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Gustavo Morales
CrónicaGustavo Morales

La competencia global por el Ártico: Groenlandia puede ser la «nueva Arabia Saudí» de la era tecnológica


​Si no se reactiva la diplomacia ártica, el norte del planeta puede convertirse en el siguiente y principal foco de tensión geopolítica del siglo XXI.

Vladimir Putin durante una visita a una instalación militar en el puerto de Murmansk, en el Círculo Polar Ártico

Vladimir Putin durante una visita a una instalación militar en el puerto de Murmansk, en el Círculo Polar ÁrticoSergei Karpukhin / AFP

El Ártico se ha convertido en uno de los espacios geopolíticos más disputados del mundo, impulsado por tres factores clave: Un deshielo acelerado que abre nuevas rutas marítimas que pueden acortar los transportes navales. El acceso a recursos estratégicos (petróleo, gas, tierras raras, uranio) y las ventajas militares de acortamiento de vuelo de misiles y de vigilancia global en un corredor cercano a Rusia, EE. UU., Canadá y el norte de Europa.

Hoy, el Ártico es una zona de competencia creciente, con riesgo real de fractura del orden vigente.

La potencia dominante ahora es Rusia, sigue siendo el actor con mayor capacidad militar y logística por su situación geográfica y porque dispone de la flota de rompehielos, algunos nucleares, más poderosa del mundo y bases militares modernizadas, lo que le da el control de facto sobre la ruta marítima del norte.

En 2025, Moscú reafirmó su estrategia de ampliar su presencia económica y militar, defendiendo la Ruta del Norte como un espacio de soberanía nacional y criticando la «politización occidental» del Ártico.

A pesar de sufrir sanciones y aislamiento, Rusia busca nuevos socios y acuerdos bilaterales, incluso explorando cooperación puntual con EE. UU. en energía y comercio árticos.

Los intereses de Moscú son el control de rutas marítimas, la proyección militar y las inversiones en extracción de gas, petróleo y minerales, a eso se añade la contención de la OTAN en el Flanco Norte.

Estados Unidos busca la recuperación de su liderazgo estratégico por lo que está intensificando su interés por el Ártico para «competir con Rusia y contener a China». Washington busca reforzar su presencia militar en Alaska y Groenlandia, punto estratégico que acorta el vuelo de los vectores de proyección, además de reducir la dependencia global de China en minerales críticos y evitar que Moscú y Pekín establezcan un eje dominante en la región.

El caso Groenlandia es relevante: EE. UU. considera la isla como crítica para su seguridad; incluso sus declaraciones oficiales insisten en que, de «una forma u otra, debemos asegurarnos de que sea parte de la esfera estadounidense». Sus intereses buscan la continuidad de bases estratégicas como Thule / Pituffik, con un sistema de alerta temprana de misiles balísticos. También busca el control de rutas transárticas; y no son ajenos a la minería de tierras raras y recursos energéticos, a lo que se añade disuadir a Rusia y China ahora que se define como la «potencia casi ártica» pese a no serlo. China busca acceso a recursos y rutas comerciales que se manifiesta en inversiones en Groenlandia, Islandia y Rusia; Pekín busca minerales raros para romper la dependencia externa y no menos importante su agenda de la Ruta de la Seda Polar.

China pudiera estabilizar la debilidad rusa para ganar una posición más fuerte en el norte lo que le daría acceso a recursos estratégicos; control parcial de rutas marítimas emergentes y expansión tecnológica e infraestructura polar.

Por su lado, Canadá intenta equilibrar su alianza con EE. UU. con la necesidad de proteger su soberanía ártica.

Ottawa busca elevar su inversión en infraestructuras y minería y considera el Ártico parte de su identidad nacional, teme tanto el avance ruso como el creciente interés chino

Dinamarca y Groenlandia son ahora el punto de fricción más delicado, dado que Groenlandia posee enormes depósitos de tierras raras, uranio, la mayor mina a cielo abierto y minerales estratégicos.

Los expertos advierten que es un «repositorio de metales críticos» clave para Occidente; además, la apertura gracias al deshielo la hace extremadamente disputada.

EE. UU. y China buscan influencia sobre su gobierno autónomo.

También los discursos soberanistas estadounidenses en 2025 generaron tensiones por evidenciar ambiciones de «adquisición» sobre la isla.

Otros actores en presencia son los países escandinavos y la OTAN: por seguridad colectiva, Noruega, Suecia y Finlandia afrontan directamente la militarización rusa. Por el preocupante incremento de bases y patrullas rusas, el aumento de ejercicios militares aliados en el norte y la vigilancia sobre la actividad china en minería y puertos.

El conflicto potencial se intensifica por las rutas marítimas existentes: paso del Noreste (Rusia)

Paso del Noroeste (Canadá) y las emergentes: Ruta Transpolar (próxima en décadas): El deshielo reduce miles de kilómetros de navegación entre Asia y Europa. Esto convierte el Ártico en una autopista geoeconómica del siglo XXI.

El Ártico contiene petróleo y gas, tierras raras y uranio, gemas y metales estratégicos, recursos esenciales para la transición energética y la tecnología avanzada, lo que intensifica la rivalidad entre EE.UU., China y Rusia y la UE por conseguir los recursos, privar de ellos a sus contrincantes como por la hegemonía.

Esto supone una militarización creciente, dado que Rusia amplía bases y sistemas defensivos, mientras la OTAN responde aumentando ejercicios árticos y EE. UU. reactiva la defensa del extremo norte.

Los riesgos estratégicos a medio plazo son el colapso del Consejo Ártico, donde los países de la OTAN son mayoría. Además, las tensiones de la guerra de Ucrania han paralizado el foro de cooperación que mantenía la estabilidad.

Se producen transacciones bilaterales que excluyen a Europa: EE. UU. y Rusia han reabierto conversaciones discretas que preocupan a la UE.

La escalada militar accidental presenta una amenaza, por lo que cualquier incidente naval o aéreo entre la OTAN y Rusia podría derivar en un conflicto más amplio.

El Ártico ha pasado de ser un espacio de cooperación científica y paz relativa a convertirse en un tablero estratégico global donde se cruzan las ambiciones de Rusia por dominar rutas y recursos, el intento estadounidense de mantener su hegemonía, la entrada silenciosa pero decidida de China, las vulnerabilidades de Groenlandia y Canadá, el papel decisivo de los nórdicos y la OTAN.

Si no se reactiva la diplomacia ártica, el norte del planeta puede convertirse en el siguiente y principal foco de tensión geopolítica del siglo XXI.

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