Fundado en 1910

Uno de los incendios declarados en NavarraEuropa Press

Cumbre verde en llamas: la UE debate el futuro climático mientras España arde

Está prevista una reunión de ministros de medio ambiente de la UE para definir el objetivo climático para 2040 y la contribución a nivel nacional de los países miembros para 2035

El calendario institucional de Bruselas anuncia un comienzo de septiembre especialmente controvertido para la reunión de ministros de medio ambiente de la UE, prevista para el día 18, día en que se debatirán decisiones clave sobre el objetivo climático de 2040 y la contribución determinada a nivel nacional de los países miembros para 2035.

La cumbre ha sido convocada por la presidencia danesa del Consejo y contará con la presencia de ministros como Steffi Lemke (Alemania), Agnes Pannier‑Runacher (Francia), Sophie Hermans (Países Bajos), y el anfitrión Paulina Hennig‑Kloska (Polonia). Desde Varsovia, Krzysztof Bolesta, su viceministro, ya alertó en julio de que una reunión centrada en obtener «objetivos exageradamente ambiciosos» sin recursos ni cifras concretas contribuyen a la amenaza de la competitividad económica y la cohesión social de toda la UE.

Esta reunión vuelve a ofrecer una muestra de la tensión que se vive en el seno de la UE entre ambición y realismo político. Por una parte, países como Polonia y otros miembros del Este de la UE insisten en una transición «basada en condiciones reales», se resisten a un objetivo climático que se determine con objetivos estrictos y exigentes y demandan apoyo técnico y económico claro. Por otro lado, España, Francia o Países Bajos presionan en la UE por lograr una agenda robusta, alineada con el trayecto hacia la neutralidad climática de 2050.

Los Estados más comprometidos con la llamada «agenda verde» demandarán acciones concretas y alineadas con la urgencia climática. Desde Berlín y París, se espera cierto pragmatismo: Alemania viene anunciando una cierta adaptación de los compromisos, buscando precedentes como e‑combustibles, mientras que Francia apoya el fortalecimiento del CBAM (mecanismo de ajuste de carbono en frontera, que grava las importaciones de productos que no cumplen los estándares climáticos europeos, especialmente en ciertas materias de proveniencia extra-comunitaria como el acero, el aluminio, el cemento, los fertilizantes, el hidrógeno y la electricidad).

Mientras se perfila esta cumbre, España sufre uno de sus veranos más trágicos. Actualmente hay 14 incendios activos, algunos avanzando a velocidades de hasta 4. 000 hectáreas por hora, dejando al menos siete muertos y más de 157.000 hectáreas arrasadas. Decenas de evacuaciones, carreteras cortadas y emergencias en regiones como Galicia, Extremadura y Castilla y León marcan la realidad.

El Gobierno de España, ha aconsejado serenidad ante los incendios. Tras activar a la UME ha calificado por fin la tragedia como «una clara advertencia del estado de emergencia climática», pidiendo formalmente apoyo europeo mediante el Mecanismo Civil de Protección con carácter principalmente preventivo, ante la posibilidad de un empeoramiento de las condiciones climatológicas. La UE ya ha facilitado a España dos aviones cisterna Canadair, con una capacidad superior a 5.500 litros cada uno y antes de que el Gobierno lo solicitara había organizado un despliegue preventivo de verano con 650 bomberos de 14 países, junto con 22 aviones de extinción de incendios y 4 helicópteros, en regiones de alto riesgo, incluyendo a España.

En septiembre, la UE se enfrenta a su propio espejo: nos espera un comienzo de otoño lleno de debates entre intereses ideológicos, políticos y científicos, en los que la política interna de Alemania y Francia previsiblemente traten de imponer sus limitaciones a la negociación (todo menos quedar mal en casa). Los adalides de la nueva agenda verde se preparan para presionar e incluir mecanismos de inversión sostenible o incentivos industriales; los países menos engañados con las políticas verdes lo van a interpretar como una imposición de costes económicos muy elevados. Un dejá vu: mientras los políticos debaten en el salón en torno a metas y recursos para la emergencia del ecologismo climático, sus consensos siguen sufriendo un tremendo contraste con la «realpolitik» de los ciudadanos, y con algunas políticas nacionales, de los que ya no están dispuestas a ceder en esta batalla. Entre tanto, los ciudadanos españoles vivimos la emergencia en tiempo real.

Europa debería aprender que no puede permitirse debates estériles mientras arden bosques, ni sembrar instalaciones sin acompañarlas de planificación territorial y prevención. La cumbre del 18 de septiembre supone una oportunidad crucial de coherencia: demostrar que la acción climática puede ir de la mano con la gestión de lo inmediato, sin sacrificar ninguna de las dos prioridades.

La reunión medioambiental del 18 de septiembre de 2025 será clave para definir el pulso político del clima en Europa. Podría convertirse en un nuevo avance de agenda institucional o en un fracaso simbólico del consenso que hasta ahora ha marcado ésta y otras agendas de corte comunitario.