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El vicepresidente estadounidense, JD Vance, junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu

El vicepresidente estadounidense, JD Vance, junto al primer ministro israelí, Benjamin NetanyahuAFP

Vance considera «estúpida» la idea de Israel de anexionarse Cisjordania y Rubio dice que amenaza la paz

Tanto el vicepresidente estadounidense como Marco Rubio se han pronunciado en contra de la votación celebrada ayer en el Parlamento israelí

El frágil acuerdo de paz en Gaza y las relaciones entre Estados Unidos e Israel se han enturbiado en las últimas horas a raíz de la votación preliminar del Parlamento israelí (la Knéset) que abre la puerta a la anexión formal de Cisjordania, un movimiento que Washington considera una amenaza directa al frágil alto el fuego en Gaza y al plan de paz impulsado por el presidente Donald Trump.

El secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, J.D. Vance, se han pronunciado con firmeza desde Israel, donde ambos se encuentran en visitas oficiales para sostener el acuerdo de cese al fuego entre Israel y Hamás. «Creo que el presidente ha dejado claro que no es algo que apoyaríamos en este momento, y creemos que es potencialmente una amenaza para el acuerdo de paz», advirtió Rubio la noche del miércoles antes de partir hacia Tel Aviv.

Por su parte, el vicepresidente J.D. Vance fue aún más contundente al calificar la iniciativa como «una maniobra política estúpida». «Cisjordania no va a ser anexionada por Israel. Esa es y seguirá siendo la política de la Administración Trump. Si quieren hacer votos simbólicos, pueden hacerlo, pero nosotros definitivamente no estamos felices con ello», declaró a los periodistas antes de abandonar el aeropuerto Ben Gurión.

La propuesta aprobada en lectura preliminar –con 25 votos a favor y 24 en contra– establece que «el Estado de Israel aplicará sus leyes y soberanía a las zonas de asentamiento en Judea y Samaria, para establecer el estatus de estas áreas como parte inseparable del Estado soberano de Israel». Aunque se trata solo del primer paso de un proceso legislativo que requeriría tres votaciones adicionales, el gesto ha generado un amplio rechazo internacional.

El proyecto, impulsado por diputados de la derecha nacionalista fuera del partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu, busca consolidar el control israelí sobre los más de 500.000 colonos judíos que viven en Cisjordania, un territorio que las Naciones Unidas y la comunidad internacional consideran ocupado y cuya anexión sería contraria al derecho internacional.

Desde los Acuerdos de Oslo, el territorio de Cisjordania se divide en tres áreas administrativas, de las cuales la Área C –que representa el 60 % de la superficie– permanece bajo control militar y civil israelí. En la práctica, cientos de puestos de control y un complejo sistema de permisos restringen el movimiento de los palestinos entre ciudades, y prohíben a muchos el acceso a Jerusalén Este, donde se concentran importantes lugares religiosos e institucionales.

Mientras en Gaza gobierna la rama política de Hamás, en Cisjordania persiste la Autoridad Nacional Palestina (ANP) encabezada por Mahmud Abás, debilitada y sin control real sobre la mayor parte del territorio.

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