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Vista general del campo de gas Pars SurEFE

Irán

Pars Sur, cómo el ataque al mayor yacimiento de gas natural del mundo puede desencadenar una guerra energética

Irán ha respondido al ataque de este miércoles contra su planta petroquímica apuntando contra las instalaciones de hidrocarburos de los países del Golfo

La guerra en Irán ha ido un paso más allá este miércoles tras el ataque contra una refinería de gas en el sur del país que se nutre del yacimiento Pars Sur, uno de los más grandes del mundo y que, además, la República Islámica comparte con Qatar. Los medios iraníes han atribuido la ofensiva a Estados Unidos e Israel, mientras que Tel Aviv apunta a la autoría de su Ejército, aunque con el consentimiento de Washington. Hasta el momento, las fuerzas estadounidenses se han limitado a atacar instalaciones militares en el país persa.

El presidente norteamericano, Donald Trump, se desligó por completo este miércoles del ataque. El pasado viernes, Estados Unidos ya amagó cuando bombardeó la estratégica isla de Kharg, desde donde se calcula que sale el 90 % del petróleo que vende la República Islámica. Entonces, Trump apuntó que, en esta ocasión, se había abstenido de dañar la infraestructura petrolera del país por «razones de decencia», pero que no descartaba hacerlo en un futuro si Irán no reabría el estrecho de Ormuz.

Este miércoles, un bombardeo contra uno de los yacimientos de gas más grandes del mundo, ubicado en el golfo Pérsico, provocó un incendio en varias zonas de las instalaciones energéticas de Asaluyeh (costa sur). El Pars Sur es un yacimiento de gas natural compartido por Irán y Qatar, ubicado en la Zona Económica Especial para Energía de Pars. Cuenta con una superficie de unos 9.700 kilómetros cuadrados, de los cuales unos 3.700 kilómetros cuadrados se encuentran en aguas territoriales iraníes (Pars Sur), mientras que el resto pertenecen a Doha (North Dome).

Según la propia Agencia Internacional de la Energía (IEA), en su conjunto, conforma el campo de gas natural más grande del mundo y contiene casi el 20 % de las reservas globales de gas. Para la República Islámica supone cerca del 70 % del gas natural de uso doméstico. Ante este nuevo paso de la ofensiva lanzada por Israel y Estados Unidos contra el país persa el pasado 28 de febrero, el régimen de los ayatolás ya ha advertido que el «péndulo de la guerra se ha inclinado hacia una guerra económica a gran escala».

Mapa de la ubicación de Pars SurKindelán

La primera consecuencia la sufrió Irak, que informó de que había perdido 3.100 megavatios de capacidad de generación eléctrica tras la decisión de Teherán de interrumpir toda la importación de gas natural, dejando al país vecino al borde de una caída completa de la red. «Como ya advertimos, si la infraestructura de combustible, energía, gas y economía de nuestro país es atacada por los sionistas estadounidenses, atacaremos con vehemencia la fuente de la agresión y al enemigo», amenazó un portavoz del Cuartel General Central de Jatam al Anbiya, como reproduce la agencia de noticias Fars.

El Ejército iraní ha advertido de que consideran «objetivos legítimos» todas las instalaciones energéticas de los países del Golfo y ordenó su inmediata evacuación. La Guardia Revolucionaria de Irán identificó exactamente cinco de estas instalaciones, en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar, y aseguró que «serán objeto de ataques en las próximas horas». Las infraestructuras amenazadas son la refinería Samref y el complejo petroquímico de Jubail, en Arabia Saudí; el yacimiento de gas de Al Hosn, en EAU; y la refinería de Ras Laffan y el complejo petroquímico de Mesaieed, en Qatar. El régimen iraní no tardó en cumplir sus amenazas lanzando sus cohetes y misiles contra sus vecinos del Golfo.

«Qatar expresa su firme condena y denuncia el brutal ataque iraní contra la ciudad industrial de Ras Laffan y considera esta agresión como una peligrosa escalada, una flagrante violación de su soberanía y una amenaza directa a su seguridad nacional», denunció en un comunicado el Ministerio de Exteriores qatarí. Por su parte, la compañía pública energética QatarEnergy confirmó que los ataques iraníes contra su principal instalación gasística causaron «daños considerables». Ahora, se abre un nuevo capítulo en el conflicto que hace temer una guerra energética con repercusiones mundiales.

De hecho, tras el bombardeo contra Pars Sur, el precio del gas natural se disparó un 5,5 % y cerró este miércoles en los 54,543 euros por megavatio hora (MWh). A esto hay que sumar, además, el encarecimiento del crudo –el Brent subió un 3, 83 % y superó los 107 dólares por barril– por el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde se calcula que pasa el 20 % de los hidrocarburos del mercado mundial. Trump ha insistido, sin gran éxito, a sus aliados para que se unan a una coalición militar para desbloquear este paso estratégico. Fuentes oficiales iraníes aseguran a El Debate que el estrecho no se encuentra completamente cerrado, pero que no se va a permitir el paso de ningún buque que esté ayudando «política o logísticamente al enemigo», en referencia a Israel y Estados Unidos.

En este sentido, aseguran que, en caso de poner fin a la guerra, la capacidad de circulación del estrecho de Ormuz se podría recuperar al «90 %». Ante esta situación, varios países han decidido entablar negociaciones directas con el régimen iraní para asegurar el paso seguro de sus barcos, como es el caso de Turquía, China, Pakistán o la India. Otros, como Italia y Francia, también se están planteando hablar directamente con Teherán. Este miércoles, la alta representante de Exteriores de la Unión Europea, Kaja Kallas, mantuvo una conversación telefónica con el ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchí, con el que abordó la situación del estrecho, tan solo un día después de insistir en que la guerra en Irán «no es una guerra de Europa».