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Ilustración de Estados Unidos empujando a China fuera del continenteDavid Díaz

Donald Trump recupera terreno conquistado por China en Hispanoamérica

La cumbre del presidente de Estados Unidos con los aliados hispanoamericanos apunta a recuperar el terreno perdido en su «patio trasero» y el primer objetivo es el puerto de Chancay en Perú

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no desperdicia un minuto de su segunda legislatura. Con Marco Rubio de secretario de Estado, consejero y estratega, tiene, entre sus múltiples objetivos, recuperar el poder e influencia de Estados Unidos en Hispanoamérica y repatriar China (sus inversiones) a su lugar de origen.

En el plano político/militar el guion de reconducir Venezuela está escrito y sigue su curso, el de Cuba va por el prólogo y el de Nicaragua, con el siniestro matrimonio de Daniel Ortega y Rosario Murillo, está en cola como pieza menor. El resto de los países de la región, con matices, no suponen ni parecen tener tentaciones de salirse del camino de unas democracias imperfectas, pero democracias al fin.

Los «roces» con Colombia van por otros derroteros y se suavizaron tras la reunión entre Trump y Gustavo Petro. Ambos entraron en el despacho Oval con cara de pocos amigos, pero, como era previsible, salieron íntimos.

El presidente que entregará el testigo del poder de Colombia en las elecciones del próximo 31 de mayo, no quiere más bombardeos en narcolanchas en sus aguas y sí un final de mandato y un retiro tranquilo. Dicho de otro modo, pragmático, para Petro ceder ante Trump era de obligado cumplimiento. Lo que no tendrá, en principio, el colombiano es tiempo para empezar a revisar las licitaciones chinas en infraestructuras y megaproyectos. Esa misión, probablemente, le corresponderá a su sucesor.

En México Claudia Sheinbaum ha entendido que con el republicano más vale llevarse bien que hacerle frente como hizo con España. Su retórica contra la vieja leyenda negra de la conquista de América le sale más rentable que poner obstáculos a Estados Unidos para frenar las redes de narcotráfico (e importación desde China de fentanilo) que, como le recuerda el republicano, envenenar a la población de la primera potencia del mundo. La fuerte presencia industrial y el gran número de empresas tecnológicas chinas instaladas en el país no suponen un problema para Trump ya que México sigue siendo, como con Andrés Manuel López Obrador, mucho más alineado con Estados Unidos.

Donald Trump empieza a tener bajo control «el patio trasero» de Estados Unidos, pero queda mucho por hacer. Con ese objetivo se reunirá el próximo 7 de marzo en un minicumbre en Miami con sus aliados de la región. Javier Milei (Argentina) al que ya expresó su disgusto por el swap (intercambio de monedas) que tiene con China, Bukele (El Salvador),Daniel Noboa (Ecuador), Nasry Asfura (Honduras) , Santiago Peña (Paraguay) y Rodrigo Paz (Bolivia). Salvo sorpresa, José Antonio Kast no estará en esa reunión ya que la fecha de su investidura es unos días más tarde, el 11 de marzo.

Donald Trump se propone avanzar en su «reconquista» militar, diplomática y política de una región donde quiere imponer sistemas democráticos confiables y aprovechar los territorios quemados en tierra fértil para llenarlos de abono con inversiones americanas.

China se ha convertido en el principal socio comercial de la región y sin estridencias se va posicionando en enclaves estratégicos

Aplicar la «Doctrina Donroe», versión del republicano de la vieja «Doctrina Monroe» (América sólo para los americanos) es una prioridad para el republicano que busca expulsar del continente al único adversario que le puede hacer –y en algunos aspectos lo logra– sombra. China se ha convertido en el principal socio comercial de Sudamérica y sin estridencias se va posicionando en enclaves estratégicos.

Washington ha logrado que Panamá, con un fallo judicial de dudoso rigor, le enseñara la puerta de salida del Canal a Pekín y de paso, el país dio carpetazo a su incorporación al plan más ambicioso del gigante asiático: salirse de la iniciativa de la Franja y la Ruta, el proyecto chino de infraestructura global.

El siguiente pasó es repetir la jugada con el Puerto privado peruano de Chancai el mayor y más moderno del Pacífico. La embestida ha comenzado y Pekín no ha tardado en reaccionar.

La Oficina para Latinoamérica del Departamento de Estado aseguró que «el dinero barato chino cuesta soberanía» para Perú y advirtió que el país podría quedar «imposibilitado» de supervisar el puerto al tener su control esos «depredadores» que se querellaron contra el Estado para evitar sus controles.

El comentario –o advertencia– se produce después de que se conociera un falló judicial que eliminó las competencias de regulación y fiscalización del puerto por el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositrán). El Gobierno ha anunciado que lo apelará.

El puerto de Chancay no es una pieza menor, es una infraestructura estratégica que tiene una capacidad de un millón de contenedores al año, se encuentra a 80 kilómetros al norte de Lima y pertenece, en un 60 %, a la empresa estatal china Cosco Shiping y, en un 40 %, a la minera peruana Volcan Compañía Minera, la cuarta productora de plata y zinc del mundo.

El régimen que lidera Xi Jinping manifestó este jueves su «fuerte insatisfacción» por estas declaraciones y acusó a Washington de ser una «fábrica» de «difamación flagrante» para perjudicar a su naviera. El portavoz del Ministerio de Exteriores Lin Jian afirmó que China «se opone firmemente» a las declaraciones de Estados Unidos. El derecho a la protesta lo tiene, pero la sensación de que lo peor está por llegar, también.