Fundado en 1910
Paul Biya, presidente de Camerún

Paul Biya, presidente de CamerúnRobert Fimbaye / AFP

Paul Biya, de Camerún, el decano de los sátrapas africanos, se aferra al poder a los 92 años

Ocupa el poder desde 1982, si bien su sistema se resquebraja en un país mosaico en el que se hablan unas 260 lenguas diferentes

Sí, Paul Biya, de 92 años, ha sido reelegido por octava vez, obteniendo el 53,66 % de los votos frente a Issa Tchiroma Bakary, según el Consejo Constitucional. De nada han servido las airadas protestas -amplificadas en la calle por sus seguidores- del candidato vencido, que reivindica su victoria, con el 54,8 % de los votos frente al 31.3 % de Biya, según su propio recuento.

Sí, es verdad que el Gobierno camerunés ha reconocido las muertes ocurridas durante las manifestaciones postelectorales. «Las manifestaciones ilegales se saldaron con pérdidas de vidas humanas y la destrucción de bienes públicos y privados», admitió el ministro de Administración Territorial, Paul Atanga Nji, durante una rueda de prensa, sin precisar la fecha de los actos violentos ni dar un balance concreto. Las protestas formales de la Unión Europea y de la Organización para la Unidad Africana caerán, una vez más, en saco roto. También es verdad: Biya está acostumbrado a ello dese hace más de 40 años.

Más no es menos cierto que su sistema empieza a resquebrajarse en un país en el que la gestión de los asuntos públicos es compleja, en un país mosaico en el que se hablan unas 260 lenguas diferentes y hay aún más etnias. Paul Biya domina este arte. Como jefe supremo, orquesta los nombramientos hasta el nivel administrativo más bajo, con el fin de dar a cada grupo la impresión de participar en la gestión del país y, sobre todo, de acceder a los privilegios, por turnos.

Esta ciencia establece el principio de dividir para reinar mejor: organizar una competencia entre las personas de un mismo clan, favoreciendo a uno, antes de amenazarlo con sustituirlo por alguien de la misma familia. No se busca la eficacia mediante la meritocracia, sino más bien la creación de una clase de seguidores y obligados.

Sin embargo, desde hace ya varios años, el sistema está atascado. Afectado por la edad, el sátrapa ya no conoce al detalle los recursos humanos de los que puede sacar provecho. El ascensor social está parado en todos los ámbitos. Cabe preguntarse qué percepción tiene Biya de su país y de la sociedad camerunesa cuando, según se ha sabido, ya ni siquiera habla con su primer ministro. Un detalle significativo que rezuma la opacidad del sistema configurado por Biya a partir de 1982: que el secretario general de la presidencia tiene la delegación de la firma presidencial.

No fue siempre así: Biya encarnó durante décadas, antes incluso de ser presidente, el dinamismo camerunés. Perteneciente a la etnia Fang-Beti-Boulou, hijo de un catequista que quería destinarle al sacerdocio -hoy en día, sigue siendo católico practicante, siendo su vida privada bastante estable-, su formación fue la clásica de las élites africanas francófonas.

Tras cursar la secundaria en el Liceo General-Leclerc de Yaundé, estudió sucesivamente en París, en el Liceo Louis-le-Grand, en la Universidad de la Sorbona, en el Instituto de Estudios Políticos (Sciences Po), donde se licenció en Derecho Público en 1961, y en el Instituto de Altos Estudios de Ultramar. No participó en ninguna forma de activismo político durante su época de estudiante. Paul Biya era ciudadano francés mientras estudiaba: una situación, que le fue posteriormente de gran utilidad.

En octubre de 1962, sin experiencia política ni profesional, Biya fue recomendado a Ahmadou Ahidjo, el padre de la independencia de Camerún, quien lo nombró su asesor especial. Tres años después fue designado jefe de Gabinete del Ministro de Educación Nacional, Juventud y Cultura, pasando a ocupar en julio de 1965 la secretaría general de aquel ministerio.

El siguiente ascenso se produjo en diciembre de 1967, cuando volvió a la vera de Ahidjo, al ser nombrado Director del Gabinete Civil de la Presidencia de la República. Un mes más tarde ya era secretario General de la Presidencia de la República con rango de ministro.

En 1975, como no podía ser menos, se convirtió en primer ministro. Más: una ley de 1979 hizo de él el sucesor constitucional de Ahidjo: el momento llegó en 1982, con la dimisión del histórico mandatario. Ahí empezó el peculiar sistema Biya, con la anuencia, que se mantiene, de Estados Unidos y Francia. Cuando termine su actual mandato, tendrá 99 años.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas