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Zoé Valdés
AnálisisZoé Valdés

Crisis fiscal en Nueva York: Zohran Mamdani alerta de un «colapso» presupuestario y exige apoyo estatal

Mamdani aseguró que la ciudad afronta un déficit «mayor que cualquiera desde la Gran Recesión» y que el enfoque exclusivamente basado en recortes es insuficiente

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, en La Marqueta

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, en La MarquetaEFE

El alcalde de Nueva York afirma que la ciudad enfrenta el mayor desequilibrio desde la Gran Recesión y sostiene que los recortes no bastan sin nuevos ingresos y una «reestructuración» de la relación fiscal con el Estado. Era de esperar.

En las últimas semanas, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, ha endurecido el tono sobre las cuentas municipales al advertir de una «crisis presupuestaria de magnitud histórica» y de un escenario que, sin intervención externa, podría derivar en un colapso de la capacidad de la ciudad para sostener servicios y obligaciones. En distintas comparecencias públicas, Mamdani atribuyó la situación a una combinación de mala gestión previa, subestimación de gastos recurrentes y un desequilibrio estructural entre lo que la ciudad aporta al Estado de Nueva York y lo que recibe a cambio. Qué dijo Mamdani: «No se cierra el déficit sólo con ahorros».

Mamdani aseguró que la ciudad afronta un déficit «mayor que cualquiera desde la Gran Recesión» y que el enfoque exclusivamente basado en recortes es insuficiente. En esa línea, planteó que, para cumplir con la obligación legal de aprobar un presupuesto equilibrado sin «cargar» el ajuste sobre los trabajadores, la ciudad necesita nuevos ingresos y un replanteamiento de la relación fiscal con el Gobierno estatal en Albany. Las cifras detrás de la alarma: brecha multimillonaria y plazos presupuestarios

La Alcaldía sitúa el agujero inmediato en torno a los 5.400 millones de dólares y ha reconocido, además, proyecciones de brecha acumulada significativamente mayores al mirar dos ejercicios fiscales. En este contexto, Mamdani y la presidenta del Concejo Municipal, Julie Menin, anunciaron una prórroga hasta el 12 de mayo para presentar el presupuesto ejecutivo revisado, con el objetivo de incorporar la ayuda estatal que están reclamando.

El diagnóstico del alcalde: herencia de mala gestión y «desequilibrio estructural». Lo normal. En su relato, Mamdani sostiene que el problema no responde a un bache puntual, sino a fallas acumuladas (lo de siempre, la culpa es de los otros): presupuestos crónicamente insuficientes y gastos recurrentes subestimados, que habrían «envenenado» los libros contables y ampliado la brecha real. A esto suma un argumento político de fondo: la ciudad –motor económico del Estado– enviaría a Albany más de lo que recibe de vuelta, una relación que el alcalde quiere «redefinir» para aliviar la presión sobre las finanzas municipales.

¿La hoja de ruta: eficiencia, ahorros y nuevos ingresos? Más pedidera a las arcas centrales del Estado. La respuesta que plantea el equipo de Gobierno combina dos líneas. Por un lado, un plan de eficiencia interna: Mamdani pidió a las agencias municipales identificar ahorros por 1.700 millones de dólares sin tocar servicios esenciales, y ha impulsado mecanismos para detectar recortes recurrentes y «hacer que cada dólar» rinda.

Por otro lado, el alcalde insiste en que los recortes no bastan y que se requieren ingresos adicionales: ha reclamado más financiación estatal y ha propuesto ajustes tributarios orientados a que «los más adinerados paguen lo que les corresponde», incluyendo cambios en el crédito fiscal PTET y nuevas vías de recaudación que dependen, en buena medida, del aval del Estado. El choque político: ayuda estatal, impuestos y temor a la fuga de capitales, ah bueno…

El plan del alcalde abre un frente con Albany porque varias de sus alternativas –tanto las de nuevos ingresos como las de «recalibrar» la relación fiscal– requieren negociación estatal. En el debate público, la gobernadora Kathy Hochul ha mostrado resistencia a aumentar ciertos impuestos, mientras que críticos del sector empresarial advierten que subir la carga fiscal podría acelerar la salida de empresas y contribuyentes de altos ingresos.

La oposición también discute el origen del problema. Mamdani responsabiliza a la Administración anterior de Eric Adams por haber dejado compromisos subfinanciados, mientras que el exalcalde y sus aliados sostienen que se dejaron reservas y cuestionan la viabilidad de promesas de campaña que requerirían miles de millones adicionales.

¿Qué viene ahora? Negociación, presupuesto revisado y el riesgo de un ajuste más duro. Con el calendario presupuestario en marcha, y la prórroga hasta el 12 de mayo, el margen de maniobra de Mamdani dependerá de cuánto consiga del Estado y de la credibilidad de su plan de ahorros. Si la negociación se empantana y los ingresos extra no llegan, aumentará la presión para buscar medidas más impopulares –desde usar reservas hasta recortes más profundos–, justo lo que el alcalde dice querer evitar para no trasladar la crisis a los servicios cotidianos de los neoyorquinos.

Más allá del cruce partidista, las declaraciones del alcalde ponen el foco en una pregunta central: si una ciudad con el peso económico y social de Nueva York puede sostener su modelo de gasto sin rediseñar ingresos, competencias y responsabilidades con el Estado. Para Mamdani, evitar un «colapso» no significa solamente una cuestión contable, sino la condición para preservar –y financiar– su agenda de asequibilidad sin degradar los servicios básicos. O sea, el cuento de la Buena Pipa con los socialcomunistas. Disfruten, neoyorkinos, lo votado.

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