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CrónicaLidia FernándezVarsovia

Aprender español para salir de Ucrania

Cuatro años después del comienzo de la guerra, miles de cientos de refugiados siguen fuera de sus hogares. Se estima que más de ocho millones de ucranianos han salido de Ucrania desde la invasión por parte de Rusia, provocando la mayor crisis de desplazamiento forzoso en Europa desde la Segunda Guerra Mundial

Victoria Zadorozhnia, refugiada ucraniana en PoloniaCortesía

La primera vez que la vi llevaba un jersey blanco con corazones estampados de todos los colores; rosa, azul, amarillo, naranja, violeta. Fue en el pasillo principal del Instituto Cervantes de Varsovia, estaba esperando a una de sus alumnas que se examinaba del examen de español. Su timidez no le limitó saludarme cuando oyó mi acento. ¿Eres española? Me preguntó con una gran sonrisa. Victoria no la ha perdido: su sonrisa.

A lo largo de estos cuatros años Victoria Zadorozhnia ha perdido mucho: su rutina, sus alumnos, su trabajo, muchas de las personas que conocía, ese tiempo con amigos…

Tiempo es lo que no le ha sobrado desde aquel veinticuatro de febrero. Salir de su país, casi, con lo puesto. Adaptarse a un país nuevo en cuestión de horas; encontrar un nuevo hogar; escolarizar a sus hijas a medio curso; buscar un trabajo nuevo; conocer personas nuevas… con la incertidumbre de preguntarse cada día ¿cuándo volver a Kiev, ¿cuándo podrá volver a casa?

Victoria Zadorozhnia es ucraniana, vivía en Kiev trabajando como traductora y profesora de idiomas. Habla ucraniano, ruso, inglés, polaco y español. Salió del país en un vagón de evacuados; como tantos otros ucranianos, sin dirección exacta. El único destino seguro era la frontera. Una vez allí, ya les dirían dónde los llevarían.

A la entrevista llega con un jersey gris, no tiene corazones estampados, pero tiene margaritas. Y llega con su inmensa sonrisa, que sigue sin perder. A pesar de los golpes de la vida…

–¿Qué pasó el 24 de febrero de 2022?

–Me levanté temprano, un rato antes de despertar a mis hijas para ir al colegio. Mi madre ya estaba despierta y me dijo: «no las vistas. No irán al colegio, la guerra ha comenzado». Escuchar aquellas palabras fue una sensación horrible, horrible… Habíamos oído rumores, pero todo estaba en «el aire». Unos días antes, vimos enormes helicópteros pasar por la ciudad varias veces al día. Todo el mundo decía que podía empezar la guerra, pero nosotros no queríamos creerlo. Fui consciente de que mi país había entrado en una guerra cuando empezaron a caer bombas en los edificios de casas. No eran espacios militares, caían en urbanizaciones con casas habitadas con niños, con familias…

–¿Cómo fueron esos primeros días?

–Para mí, es muy difícil recordar esos primeros días sin emocionarme. Tantas cosas pasaron esos días, tantas emociones…todo empezó a cambiar en cuestión de horas. Se formaban colas enormes para ir a comprar. Recuerdo esperar más de dos horas frente a la puerta de un supermercado para poder entrar y comprar comida para mis hijas, con el frío. Era febrero, con temperaturas muy bajas. Y cuando conseguí entrar, casi no había nada. No había alimentación; no había productos de primera necesidad. Las estanterías estaban vacías, la gente compraba lo que podía.

–¿Cómo era tu vida antes de aquel 24 de febrero?

–La vida era bonita, era estable. Tenía planes, quería que mis niñas estudiaran en Europa y me esforzaba mucho para que ellas tuvieran una buena educación en una escuela privada de Kiev. En mi ciudad se vivía bien; la gente era amable, hospitalaria, tenían buen humor. Kiev es muy bonita, bueno, no ahora, ya no queda casi nada de mi ciudad. Pero antes, era una ciudad muy bonita, con zonas verdes para pasear, una ciudad limpia.

–¿Cuándo decides dejar Kiev?

–Fue el 28 de febrero, yo no quería dejar mi casa. Ahora, no sé qué es de ella. Decidí dejar Kiev porque una bomba cayó frente al colegio donde trabajaba, muy cerca de mi casa. En ese momento decidí que era hora de salir de Ucrania.

Victoria me corrige: «no lo llames Kiev (Киев). No se llama así, así la llaman los rusos. En ucraniano es Kyiv (Київ)».

Antes de la invasión en Ucrania a gran escala en febrero de 2022, se estima que el 30 % de la población era ruso parlante, mayoritariamente en las regiones del Sur y Sureste: Járkiv, Donetsk, Lugansk, Zaporiyia. En el caso de Crimea, antes de la anexión en 2014, el 60 % de la población tenían el ruso como su lengua principal.

–¿Tu lengua materna es el ucraniano, ¿cómo convivíais con los rusos parlantes?

–Bien, siempre hemos convivido bien. Mucha gente es bilingüe. No había ningún problema.

–Pero, ahora has decidido no enseñar ruso.

–Sí, es una decisión. Y así debe de ser. Intento no hablar en ruso y tampoco traducir textos en ruso y ya no doy clases de ruso.

–¿Cómo llegaste a Polonia?

Llegué en un tren de evacuados; éramos decenas de personas en el mismo vagón. Y nadie nos dijo dónde iríamos. Solo que nos llevaban a la frontera. Ahí pensé lo peor, nunca me lo imaginé. La gente dormía en el pasillo del tren, no había sitio ni siquiera para poder andar. Miraba a mis hijas y a mi madre y no podía creer que hubiésemos llegado a aquella situación. Tantas personas dejando sus vidas, huyendo de Ucrania. Casi con lo puesto.

–¿Cómo es tu vida ahora?

Estoy bien, a salvo… pero echo mucho de menos mi país, mi ciudad, mi hogar, mis amigos. Me encantaría irme a España y trabajar allí como traductora y profesora.

–Hablas perfectamente español ¿de dónde viene tu interés por España?

–Siempre me ha gustado España. La he visitado varias veces y soy una enamorada de tu país. Aprendí español y me encantaría viajar a España y vivir allí un tiempo. Siempre lo vi como un país exótico. Me gusta la vibración de España.

–¿Cuándo acabará la guerra?

–Cuando Putin quiera. El régimen que ahora triunfa en Rusia no va a parar. El triunfo debería ser para los ucranianos. Así debe ser, porque no fue Ucrania quien invadió Rusia, sino Rusia quien invadió a Ucrania. A los ucranianos no nos importaba Rusia, de verdad, vivíamos nuestra vida con planes, con estabilidad, con sueños por cumplir… sin importarnos qué hacían o no en Rusia.