Fundado en 1910

Trump pierde el botón rojo: la Corte Suprema mata sus aranceles… pero la guerra continúa

El fallo quita argumentos a esa izquierda escandalosa y radical que lleva 12 meses argumentando que la democracia en Estados Unidos está en riesgo. Las instituciones funcionan

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una conferencia de prensa en la Sala de Prensa de la Casa BlancaAFP

La Corte Suprema de Estados Unidos acaba de poner un límite nítido –y políticamente explosivo– al atajo favorito de la Casa Blanca: gobernar la política comercial como si fuera un decreto de emergencia permanente.

En un fallo de 6–3, el alto tribunal ha invalidado la mayor parte de los aranceles «globales» y «recíprocos» impulsados por el presidente Donald Trump bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA, 1977). La opinión mayoritaria, redactada por el presidente del tribunal (dato que es relevante en si mismo), sostiene algo tan básico como olvidado en Washington: los aranceles son un impuesto y, en la arquitectura constitucional estadounidense, la potestad tributaria pertenece al Congreso, no al inquilino de la Casa Blanca.

El matiz relevante no es jurídico; es de poder. La IEEPA permite «regular» transacciones y comercio en contextos de emergencia, pero no menciona aranceles ni autoriza una palanca fiscal de la magnitud del «Liberation Day». El Supremo viene a decir: si el Congreso quisiera regalar al Ejecutivo un botón rojo capaz de gravar importaciones de cualquier país, sobre cualquier producto, al tipo que sea y por el tiempo que sea, lo habría escrito. Y no lo hizo. Hasta aquí, el titular.

Pero el verdadero mensaje es otro: esto no es el fin del proteccionismo trumpista. Es, como mucho, el fin de una autopista legal concreta. La guerra comercial continúa; simplemente cambia de carreteras, se vuelve más técnica… y probablemente más litigiosa.

Qué aranceles caen (y por qué esto duele de verdad)

El golpe afecta sobre todo al paquete nacido del llamado «Liberation Day» (2 de abril de 2025): una arquitectura arancelaria que combinaba una tarifa base generalizada con tasas «recíprocas» más altas país por país. A esto se sumaban los aranceles «de emergencia» contra China, Canadá y México, justificados por el Ejecutivo con el tráfico de fentanilo y otros flujos ilícitos.

La estimación que se mueve hoy en Washington es que los aranceles cobrados bajo esta cobertura legal ascienden a más de 175.000 millones de dólares, con la consiguiente amenaza de reembolsos a importadores y un caos administrativo que no se resuelve con una rueda de prensa. La política comercial, cuando se financia a golpe de aduanas, crea una dependencia: cuesta muchísimo desmontarla sin que alguien pague la cuenta.

Qué aranceles NO caen: el «suelo» proteccionista sigue ahí

El fallo no arrasa todo. Quedan fuera –y por tanto permanecen– buena parte de los aranceles sectoriales establecidos por otras vías, especialmente la Sección 232 (seguridad nacional), que sostiene gravámenes sobre acero, aluminio, automóviles y otros sectores estratégicos. Es decir: incluso con la Corte Suprema frenando el atajo de la IEEPA, el proteccionismo ya tiene estructura y no depende de una sola llave.

Esta distinción es esencial para entender lo que viene: el Supremo no ha devuelto a Estados Unidos al «libre comercio». Ha devuelto la batalla al terreno donde Trump se mueve bien: usar todas las herramientas disponibles, en cascada, hasta reconstruir el mismo edificio con otra fachada.

Los acuerdos de Trump siguen vivos… y ahora valen más para los demás

El fallo de la Corte Suprema no toca ni un milímetro los acuerdos comerciales firmados por la Administración Trump. Ni el USMCA renegociado, ni los «mini-deals» cerrados en 2025 con más de veinte países, ni el «Phase One» con China. Todos siguen plenamente vigentes y con fuerza jurídica propia.

Ahora tendrá que negociar de verdad o reconstruir su muro arancelario por la vía lenta y litigiosa

Al contrario: estos pactos acaban de ganar valor. Desaparece la pistola en la mesa de los aranceles de emergencia IEEPA. Trump ya no puede amenazar con subir tarifas de un día para otro cada vez que le moleste un déficit o un flujo de fentanilo. Ahora tendrá que negociar de verdad o reconstruir su muro arancelario por la vía lenta y litigiosa.

¿Quiénes se benefician más de la sentencia?

Los grandes exportadores a Estados Unidos respiran aliviados mientras el contribuyente americano se pregunta quién pagará la cuenta. Los que ya habían firmado acuerdos rápidos con Trump salen bien parados, pero los que más sufrían el «botón rojo» de la emergencia permanente son los que hoy descorchan el champán. México, Canadá, China, India y Brasil son los más beneficiados.

El proteccionismo de Trump no muere, pero pierde su modo más cómodo y arbitrario. Y eso, en una república que se precie, es exactamente como debe ser.

La Administración no se rinde: «Esto es una vergüenza… pero tenemos plan B»

El presidente Trump no tardó ni una hora en calificar el fallo de «disgrace» (vergüenza). Enterado en plena reunión con gobernadores, abandonó el salón visiblemente molesto y ordenó preparar una respuesta inmediata. Fuentes de la Casa Blanca confirman que el equipo comercial ya tenía listo el «día después»: Greer activará desde mañana mismo las Secciones 232 y 301 que explico más abajo, mientras Bessent asegura que pueden reconstruir «exactamente la misma estructura arancelaria» sin necesidad del atajo de emergencia.

El mensaje que llega desde la Casa Blanca es cristalino: la Corte Suprema puede quitarle el botón rojo de la IEEPA, pero no le va a quitar la voluntad de «proteger» la industria americana. Trump ha tardado menos de tres horas en reaccionar. Primero ha calificado el fallo de una traición. Después, ha pasado a anunciar que mantiene los aranceles basados en las secciones mencionadas (232 y 301), impone 10 % globalmente bajo la sección 232 y que va a iniciar procesos bajo la sección 301 para volver a imponer aquellos aranceles que requieren de un proceso regulatorio más complejo. El proteccionismo no se detiene. Solo tiene que cambiar de vía legal… y esta vez será más dura, más litigiosa y, para muchos, más incómoda.

La Corte Suprema puede quitarle el botón rojo de la IEEPA, pero no le va a quitar la voluntad de «proteger» la industria americana

Plan B: las herramientas que le quedan al presidente

Realmente, el Ejecutivo tiene varias alternativas. No son tan instantáneas, ni tan universales ni tan cómodas como la IEEPA. Pero son reales. Y, combinadas, pueden permitir a Trump recrear una parte sustancial del régimen arancelario.

1) Sección 232 (Ley de Expansión Comercial de 1962): aranceles por «seguridad nacional»:

Es la vía más robusta para imponer aranceles duraderos, pero viene con su precio: requiere análisis sectoriales, informes del Departamento de Comercio y una narrativa de «amenaza» que debe sostenerse técnicamente. Aun así, es el motor de muchos aranceles que siguen vigentes. Además, una vez abierto el expediente, el margen político crece: «no es ideología, es seguridad».

2) Sección 301 (Ley de Comercio de 1974): el martillo contra prácticas «injustas»:

La 301 permite atacar a países concretos por subsidios, barreras discriminatorias o robo de propiedad intelectual. Pero exige investigación del USTR, un procedimiento, audiencias y revisión periódica. Es más lenta y más selectiva, sí; pero tiene una ventaja enorme: encaja con la narrativa de «reciprocidad» y «trato justo» sin necesidad de declarar una emergencia nacional cada lunes.

3) Sección 201 (salvaguardias): proteccionismo con bata blanca:

Aquí el argumento es el daño serio a una industria doméstica por aumento de importaciones repentinas. Implica una investigación de la Comisión de Comercio Internacional (ITC), calendario, audiencias públicas y limitaciones temporales (con posibles prórrogas). Es proteccionismo, pero con sello tecnocrático: la palabra clave no es «castigo», es «ajuste».

4) Sección 122 (Ley de Comercio de 1974): el «puente» rápido y temporal:

Esta es la vía más tentadora para un reemplazo inmediato: permite un recargo arancelario de hasta el 15 % por un máximo de 150 días para problemas de balanza de pagos. Su gran atractivo es la velocidad. Su gran debilidad es evidente: caduca. Y cualquier intento de renovarla en bucle, «reiniciando» emergencias, sería una invitación abierta a otro choque institucional.

5) Sección 338 (Ley Arancelaria de 1930, Smoot-Hawley): la opción más agresiva:

La más explosiva, por antigua y por contundente. Permite imponer hasta un 50 % país por país contra naciones que discriminen el comercio estadounidense. Tiene dos virtudes para un presidente combativo: es rápida y es dura. Y tiene un defecto igual de grande: es un misil jurídico y diplomático. Activarla sería pedir a gritos otro ciclo de demandas… y, fuera de casa, dinamitar cualquier pretensión de «orden comercial» estable.

¿Y el Congreso? La paradoja americana

Siempre existe la opción de legislar para dar más poder al presidente en materia arancelaria. Pero eso exige tiempo, disciplina parlamentaria y capital político. Y aquí aparece la paradoja: en Washington muchos se escandalizan por el «abuso» del Ejecutivo, pero llevan décadas delegando competencias comerciales en la Casa Blanca para evitar votaciones incómodas.

La Corte Suprema ha recordado este viernes quién tiene el volante. Pero no ha cambiado el incentivo: el Congreso quiere el control cuando hay beneficios, y la delegación cuando hay costes asociados.

Conclusión: la Corte Suprema acaba de cortarle las alas al atajo presidencial

La Corte Suprema ha hecho lo que Washington más detesta: recordarle al Ejecutivo que los aranceles no son un juguete de emergencia ni un decreto personal. Son impuestos. Y en esta república los impuestos los decide el Congreso, no el ocupante de turno del Despacho Oval por mucho que le irrite el déficit comercial.

Trump pierde el botón mágico de la emergencia permanente. Ahora tendrá que construir su muro arancelario con las herramientas legales: procedimientos, investigaciones y el incómodo filtro del debate y la rendición de cuentas. Le va a doler un poco.

El proteccionismo no ha muerto. Simplemente ha dejado de ser un capricho ejecutivo exprés. Tendrá que ganarse paso a paso, sector por sector, más lento, más litigioso y más expuesto al escrutinio que tanto odian los que prefieren gobernar por decreto.

La guerra comercial no termina aquí. Solo que ahora el Ejecutivo ya no podrá actuar como si tuviera carta blanca cada vez que le convenga

Para quienes crean que un fallo judicial iba a devolvernos el paraíso del libre comercio unilateral: seguid soñando. La guerra comercial no termina aquí. Solo que ahora el Ejecutivo ya no podrá actuar como si tuviera carta blanca cada vez que le convenga.

Al final, esto es lo que significa la separación de poderes: incluso los presidentes más combativos deben someterse a las reglas que protegen al ciudadano de los excesos del poder. Aunque les pese profundamente. Y el fallo también quita argumentos a esa izquierda escandalosa y radical que lleva 12 meses argumentando que la democracia en Estados Unidos está en riesgo. Las instituciones funcionan. Los famosos checks and balances siguen vigentes. Y eso es una buena noticia para todos.