Simpatizantes hutíes portan armas durante una manifestación en la capital de Yemen, Saná
La entrada de los hutíes de Yemen en la guerra de Irán expande el conflicto y amenaza con agravar aún más la crisis energética
Al cumplirse un mes del primer ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, los rebeldes hutíes de Yemen decidieron sumarse a la guerra en Oriente Medio lanzando dos misiles contra el país hebreo. El portavoz de esta milicia, apoyada por la República Islámica, Yahya Sarea, advirtió de que continuarán con la ofensiva hasta que «cese la agresión» contra Irán y las organizaciones terroristas aliadas en el Líbano, Irak y Palestina. Tan solo horas antes, los rebeldes yemeníes ya habían amenazado con una intervención militar si más aliados de Washington se unían al conflicto.
Sarea, en un discurso televisado, aseguró que tenían «las manos en el gatillo». «Estamos librando esta batalla por etapas y cerrar el estrecho es una de nuestras opciones», aseveró este sábado el viceministro de Información de los hutíes, Mohamed Mansur, en referencia a Bab al Mandeb. Israel, por su parte, confirmó la intercepción de dos misiles lanzados contra el norte de su territorio, en lo que supone una nueva escalada en la guerra de Oriente Medio que, cada día que pasa, implica a más países.
La irrupción en el conflicto de la milicia proiraní de Yemen, un mes después de los primeros bombardeos israeloestadounidenses contra su benefactor, amenaza con estrangular aún más las principales rutas marítimas para el transporte de petróleo y otros bienes. Como ya hicieron en 2023, en apoyo a la organización terrorista palestina Hamás y en represalia por la guerra de Israel en la franja de Gaza, los rebeldes yemeníes impusieron un bloqueo al tránsito de todo tipo de buques por el estratégico estrecho de Bab al Mandeb. Un escenario cada vez más probable y que, además, amenaza con agravar aún más la crisis energética mundial que ya arrastra las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI).
Bab al Mandeb, en el mar Rojo, supone la puerta de entrada al canal egipcio de Suez, por donde circula el 12 % del comercio de mercancías marítimas del planeta, así como de petróleo. Asimismo, es el punto de cruce hacia el Mediterráneo y, por tanto, a Europa, separando el Cuerno de África de la península arábiga. En caso de que los hutíes cumplan con sus amenazas, los buques se verían obligados a rodear todo el continente africano, desviándose por el cabo de Buena Esperanza, lo que encarecería los costes de los fletes, provocando una subida de precios que, en última instancia, acabaría pagando el consumidor.
La misión naval de la Unión Europea, Operación Aspides, ya informó en la noche de este sábado de que el riesgo para el transporte marítimo comercial en el mar Rojo está aumentando tras la reanudación de los ataques de la organización proiraní. «Parece haber llegado el momento de que los hutíes se involucren activamente en el conflicto», ha apuntado Aspides, a través de un comunicado, donde recomienda a los buques que quieran atravesar Bab al Mandeb que «extremen las precauciones» e instó a los barcos vinculados tanto a Estados Unidos como a Israel a evitar la ruta «hasta que la amenaza disminuya». Hasta este sábado, los rebeldes de Yemen –catalogados como organización terrorista por Estados Unidos, no así por la Unión Europea– se habían mantenido al margen de la guerra en Irán.
En marzo de 2024, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una campaña de ataques aéreos durante dos meses contra posiciones de los hutíes –milicia que controla gran parte del país árabe, incluida la capital, Saná–, y que acabó en mayo con la declaración de un alto el fuego negociado por Omán. Trump aseguró entonces que los rebeldes se habían comprometido a detener sus ataques contra los barcos, una tregua que ahora, casi un año después, parece estar a punto de desmoronarse.
Para Danny Citrinowicz, analista del Atlantic Council, «el aspecto más trascendental de su participación no es el lanzamiento de proyectiles contra Israel, sino más bien su capacidad para interrumpir el tráfico marítimo a través del estrecho de Bab al-Mandeb y, por extensión, socavar la capacidad de Arabia Saudí para eludir el estrecho de Ormuz. La clave, como explicaba este sábado Citrinowicz en una publicación en su cuenta de X, será ver si los rebeldes yemeníes «intensificarán aún más la escalada atacando más directamente la infraestructura saudí y las rutas marítimas, o si conservarán esta capacidad como una palanca de presión adicional a medida que evolucione el conflicto».