Los dos partidos celebran un resultado de las elecciones que no despeja la duda de quién es el vencedor al arrojar un resultado de empate técnico
Elecciones en Países Bajos: los demócratas de D66 y el PVV de Wilders luchan voto a voto en un empate técnico
Ambos partidos obtienen 26 escaños con el 97,7 % del voto escrutado y el conservador pide esperar hasta el final del escrutinio
En una jornada cargada de expectativas y tensión política, los neerlandeses acudieron a las urnas este 29 de octubre para elegir los 150 diputados de la Cámara de Representantes de Países Bajos. El resultado es un empate técnico entre el partido progresista liderado por el joven Rob Jetten (D66) y el Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders. El conservador pide paciencia y esperar a contar hasta el último voto.
Factores que movieron el voto
Varios factores se conjugaron para propiciar este cambio: según los análisis, la frágil legislatura anterior —que apenas duró unos meses— generó desconfianza en la capacidad de los partidos de ultra-derecha para gobernar de forma estable.
A ello se une la preocupación ciudadana por la crisis de la vivienda, que según sondeos aparecía como la principal prioridad para alrededor del 50 % del electorado, seguida de la inmigración y los costes sanitarios.
La D66, liderada por Rob Jetten, de 38 años, apostó por un mensaje moderno, progresista y pro-europeo, logrando conectar con un electorado urbano y más joven. En contraste, aunque la PVV mantuvo una base fiel, no logró traducir su influencia en un impulso mayor que le permitiera volver al gobierno.
¿Qué ofrece este resultado?
Este escrutinio pone de relieve varios elementos claves de la política holandesa actual. El sistema parlamentario proporcional y altamente fragmentado (se presentaban 27 partidos y son previsibles más de una decena en el Parlamento) hace que el ganador en votos no alcance la mayoría absoluta por sí solo: se requieren al menos 76 escaños para gobernar.
Wilders
El castigo al partido que provocó la inestabilidad de la legislatura demuestra que gobernar no basta con ser popular: la viabilidad, capacidad de acuerdo y moderación parecen haber contado. Aunque el PVV retrocede, eso no indica necesariamente el ocaso del partido de Wilders: la fragmentación del voto implica que fuerzas menores o nuevos partidos podrían mantener influencia.
El escenario de la formación de gobierno
Ante la ausencia de mayoría clara, se abre una compleja fase de negociaciones de coalición. Los analistas apuntan a que D66 buscará aliarse con partidos del centro-izquierda, con los cristiano-demócratas CDA y los liberales conservadores People’s Party for Freedom and Democracy (VVD) como piezas clave, aunque el VVD se ha mostrado reticente a gobernar con la bancada progresista.
Una de las incógnitas principales es si la PVV, pese a conservar relevancia, quedará definitivamente como actor de oposición. Su líder, Geert Wilders, reconoció el golpe electoral pero prometió continuar «en la contienda».
La prioridad inmediata del futuro gobierno será contener la turbulencia originada por la crisis de vivienda y el problema de la inmigración —que ha generado tensiones sociales y movilizaciones—, así como estabilizar las finanzas públicas tras el desgaste de los últimos años. Además, el tema migratorio seguirá en el centro del debate, aunque en un tono posiblemente más moderado, dada la lección de inestabilidad recogida.