, la recientemente localización de los cuerpos de cuatro menores de edad, dos de ellos hermanos, tras haber sido presuntamente torturados y calcinados en el sur de Guayaquil ha conmocionado al país.

Los adolescentes habían sido detenidos por 16 militares, en prisión preventiva e investigados por la justicia por desaparición forzada, apuntando a una posible responsabilidad estatal. El suceso pone de manifiesto las tensiones generadas por el rol ampliado de las fuerzas armadas en su combate al crimen organizado.

Desempleo y economía

La inseguridad ha golpeado fuertemente a la economía, especialmente en la región costera. En ciudades como Guayaquil, Durán se ha producido el cierre masivo de pequeños comercios debido a las extorsiones conocidas como «vacunas». Pero en otras provincias del litoral y fronterizas como Esmeraldas, Manabí, El Oro y Los Ríos, los índices de sicariatos y enfrentamientos entre bandas son alarmantes.

«Ante la imposibilidad de pagar extorsiones, los propietarios prefieren cerrar sus negocios. Esto ha reducido la actividad y es uno de los factores que explican la contracción económica en 2024», advierte Silva.

Ecuador entró en recesión el año pasado y según el FMI el PIB cayó el 0,4 %, pese a que inicialmente se había proyectado un crecimiento del 1 %.

Otro factor clave ha sido la crisis energética sin precedentes iniciada en septiembre y que perjudicó gravemente la producción, especialmente los sectores manufacturero y comercial.

Provocada por una sequía histórica que afectó la generación hidroeléctrica, dejó al país enfrentando apagones de hasta 14 horas diarias. El colapso energético tocó de lleno a la economía, con pérdidas estimadas en 4.000 millones de dólares en el sector productivo.

Aunque el Gobierno implementó medidas como la importación de electricidad desde Colombia y generadores térmicos, estas fueron insuficientes para estabilizar el sistema. Y pese a que la temporada de lluvias alivió parcialmente la crisis, la transición hacia energías renovables y la modernización de la infraestructura sigue siendo un reto urgente.

Los cortes de suministro no solo redujeron la productividad, sino también la generación de empleo, con una posible disminución del 5 % en los puestos de trabajo. Aunque la tasa de empleo adecuado aumentó al 36,1 % en 2024, el desempleo y la precariedad laboral siguen siendo preocupaciones clave.

«El problema real está en el empleo informal, que afecta a más de 5 millones de personas, lo que refleja la precariedad del mercado laboral», refiere Silva.

Tanto la situación económica como la inseguridad han llevado a más de 94.000 ecuatorianos a emigrar en 2024, según datos oficiales del Ministerio del Interior, el segundo año con peor saldo migratorio desde que se tienen registros. Lo que se desconoce son aquellos que han emprendido un viaje de no retorno atravesando fronteras de manera no legal.

Corrupción y desafección

«Aunque se percibe como secundaria frente a problemas económicos o de seguridad, la corrupción preocupa», subraya Basabe al referirse a los casos que han marcado el devenir político ecuatoriano de diferente signo ideológico.

Una muestra de esta desafección es que el 11,4 % de los encuestados se mantiene indeciso, y el 7,8 % prevé votar en blanco o nulo. El descrédito hacia los candidatos presidenciales es evidente, especialmente en un país donde el voto es obligatorio.

Una quiteña expresó su desencanto con la política, afirmando: «Estoy poco involucrada en política, pero pienso reelegir al presidente. Prefiero continuidad a que llegue otro 'politicucho' a cambiarlo todo».

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