El general Gadi Eizenkot, la nueva estrella en ascenso de la política israelí
Las expectativas alrededor de su figura siguen creciendo porque aparece como dirigente capaz de atraer votantes moderados de derecha, centristas desencantados e, incluso, sectores liberales preocupados por la estabilidad democrática
El Gral. Eizenkot durante una charla en el foro israelí de democracia
Gadi Eizenkot se ha convertido en la figura de mayor crecimiento dentro de la política israelí posterior al 7 de octubre de 2023. Su ascenso responde a una combinación poco frecuente en Israel: prestigio militar, imagen sobria, ausencia de escándalos personales y un perfil considerado «responsable», incluso por quienes no comparten sus posiciones políticas.
En un escenario dominado durante años por la polarización alrededor del primer ministro hebreo, Benjamin Netanyahu, Gadi aparece como una alternativa de seguridad sin el estilo agresivo de Netanyahu, ni la fragilidad electoral que afectó a dirigentes centristas anteriores. Un hombre de principios, honesto y de palabra. Un militar que –al contrario del primer ministro– no tiene un hijo viviendo en Miami e interfiriendo en la política local, sino que perdió al suyo en esta guerra contra el terror.
Nacido en Tiberíades en 1960 dentro de una familia judía marroquí tradicional. Eizenkot representa también un cambio sociológico importante. Su origen sefardí le permite conectar con sectores populares y conservadores donde tradicionalmente domina el Likud, el partido de Netanyahu. A diferencia de otros exgenerales percibidos como parte de la élite askenazí, Eizenkot proyecta una imagen más cercana al israelí medio.
Militar destacado
Su carrera militar fue larga y central dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Participó en operaciones en el Líbano, ocupó cargos de Inteligencia y comandó el frente norte antes de convertirse en jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019. Dentro del establishment de seguridad es considerado un oficial serio, metódico y prudente, especialmente en relación con Irán, Hezbolá y Gaza.
Su respeto dentro de Israel se fortaleció aun más después de la guerra iniciada tras la masacre de Hamás del 7 de octubre de 2023. Eizenkot integró el gabinete de guerra junto a Netanyahu y Benny Gantz, aportando legitimidad nacional en un momento extremadamente delicado. Sin embargo, con el paso de los meses, comenzó a diferenciarse públicamente de Netanyahu, criticando la ausencia de una estrategia política clara para el «día después» en Gaza y reclamando mayor responsabilidad estatal por los fallos de seguridad previos al ataque.
La muerte de su hijo Gal Eizenkot durante los combates en la franja de Gaza impactó profundamente en la opinión pública israelí. Muchos sectores vieron en él a un dirigente que hablaba sobre seguridad y sacrificio desde una experiencia personal real y no solamente política. Esa dimensión humana reforzó su credibilidad.
En 2025, decidió romper con el partido de Benny Gantz y crear su propia formación, Yashar (Derecho), un partido centrista y sionista enfocado en la seguridad, reformas institucionales y cohesión nacional. Las últimas encuestas muestran que el partido comenzó a crecer rápidamente, en algunos casos disputando el segundo lugar nacional detrás del Likud. El fenómeno es importante porque refleja el agotamiento de parte del electorado con figuras tradicionales, sean de derecha o de centroizquierda.
Gadi ocupa un espacio muy específico: centro pragmático con credenciales militares destacadas. No busca presentarse como hombre de izquierda ni derecha y evita posiciones radicales dentro del escenario. Defiende un Israel fuerte militarmente, rechaza concesiones precipitadas frente a Hamás y mantiene una línea dura frente a Irán y Hezbolá. Al mismo tiempo, habla de reconstrucción institucional, reducción de divisiones internas y reforma del vínculo entre religión y Estado, especialmente imponiendo el servicio militar a los jaredim (ultraortodoxos).
Su influencia política actual excede el tamaño real de su partido, porque muchos lo consideran potencial «hacedor de coaliciones». Sin Yashar no hay mayoría opositora posible para alcanzar los 61 escaños necesarios. En Israel, donde nunca un partido alcanza la mayoría absoluta, la capacidad de articular alianzas es decisiva. Eizenkot tiene un diálogo respetuoso con todo el arco opositor a Netanyahu: Yair Lapid, Naftali Bennett, Avigdor Liberman e incluso los Demócratas, el partido de izquierda liderado por el prestigioso general Yair Golan.
Una anécdota pinta el carácter de Golan: el mismo día del ataque de Hamás subió a su vehículo, cogió su arma y viajó –ya retirado– a la zona de la invasión terrorista en el sur. La zona estaba bloqueada por soldados para impedir el ingreso al área de combates. Un soldado joven lo detuvo y le explicó que no podía dejarlo pasar. Yair Golan lo miró serio y le dijo: «Nene, ¿ves el grado que tengo? Levanta ya la barrera porque voy a pasar». El soldado obedeció .
La discusión política en Israel gira precisamente alrededor de su futuro rol. Algunos analistas creen que podría terminar encabezando una gran alianza antiNetanyahu junto a Bennett y Lapid. Otros sostienen que Eizenkot quiere evitar aparecer subordinado a figuras «desgastadas» electoralmente. De hecho, rechazó públicamente propuestas para integrarse como «número dos» en una alianza liderada por Bennett. Esa decisión mostró ambición política propia y confirmó que se considera un candidato serio para liderar el próximo Gobierno. Su decisión depende de la evolución de las próximas encuestas. Si supera al nuevo partido Beyajad, seguro que exigirá encabezar la alianza opositora en lugar de Bennett.
Al mismo tiempo, sectores moderados valoran su tono calmado y reflexivo. A diferencia de otros dirigentes israelíes, donde las discusiones son muy duras, Eizenkot no utiliza discursos incendiarios. Su estilo recuerda más al de un comandante profesional que al de un político clásico. Para parte del público esto transmite calma y estabilidad; para sus críticos, en cambio, refleja falta de carisma o poca agresividad política frente a Netanyahu, considerado uno de los operadores más duros y experimentados del sistema israelí.
Buenas relaciones bipartidistas en Washington
Sus posibles alianzas dependerán mucho de la matemática parlamentaria. Hoy existen varios escenarios discutidos por los medios israelíes. Se contempla una coalición amplia de centroderecha y liberal entre Bennett, Lapid, Eizenkot y Liberman. A esta se sumaría –aunque sin fusionarse en un único partido– los Demócratas. Otro escenario incluye apoyo externo de un partido árabe moderado, aunque esto es un asunto sensible para los votantes nacionalistas.
En política exterior, Eizenkot es visto en Washington como un interlocutor serio y previsible. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuya sintonía política y personal con Netanyahu es bien conocida, ha declarado que tanto Bennett como Eizenkot son hombres con los que podría trabajar cómodo. Mantiene buena imagen en círculos militares estadounidenses y en sectores del establishment demócrata y republicano vinculados con la seguridad nacional. No posee la relación ideológica y mediática intensa que Netanyahu construyó durante décadas con el Partido Republicano, pero sí proyecta confianza técnica y moderación estratégica. Para muchos diplomáticos occidentales esto resulta atractivo en una etapa regional extremadamente difícil .
Dentro de Israel, su crecimiento también refleja un fenómeno más amplio: el retorno del prestigio militar como capital político tras la crisis de seguridad de 2023. Históricamente, muchos exjefes militares ingresaron en la política israelí, aunque no todos lograron un éxito duradero. Eizenkot intenta diferenciarse de experiencias anteriores mostrando una mayor preparación política y evitando los errores que perjudicaron a Gantz, especialmente la percepción de indecisión frente a Netanyahu. Parte de la sociedad israelí cree que aprendió observando esos fracasos.
Las expectativas alrededor de su figura siguen creciendo porque aparece como dirigente capaz de atraer votantes moderados de derecha, centristas desencantados e, incluso, sectores liberales preocupados por la estabilidad democrática. Sus desafíos son enormes: necesita construir maquinaria partidaria real, sumar líderes políticos experimentados y demostrar que puede transformar su prestigio militar en un liderazgo sólido .
En un Israel marcado por la guerra, el desgaste político interno y la búsqueda de nuevas personalidades, Eizenkot ya no es sólo un general respetado. Para gran parte del electorado se ha transformado en un candidato clave para definir el futuro político nacional.