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Eduardo Zalovich
AnálisisEduardo ZalovichTel Aviv (Israel)

La sociedad israelí quiere a los ultraortodoxos fuera del próximo Gobierno

La relación de los jaredim con el Estado de Israel es compleja. Una parte importante de ellos aceptó pragmáticamente la existencia del Estado y participa activamente en sus instituciones, pero sin adoptar necesariamente el sionismo clásico

Judíos ultraortodoxos protestan en Jerusalén contra la ley que podría obligarlos a prestar servicio militar

Judíos ultraortodoxos protestan en Jerusalén contra la ley que podría obligarlos a prestar servicio militarFadel Senna / AFP

La comunidad ultraortodoxa judía, conocida en hebreo como jaredim, es uno de los actores sociales y políticos más fuertes del país. Y el que mayor rechazo despierta. Durante décadas fue vista como un sector pequeño, concentrado en barrios religiosos y centrado en el estudio de la Torá (Biblia), pero el crecimiento demográfico, su disciplina política y la importancia de sus partidos en las coaliciones de Gobierno los transformaron en una fuerza central. Hoy representan el 14 % de la población, son 1,4 millones y las proyecciones indican que superarán el 16 % en 2030.

Los ultraortodoxos no forman un bloque homogéneo. Existen profundas diferencias culturales, religiosas y étnicas entre los askenazíes, originarios de Europa oriental y central, y los sefaradíes, provenientes de España y el mundo árabe. Sefarad es el nombre hebreo de España. También existen rivalidades entre corrientes, pero a pesar de esto comparten principios básicos: la prioridad total del estudio religioso, una visión conservadora de la sociedad, el deseo de preservar su identidad tradicional frente a la modernidad secular y la defensa de la autonomía educativa.

Las principales concentraciones de jaredim se encuentran en Jerusalén, Bnei Brak, Beit Shemesh, Modi'in Illit y Elad. Jerusalén tiene barrios emblemáticos como Mea Shearim, donde predominan grupos muy cerrados. Bnei Brak, cerca de Tel Aviv, es considerada la capital social y espiritual del mundo jaredí askenazí. Modin y Beitar crecieron rápido en los últimos años gracias a la alta natalidad y el menor coste de la vivienda. También existen importantes comunidades en Ashdod y Safed.

¿Quién los representa?

En el plano político, los dos partidos políticos que representan al mundo ultraortodoxo son Shas y Yahadut Hatorá (Judaísmo Bíblico). Shas representa a los sefaradíes. Fue fundado en los años ochenta bajo el liderazgo espiritual del rabino Ovadia Yosef, figura clave del judaísmo contemporáneo. El partido combina defensa religiosa con reivindicaciones sociales de los judíos orientales, históricamente rezagados. Su líder actual es Arie Deri.

Por otro lado, Yahadut Hatorá agrupa las corrientes ultraortodoxas askenazíes, en dos ramas: Degel HaTora y Agudat Israel. Dentro de este espacio existen tensiones entre rabinos lituanos y grupos jasídicos. Aunque se presentan unidos electoralmente, las rivalidades internas son constantes. Los rabinos tienen enorme influencia sobre las decisiones políticas y los dirigentes parlamentarios de sus partidos les obedecen.

La relación de los jaredim con el Estado de Israel es compleja. Una parte importante de ellos aceptó pragmáticamente la existencia del Estado y participa activamente en sus instituciones, pero sin adoptar necesariamente el sionismo clásico. Para muchos rabinos ultraortodoxos tradicionales, el verdadero reino judío sólo debe surgir con la llegada del Mesías. Esa visión explica que algunos grupos, como Neturei Karta rechacen símbolos estatales israelíes. Sin embargo, la mayoría de los dirigentes actuales participa plenamente en la política israelí y negocia presupuestos, leyes y ministerios con pragmatismo.

El debate sobre el reclutamiento jaredí es uno de los temas más explosivos de la política israelí

La gran diferencia con el sionismo religioso nacionalista es que los jaredim tradicionales consideran que el estudio de la Biblia protege espiritualmente al pueblo judío tanto como el Ejército lo hace físicamente. Esa idea está en el centro del conflicto permanente sobre el servicio militar. Desde 1948, miles de estudiantes de yeshivot (centros de estudio religiosos) recibieron exenciones militares para dedicarse al estudio. Lo que comenzó como una concesión limitada para algunos cientos terminó abarcando a decenas de miles de jóvenes. Actualmente el debate sobre el reclutamiento jaredí es uno de los temas más explosivos de la política israelí, genera fuertes choques y causa rechazo hacia ellos.

¿Se acerca la igualdad?

La guerra en la franja de Gaza y la prolongación de las operaciones militares aumentaron la presión de sectores seculares y nacionalistas que exigen igualdad de obligaciones. Los israelíes ven injusto que jóvenes laicos y religiosos sionistas sirvan durante años mientras miles de ultraortodoxos están exentos. Las protestas crecieron y el Tribunal Supremo cuestionó la legalidad de las exenciones automáticas. En respuesta, los partidos jaredim amenazaron varias veces con derribar al Gobierno si se imponía el reclutamiento obligatorio. En 2026, la tensión estalló y provocó el actual adelanto electoral para el 10 de septiembre. Si gana Naftali Bennett se terminan todos los privilegios. «Se puede servir a la patria y estudiar», ha defendido siempre Bennet.

El tema económico también genera debates. Muchas familias jaredim viven con ingresos bajos debido a que muchos hombres dedican su vida adulta al estudio religioso y participan poco en el mercado laboral. El Estado financia parcialmente escuelas religiosas, subsidios familiares, yeshivot y programas comunitarios. Los críticos sostienen que el modelo es insostenible y depende de fondos públicos. Sectores liberales y seculares denuncian que el sistema educativo ultraortodoxo dedica pocas horas a matemáticas, ciencias o inglés, complicando la inserción laboral.

Los dirigentes jaredim responden que su comunidad protege la continuidad espiritual judía y que la sociedad israelí necesita tanto fortaleza militar como identidad religiosa. También afirman que cada vez más ultraortodoxos trabajan en tecnología, servicios financieros y administración pública, aunque el cambio sigue siendo lento. En los últimos años surgieron programas específicos para integrar hombres y mujeres jaredim en la alta tecnología, manteniendo marcos religiosos.

Dentro del universo ultraortodoxo hay importantes diferencias culturales. Los askenazíes están más ligados a academias lituanas y corrientes jasídicas europeas, con estructuras muy jerárquicas. Los sefaradíes son generalmente más flexibles socialmente y mantienen mayores vínculos con judíos no religiosos. En términos políticos, Shas desarrolló una identidad más popular y social, mientras que Yahadut Hatorá tiene una orientación más cerrada.

También existen diferencias generacionales. Parte de la juventud comienza a buscar mayor integración económica y tecnológica. Algunos abandonan completamente la vida jaredí, fenómeno minoritario pero creciente. Organizaciones israelíes ayudan a quienes dejan comunidades cerradas y deben adaptarse al mundo secular.

Reducir su influencia

Desde la perspectiva de la sociedad israelí, los ultraortodoxos poseen una influencia política exagerada debido al sistema parlamentario y la necesidad constante de coaliciones. Tanto gobiernos de derecha como de centro o izquierda negociaron históricamente con Shas e y Yahadut Hatorá para lograr mayorías. A cambio, los partidos jaredim obtuvieron presupuestos, autonomía educativa y protección de intereses religiosos. La relación con la derecha nacionalista se fortaleció especialmente bajo el actual primer ministro Benjamin Netanyahu, aunque los ultraortodoxos no valoran mucho temas territoriales o diplomáticos. Su prioridad es defender su modo de vida.

En el mundo judío estadounidense también existen miradas diversas. Medios ortodoxos valoran la vitalidad demográfica y religiosa jaredí, viendo en ella una respuesta al secularismo y la asimilación. Otros sectores –liberales– observan con preocupación su peso creciente, las tensiones sobre derechos civiles y el conflicto entre religión y Estado.

El futuro depende de varios factores: demografía, integración laboral, educación y –en especial– servicio militar. El crecimiento ultraortodoxo continuará siendo uno de los fenómenos centrales de Israel. La gran incógnita es si esa expansión derivará en una integración gradual al Estado moderno o en una profundización de la separación. Algunos analistas creen que las necesidades económicas terminarán empujando a más jaredim hacia el trabajo y una integración social más amplia.

Lo cierto es que la comunidad jaredí debe ser considerada un actor clave. Su peso electoral, su crecimiento y la influencia en temas clave –educación, presupuesto, identidad, Ejército y relación entre religión y Estado– la colocan en el centro mismo del debate sobre el futuro de Israel.

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