El periodista Henrique Cymerman y el Papa Francisco
Henrique Cymerman: «El Papa Francisco tuvo un papel extraordinario que hay que agradecerle eternamente»
Henrique Cymerman es uno de los mayores expertos en la realidad de Oriente Medio. Ha cubierto la región durante tres décadas para numerosas televisiones de varios países. Esto le ha permitido forjar relaciones de confianza con sus principales líderes políticos. Ha recibido más de veinte premios por su labor periodística y por la defensa de los derechos humanos.
El Papa Francisco lo designó «Ángel de la Paz» (además de embajador personal) por organizar la primera plegaria por la paz entre los presidentes Shimon Peres y Mahmud Abás. Es conferencista en foros internacionales sobre la relación entre Israel y el mundo árabe. Ha escrito media docena de libros y participó en la génesis de los Acuerdos de Abraham. Su última obra es El enigma Israel, publicada en octubre de 2025.
–¿Usted tuvo una relación cálida y cercana con el Papa Francisco, que podría compartir sobre su persona? Incluso lo presentó como su candidato al Premio Nobel de la Paz.
–Con el Papa Francisco inicié una relación cuando fue elegido, en el 2013, porque me conocía de la televisión. Me invitó al Vaticano junto con su gran amigo el rabino Abraham Skorka. A lo largo de los años labramos una relación muy cercana y en los últimos tres años nos veíamos una vez al mes. Me invitaba a su residencia de Santa Marta, en El Vaticano –era una de las pocas personas que entraba allí–, donde vivía. Trabajé con él en una serie de proyectos sobre Israel y el mundo árabe. Entre otras cosas organicé la «Plegaria por la Paz», que ahora parece algo surrealista y lejano, entre los presidentes Shimon Peres y Mahmud Abás; pero muchas cosas más. Algunas de ellas aún no ha llegado el momento de contarlas, pero espero que en el futuro sea posible hacerlo.
Debo decir que en los últimos años el Papa se convirtió en un gran amigo. Creo que fue incomprendido por algunos sectores de la sociedad judía en el mundo, que no entendieron algunas de sus declaraciones, pero era un hombre cuya misión y cuyo legado era concluir conflictos o al menos reducirlos en la medida de lo posible. Sea con el mundo judío, con el mundo ortodoxo cristiano o en distintos conflictos en el mundo, como Ucrania. En Oriente Medio le ayudé en una serie de proyectos en Arabia Saudí y otros países de la región.
Yo vi que Francisco tuvo un papel extraordinario en lo que concierne a la liberación de los rehenes israelíes –251– llevados a Gaza. Es el estadista internacional que recibió mas delegaciones de familiares y que, frente a mi, llamó a líderes mundiales como el presidente de Estados Unidos, el emir de Qatar y el presidente de Egipto, para influenciar y lograr su liberación. Esto es algo que hay que agradecerle eternamente.
–¿Qué opina sobre la política de Pedro Sánchez y su Gobierno contra Israel?
–Creo que el presidente Sánchez se ha colocado del lado equivocado de la historia. Permitir manifestaciones de grupos vinculados a Hamás, en Madrid, en los aniversarios de la mayor masacre de judíos tras la Segunda Guerra Mundial me parece un error garrafal, incluso cuando lo que quieres es mantener viva una coalición política con la extrema izquierda, con los pequeños partidos de Podemos y Sumar, que no aceptan la existencia misma de Israel. Tiene que haber límites. Hay un claro oportunismo aquí, y sobre todo 40 años después del establecimiento de relaciones entre España e Israel. Este Gobierno pensaba en cómo llegar a una ruptura. España fue el ultimo país de Europa que reconoció a Israel y quería ser el primero en romper relaciones con Israel. Esto no es aceptable.
Siento que en España hay mucha oposición a ello. El vínculo histórico y actual entre ambos países es muy notable. Es importante, a pesar de haber sectores que han pecado, pecan y pecarán de antisemitismo. El Papa Francisco me decía siempre que es legítimo criticar la posición de un Gobierno determinado. Nosotros aquí lo hacemos continuamente, pero no poner en duda el derecho del Estado de Israel a existir. Eso era, según Francisco, antisemitismo. Hay sectores en España que están pecando de ello, y el canciller Guideon Saar y las organizaciones que lo dicen tienen razón cuando lo afirman.
Nunca es tarde para rectificar, creo que ha llegado el momento de poner fin a este intento de divorcio. España e Israel pueden tener un papel muy importante en el futuro, una colaboración profunda y además Madrid puede contribuir a la paz en Oriente Medio. Me duele mucho si se queda fuera de la mesa en la que se va a delinear el futuro regional.
El presidente Sánchez se ha colocado del lado equivocado de la historiaPeriodista y escritor
–¿Cómo ve la guerra en Irán?
–En cuanto a Irán el problema está en la cobertura periodística que es superficial y muchas veces parcial. Hay un país, Irán, controlado por un Gobierno chií islámico radical, teocrático, cuya doctrina dice sin esconderlo que hay que destruir a un Estado que está a dos mil kilómetros, por todos los medios. Y para ello deben obtener poder nuclear, desarrollar misiles balísticos y hay que crear un círculo de fuego alrededor con proxies que asfixien ese país. Si España estuviese en una situación similar reaccionaría igual que Israel.
Irán es la amenaza número uno para su existencia. Hoy en día es una guerra cara a cara, y el resultado es que Israel controla el espacio aéreo persa desde hace un mes. La superioridad israelí es notable, pero no es una guerra total y el régimen iraní es de una minoría aunque la mayoría quiere un cambio. Pero no se puede derribar solo con ataques aéreos. Es un proceso que podría tardar años, como en la URSS o en Siria. El régimen está debilitado como nunca, pero aún tiene un grado de resiliencia que dificulta la situación. A pesar de que han perdido la mayoría de su cúpula rápidamente, pueden terminar la guerra sin caer, aunque espero que ya no puedan ser una amenaza para nadie.
–Si el régimen iraní no cae, ¿se puede pensar que la guerra fracasó?
–No, si el régimen no cae en esta etapa ello no quiere decir que fue un fracaso. Estamos ante una guerra a largo plazo, ellos seguirán amenazando al mundo democrático, seguirán combatiendo a los infieles –que son los cristianos y judíos–, porque tienen una visión fundamentalista. Quizás pueda haber un cambio del régimen desde dentro, un «Gorbachov iraní». Todo es posible, sin embargo esta guerra trató los temas más urgentes, alejando el peligro de que logren bombas atómicas, lo que sería un riesgo para todo el mundo occidental. También se está debilitando su capacidad balística, que para los que vivimos en Tel Aviv vemos que es muy destructiva y también un peligro para Europa, pues poseen misiles de largo alcance.
–¿Tiene Trump a su juicio metas claras, o van variando permanentemente? ¿Podría abandonar la guerra y dejar a Israel sólo?
–Trump empezó la guerra para ocuparse del tema nuclear, de los misiles y el «circulo de fuego» alrededor de Israel. Pero se ha convertido en una guerra económica. Ahora es la guerra del estrecho de Ormuz y de la isla Kharg, por donde pasa el 90 % del petróleo iraní. Es una amenaza para la comunidad internacional que haya un «estrangulamiento» del 20 % del petróleo y el gas, donde los ayatolás están actuando como la mafia, cobrando dos millones de dólares a cada barco. Es una situación insostenible. Israel tiene, ante todo, intereses de seguridad, es decir extraer lo que queda de uranio enriquecido fuera de Irán.
Estados Unidos tiene también intereses económicos, Trump quiere controlar la energía mundial, pero también sus intereses políticos ante las otras potencias, sobre todo China y Rusia. En los últimos años estamos viviendo una segunda guerra fría. No creo que Trump abandone la guerra y deje a Israel solo, ese es también el miedo de los países del Golfo, que están siendo atacados por Irán continuamente y temen quedarse con un Estado que los puede atacar en el futuro. El tema tiene enorme repercusión regional y está creando una nueva coalición entre Israel y los países árabes.
–Usted tiene contacto fluido con gobernantes árabes, la política de algunos países es de colaboración disimulada en temas de seguridad con Israel, pero siguen invirtiendo en propaganda antisraelí y fomentando resoluciones críticas en los foros internacionales. ¿A qué se debe?
–El mundo árabe entiende desde 1973, tras la guerra de Yom Kipur, que no hay una solución militar contra Israel. Hoy en día me dicen los príncipes en Arabia Saudí y Emiratos que Israel es la potencia militar número uno entre Gibraltar e Indonesia. Por eso intentan a través del «clan saudí» estrategias de diálogo en las que puedan avanzar en acuerdo con la «start up» israelí y convertir los avances tecnológicos en una «región de start ups» y favorecerse todos de esta colaboración.
Los beneficios pueden ser muy altos, por eso se firmaron los Acuerdos de Abraham y por eso Emiratos Árabes Unidos se convirtió en el segundo país más importante estratégicamente para Israel después de Estados Unidos. También hay colaboración más disimulada con países del Golfo. Yo le llamaría la «Coalición de Abraham». Por los acuerdos firmados en 2020. En cualquier caso creo que, después de la guerra, es necesario que el nuevo liderazgo israelí que surja de las elecciones de este año intente en serio normalizar la relación con Arabia Saudí lo que sería realmente dramático, y con otros estados musulmanes como Indonesia.
En cuanto a la hostilidad de la prensa española en relación a Israel, es contraproducente para la causa de la paz. Provoca posiciones muy hostiles, apoyan a grupos islamistas radicales que defienden un tipo de vida que no es el de las naciones democráticas, como es el caso de Hamás o del régimen teocrático iraní. Eso aleja a España de toda posibilidad de mediar en el futuro. Yo recuerdo siempre el papel tan importante que tuvo desde la Conferencia de Paz de Madrid en 1991. Algo así hoy es imposible ante las posiciones de parte de la prensa y el Gobierno.
Creo que proviene de dos hechos: mucha ignorancia y también muchos estereotipos. No profundizan, salvo brillantes excepciones, pero muchos se limitan a citar fuentes de un lado sin ir al otro, omitiendo lo que no sirve a su narrativa. Eso no es periodismo. Mezclar opinión e información es algo que si se hace –especialmente en periodismo de conflicto– debe ser muy cuidadoso en la confirmación de los hechos.
Por ejemplo, pocos saben en España que la información desde Gaza proviene del Ministerio de Salud que maneja Hamás, y omiten que la mayoría de los muertos son terroristas aunque se vistan de civiles. Hay casos en que periodistas han sido «financiados» por Qatar o Irán. El abogado canadiense Warren Kinsella hizo un estudio y descubrió que las manifestaciones contra Israel empezaron en cientos de lugares del planeta de forma simultanea el día 8 de octubre de 2023. O sea 24 horas después de la masacre de Hamás, cuando Israel no había enterrado a sus víctimas. Un mes antes de la invasión israelí de Gaza. En todas esas manifestaciones, en los cuatro rincones del planeta, se usaron los mismo lemas y pancartas. Esto le demostró a Kinsella que era una acción planeada de antemano por mucho tiempo.
La manipulación de teléfonos y redes sociales son armas a veces más letales que un tanque o un avión F-15. La prensa en los países democráticos tiene la obligación de no caer en simplismos y propaganda, de evaluar la información de las dos partes. Espero que el resultado sea un proceso de reflexión de los medios de comunicación, que termine con los informes tipo «Mc. Donalds», que son un periodismo instantáneo y superficial.