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Un activista palestino sostiene una bandera nacional frente a una excavadora que daña una calle durante una redada israelí en el centro de Yenín, en CisjordaniaAFP

Los ministros ultranacionalistas de Israel ponen en jaque la paz en Gaza con su plan de anexionar Cisjordania

El miércoles se aprobó una primera votación para aplicar la soberanía israelí sobre los asentamientos ilegales de Cisjordania

Como era de esperar, el plan de paz impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, para la franja de Gaza sigue adelante pero amenaza con descarrilar. Tras la entrega de todos los rehenes vivos por parte de Hamás, ahora los siguientes objetivos son que también entreguen todos los cadáveres de rehenes israelíes –aún quedan 13 en la Franja– y que, por su parte, el Ejército hebreo se vaya retirando progresivamente del enclave.

Las negociaciones dieron un pequeño impulso este viernes, cuando varias facciones palestinas, incluida Hamás, aceptaron transferirle la administración civil de la Franja a un grupo de tecnócratas palestinos, en lo que es un avance hacia la desaparición de la milicia palestina del futuro político del enclave, pero todavía lejos de su desmilitarización, como reclaman Estados Unidos e Israel.

Paralelamente a las negociaciones para la paz en Gaza, el otro punto de conflicto entre Israel y Palestina, Cisjordania, ha vuelto a salir esta semana a la primera línea mediática y amenaza con hacer descarrilar las relaciones. Este miércoles, coincidiendo con la visita del vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, a Israel, la Knéset –el Parlamento israelí– aprobó, en una primera votación –se necesitan tres más para convertirlo en ley– el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los asentamientos ilegales en Cisjordania.

Esta votación, impulsada por los ministros ultranacionalistas de la coalición de Gobierno, Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir –los mismos que empujaron a Netanyahu, en marzo, a romper el alto el fuego entonces vigente bajo la amenaza de que si no tumbaban al Gobierno–, fue aprobada por un único voto y en contra de los deseos de Likud –salvo un diputado rebelde–, el partido político, precisamente, de Netanyahu.

El primer ministro israelí, intentando preservar las relaciones con Estados Unidos, salió rápidamente a publicar en sus redes sociales que dicha votación había sido aprobada sin el apoyo de su partido, y que el diputado de los suyos que votó a favor, Yuli Edelstein, había sido destituido. Pese a todo, Netanyahu intentó echarle la 'culpa' de la situación a la oposición, cuando en realidad la mayoría de ella también votó en contra y quienes permitieron aprobarla fueron los ministros más radicales de su Gobierno.

Los colones israelíes incendian vehículos de palestinos en Cisjordania durante la cosecha de la aceitunaAFP

Desde Washington, las reacciones ante la iniciativa israelí para anexionarse Cisjordania han sido duras y ponen en jaque la relación entre el Estado judío y su mayor socio en el mundo. El presidente norteamericano, Donald Trump, aseguró en una entrevista con la revista Time que la anexión «no sucederá» y que, de darse, «Israel perdería el apoyo de Estados Unidos», afirmando que le había dado su palabra a los países árabes de la región que eso «no sucedería».

Por su parte, el vicepresidente, J.D. Vance, que se reunió con Netanyahu, calificó la idea como «una estupidez». «Es una maniobra política estúpida, y personalmente me siento insultado. Cisjordania no va a ser anexionada por Israel, la política de la Administración Trump es que Cisjordania no va a ser anexionada por Israel, esa va a seguir siendo nuestra política», afirmó el vicepresidente justo antes de abandonar Israel. El secretario de Estado, Marco Rubio, que también ha visitado el país hebreo estos días, afirmó que la idea «es una amenaza para el plan de paz». «Si algo así sucediera ahora mismo, muchos de los países involucrados en esto probablemente no querrán involucrarse más. Es una amenaza para el proceso de paz y todos lo saben, pero no voy a entrar en el meollo de la política israelí. Nos centramos en la paz y la seguridad», aseguró desde un centro en el sur de Israel.

Rubio no quiere inmiscuirse en asuntos internos israelíes, pero la realidad es que la situación política se le vuelve a complicar a Netanyahu, que por una parte tiene que convivir con unos socios de coalición radicales que no quieren oír hablar de paz, y por el otro negociar con las formaciones que buscan una exención militar para los estudiantes ultraortodoxos. Esta misma semana, el partido político Shas ha anunciado su renuncia a los cargos de la coalición por la demora en aprobar dicha exención, siguiendo el ejemplo del otro partido ultraortodoxo, Judaísmo Unido de la Torá, que ya se salió del Gobierno en el mes de julio. Si ambos votan junto a la oposición –que de momento sostiene al Gobierno en plenas negociaciones por la paz–, el Ejecutivo podría caer.

Mientras tanto, este viernes, en la ciudad de Ramala, al este de la Cisjordania ocupada, varios colonos israelíes incendiaron vehículos palestinos y provocaron altercados en una zona que parece haber quedado olvidada en las negociaciones por la paz en Gaza. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha cifrado en 40 los niños asesinados en Cisjordania en lo que va de año. Mientras el nombre de esta tierra no aparece en el plan de paz de Trump, los ministros radicales de Netanyahu buscan aprovechar para hacerse con su control y aniquilar cualquier idea de creación de un Estado palestino.