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Iraníes pasan junto a una fotografía del líder supremo iraní, el ayatolá Mojtaba Jamenei, en una calle de Teherán, Irán

Iraníes pasan junto a una fotografía del líder supremo iraní, el ayatolá Mojtaba Jamenei, en una calle de Teherán, IránEFE

¿Cómo puede responder Irán a una nueva oleada de ataques de Estados Unidos e Israel?

Donald Trump reveló este lunes que había cancelado en el último momento un bombardeo previsto para el martes contra la República Islámica. Oriente Medio se prepara ya para la reanudación de la guerra

La espada de Damocles pende sobre Irán. Las negociaciones entre Washington y Teherán para poner fin a la guerra y llegar a un acuerdo nuclear se encuentran prácticamente estancadas y el presidente estadounidense, Donald Trump, no destaca precisamente por su paciencia. Sin ir más lejos, este lunes Trump informó de que había suspendido un ataque contra la República Islámica previsto para el martes a petición de sus aliados del Golfo Pérsico. El republicano volvió a advertir de que, si no se alcanza pronto un pacto, su país retomará los bombardeos.

El régimen de los ayatolás ha contestado a estas amenazas asegurando que, en caso de que se reanude el conflicto, extenderá la guerra más allá de la región e insistió en que habrá «más sorpresas» para las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Mientras ambos países elevan la retórica, Pakistán –país mediador– intensifica sus labores diplomáticas para lograr que ese plan de 14 puntos no caiga en agua de borrajas, pero el tiempo corre en su contra. Trump reunió este lunes a su equipo de Seguridad Nacional para abordar nuevas opciones con respecto a Irán y, este martes, también mantuvo una «tensa» conversación telefónica con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

Según publicó este jueves The Wall Street Journal, Netanyahu arremetió contra el pacto nuclear para poner fin a las hostilidades y expresó su escepticismo ante cualquier acuerdo con la República Islámica. El republicano, por su parte, insistió en que está centrado en lograr un acuerdo que impida a Teherán hacerse con el arma nuclear. Con todo, una nueva oleada de ataques contra el país persa puede llegar en cualquier momento. Israel se encuentra en estado de máxima alerta y mantiene tropas y recursos militares estadounidenses desplegados en su territorio. Los países del Golfo Pérsico también están en alerta roja. El pasado fin de semana, un dron lanzado por milicias proiraníes en Irak impactó cerca de una planta nuclear en Emiratos Árabes Unidos.

Si finalmente Estados Unidos e Israel deciden reanudar la guerra, la teocracia islamista, a pesar de haber perdido la mayor parte de sus recursos militares convencionales, como su Fuerza Aérea o la Armada, aún cuenta con algún que otro as bajo la manga, como su capacidad de amenazar y hostigar a sus vecinos regionales, aliados de Washington, así como la opción de estrangular otra vía marítima crucial para el comercio mundial, que se sumaría al bloqueo del estrecho de Ormuz. Irán, asegura en redes sociales Hamidreza Azizi, experto en asuntos de seguridad iraníes del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, todavía puede lanzar «decenas o cientos de misiles al día».

En este mismo sentido, Alex Grinberg, experto en Irán en el Jerusalem Institute for Strategy and Security (JISS), durante un encuentro organizado en Madrid este martes por la Europe Israel Press Association (EIPA), apuntaba que la República Islámica ya no es tanto un peligro para la seguridad de Israel como sí lo es para los países del Golfo, ya que cuenta con un mayor número de cohetes y misiles de corto y medio alcance, a los que se suman los drones. El gran problema, señala Grinberg, es que los países árabes «no son capaces de unirse ni siquiera para hacer frente a la amenaza de Irán». Una nueva oleada de ataques contra estos Estados, sobre todo contra instalaciones críticas como yacimientos petrolíferos, refinerías o puertos, podría acabar arrastrando a países como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Arabia Saudí a una guerra que muchos líderes del Golfo han tratado de evitar.

Además, y como ya ha dejado caer en varias ocasiones, Teherán podría activar a sus aliados en Yemen, los hutíes, para cerrar el estrecho de Bab el Mandeb, una estrecha vía navegable que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y por la que transita una décima parte del comercio mundial. Esto se sumaría al bloqueo de Ormuz, por donde antes de la guerra circulaba un 20 % del crudo a nivel global y que ha provocado una crisis energética sin precedentes. Los rebeldes yemeníes ya advirtieron el pasado mes de marzo que tenían «las manos en el gatillo» y aseveraron que cerrar el estrecho «es una de nuestras opciones». Hasta ahora, la República Islámica se ha guardado esta carta, pero no dudará en utilizarla si la guerra vuelve a la región.

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