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Alberto Reyes, sacerdote de la parroquia de Esmeralda, Camagüey, CubaMaría Bereijo / El Debate

Entrevista

Alberto Reyes, sacerdote cubano: «Nos sentimos arropados por el pueblo español, pero traicionados por la izquierda española»

Para el sacerdote cubano que nació y ha vivido toda su vida en una dictadura le indigna que las municiones que usa el régimen para reprimir las protestas procedan de España

El padre Alberto Reyes nació en 1967 en Camagüey, en la parte oriental de Cuba, ocho años después del triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel y Raúl Castro. Sus feligreses de la pequeña parroquia de Esmeralda tampoco conocen otro sistema político que no sea el comunismo y luchan todos los días por mantener encendida la fe cristiana que el régimen ha tratado de extirpar del pueblo cubano durante los últimos 67 años.

Reyes, de visita en Madrid donde ya hace muchos años estudió Psicología Clínica con los que complementó sus estudios de teología en Roma, señala sin ambages que los cubanos «no queremos el comunismo en Cuba, como pueblo queremos un cambio de sistema».

El sacerdote explica que si bien «la Iglesia no está llamada a hacer política partidista... si la Iglesia se calla, es cómplice de la injusticia» porque «ser apolítico sería decir a mí no me importa el sufrimiento de la gente y eso no sería coherente con el Evangelio».

–¿Cuál es el sentir de los cubanos en medio de la situación que viven hoy día?

–El sentimiento es igual en todo el país. Nosotros no queremos el comunismo en Cuba. A nivel de pueblo, creo que el 11 de julio lo dejó muy claro. Nosotros como pueblo, como mayoría, queremos un cambio de sistema, eso está claro.

Durante años han habido manifestaciones continuas en todo el país. La diferencia está en la desprotección. Como sociedad en general somos una sociedad desprotegida. En Cuba no hay un Estado de derecho. En Cuba una persona se manifiesta públicamente pidiendo libertad y te pueden meter preso y condenar a cinco, diez o quince años de cárcel tranquilamente, tengas la edad que tenga. De hecho, ahora está el caso de Jonathan Muir, un adolescente de 16 años que lo acusan de sabotaje. Un niño que en Morón fue con su padre a gritar pidiendo libertad.

–¿Por qué se ensañan incluso contra un adolescente?

–El caso de Jonatan es muy interesante porque es hijo de un pastor evangélico y tiene 16 años, con lo cual yo creo que Jonatan ha sido concebido por el Gobierno como una bandera, es decir, es una advertencia contra los jóvenes. Es una advertencia a los padres y es una advertencia a las iglesias. Ni siendo iglesia estás protegido y ese niño con 16 años está en una cárcel de máxima seguridad.

El otro día lo provocaron y terminaron golpeándolo. Y de momento nadie ha podido hacer nada, porque en Cuba no hay un Estado de Derecho y la sociedad civil es muy vulnerable, está muy desprotegida.

Alberto Reyes, sacerdote de la parroquia de Esmeralda, Camagüey, CubaMaría Bereijo / El Debate

–Nos llegan muchas noticias de La Habana, pero ¿qué pasa en ciudades más pequeñas como Camagüey?

–El Gobierno tiene más miedo que se tire a la calle La Habana que otros lugares. Entonces la diferencia estaría allí en que ellos hasta ahora han intentado que en La Habana se vaya la luz lo menos posible y que esté contenta lo más posible porque tienen mucho miedo de que si La Habana se tira a la calle es muy posible que todo el país la siga. De hecho, esto pasó el 11 de julio [de 2021]. Un pueblo de la zona de La Habana, el que empezó todo.

Tienen mucho miedo de que si La Habana se tira a la calle es muy posible que todo el país la siga

Entonces, por ejemplo, mi pueblo, donde yo soy cura, es un pueblo pequeño y la gente se siente muy desprotegida y piensa que sería muy fácil de controlar una manifestación. Entonces tiene más miedo, se aguanta más. En La Habana hay más gente, es otro ambiente. La diferencia está precisamente en el sitio. La Habana y Santiago son los dos lugares en los que tienen mucho miedo por lo que podría contagiar al resto de ciudades, pero a nivel de país el sentimiento es el mismo.

–¿Hay posibilidad alguna de que los cubanos puedan liberarse por sí solos de la dictadura?

–Los cubanos han hecho lo que han podido con los medios que han podido. Han hecho lo que han podido. Y el cubano se está expresando mucho en las redes. Está cada vez más con más libertad para hablar. Hay manifestaciones en todas partes, pero yo creo que sí hace falta una ayuda externa.

Si en Cuba hay un vacío de poder, va a correr la sangre

Por otro lado, vamos a suponer que existe otro 11 de julio, vamos a suponer que hay un estallido social que hace que el Gobierno abandone el país. Vamos a suponer eso. Y entonces ¿qué? ¿Dónde hay un liderazgo? ¿Cómo se controla el país? ¿Cómo se evita un vacío de poder? y ¿cómo se evita las venganzas personales? Porque en Cuba hay mucha herida y de hecho, a veces uno escucha por la calle una persona diciendo a la otra yo te voy a arrastrar por la calle. Es decir, si en Cuba hay un vacío de poder, va a correr la sangre.

En Cuba hay gente que ha hecho mucho daño y eso está ahí guardado

En Cuba hay gente que ha hecho mucho daño y eso está ahí guardado. Entonces, ¿Quién garantiza una transición pacífica donde se puedan limar las asperezas y poco a poco el pueblo pueda ir pasando a una democracia sin unas reacciones violentas? Esto es muy complicado. Entonces, sin una ayuda externa va a ser muy difícil lograrlo.

– ¿Por qué el régimen ha rechazado la ayuda humanitaria de 100 millones de dólares que EE.UU. propone que gestione la Iglesia Católica?

–Por un lado está el no poder apropiársela. Hace un tiempo alguien se comunicó conmigo para preguntarme sobre una ayuda humanitaria que había mandado Europa en conjunto con Canadá. Nadie ha oído hablar de esa ayuda. Obviamente no ha llegado nada al pueblo, al menos en mi pueblo no ha llegado nada. Yo empecé a llamar incluso a gente de La Habana. Nadie sabe de esa ayuda. Lo que sí se supo fue que una ayuda mandada por México la vendieron en tiendas en dólares.

Aceptar que esa ayuda la distribuya la Iglesia sería darle a la Iglesia un protagonismo que ellos no quieren darle en este momento

Por otro lado, en un momento donde el gobierno está en franca decadencia moral y la Iglesia que se ha mantenido ahí ayudando al pueblo en todo lo posible y ha tomado mucha relevancia, como alguien que ha ayudado al pueblo [permitir que gestione la ayuda] sería darle más protagonismo a la Iglesia en un momento donde lo que ellos quieren es quitarle protagonismo a cualquier otro agente y tenerlo ellos. Aceptar que esa ayuda la distribuya la Iglesia sería darle a la Iglesia un realce, un protagonismo que ellos no quieren darle en este momento.

Alberto Reyes, sacerdote de la parroquia de Esmeralda, Camagüey, CubaMaría Bereijo / El Debate

–¿Cómo valora el vínculo entre el pueblo cubano y el español en estos momentos?

–Yo creo que Cuba es la más española de las hijas y en Cuba crecemos llamando a España, la madre patria. De hecho, este es un tema donde yo no me voy a meter porque cada uno tendrá su opinión, pero cuando yo vine a estudiar aquí yo no era consciente de los separatismos españoles. Yo me enteré de eso aquí y me duele. Yo me di cuenta de que una España desmembrada a mí me afecta y yo crecí en el Caribe, pero toda la vida para mi España fue la madre patria. Y para el cubano España es una.

Una España desmembrada a mí me afecta y yo crecí en el Caribe, pero toda la vida para mi España fue la madre patria

Es un tema muy complicado, muy polémico y no es mi tema, pero a nivel personal ¿se imaginan una España desmembrada? Para mí es una España rota.

Cuando un español va a Cuba, yo creo que siente que algo mío está aquí y cuando venimos a España yo digo algo mío está aquí.

–Y con respecto a la posición del Gobierno de España con la situación de Cuba ¿Qué opina?

–Sentimos muy cercano al pueblo español y sentimos muy cómplice de la dictadura a la izquierda española. Y eso sí lo tengo que decir. Enterarnos que todo el avituallamiento represivo de Cuba vino de España, que todo lo que no sabíamos que teníamos y el 11 de julio lo vimos por primera vez en Cuba, una policía con trajes, cascos... todo eso vino de España. Las municiones llegaron de España y que haya políticos españoles que vayan a Cuba y vengan aquí a decir que Cuba es el paraíso tropical no indigna.

Que haya políticos españoles que vayan a Cuba y vengan aquí a decir que Cuba es el paraíso tropical no indigna

Entonces. Nos sentimos muy arropados por el pueblo español, pero nos sentimos traicionados por la izquierda española. ¿Por qué? Porque no han sido justos. Porque han promovido una idea de ese paraíso caribeño, feliz, comunista que no existe. Entonces, cada vez que vemos artistas españoles o políticos españoles hablar de las maravillas del comunismo en Cuba, nos llevan los demonios, eso nos duele mucho.