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Verónica Ormachea
AnálisisVerónica OrmacheaEl Debate en América

Bolivia y su bloqueo interminable

La mayoría de los bolivianos –que sigue resistiendo con estoicismo la situación– pide con desesperación que se implemente la autoridad y se dicte el estado de excepción, que está contemplado en la Constitución Política del Estado

La gente hace fila para comprar pollo en medio de la escasez de alimentos causada por los bloqueos, en La Paz

La gente hace fila para comprar pollo en medio de la escasez de alimentos causada por los bloqueos, en La PazAFP

Bolivia está bloqueada desde hace 36 días. Miles de trabajadores se encuentran obstruyendo las carreteras impidiendo que circulen alimentos, medicamentos, oxígeno medicinal y gasolina. Existen 85 puntos de bloqueo en siete departamentos. La ciudad de La Paz, sede del Gobierno, es la más afectada al extremo que se encuentra sitiada.

Esto nos trae a la memoria el famoso cerco de La Paz en 1781 organizado por el aymara Túpac Katari quien apoyado por miles de indígenas cercó la ciudad provocando hambruna. También nos recuerda el asedio de Changchun en China, que instruyó Mao Tse -Tung, aunque en otra dimensión, por supuesto.

Aquella consistió en «sitiar y ahogar» que fue una táctica empleada por el comunista Ejército Popular de Liberación. Ocurrió que rodearon la ciudad bloqueando todos los accesos y prohibieron la entrada de alimentos. Murieron miles. La mayoría de los bolivianos somos rehenes de unos facinerosos orquestados por el expresidente Evo Morales y financiados por el narcotráfico.

Son grupos afines a la Central Obrera Boliviana y a la Federación Departamental de Trabajadores Campesinos Túpac Katari que han hecho un levantamiento popular exigiendo la renuncia del presidente Paz Pereira con el fin de empoderar a Evo Morales.

Éste vive en la clandestinidad, ya que está prófugo de la justicia acusado de presunta trata de personas.

El expresidente vive en la zona selvática del Chapare donde ha creado una republiqueta, un Estado dentro de otro, donde los cocaleros lo protegen y donde cultivan hojas de coca destinadas al narcotráfico. Bolivia es uno de los cuatro mayores países productores del mundo de hoja de coca.

¿Cómo se entiende que trabajadores que viven al día puedan estar sin trabajar durante más de un mes? Incluso la Policía detuvo a personas con grandes sumas de dinero en efectivo destinado a los bloqueadores.

Existen testimonios de ciudadanos que aseguran que los dirigentes les han ofrecido hasta 1.000 bolivianos al día por bloquear que son equivalentes a cerca de 100 euros. Otros dirigentes multan a sus afiliados si estos no asisten a las manifestaciones.

Siete personas han muerto porque los bloqueadores impidieron que se les trasladara para ser atendidos en hospitales. Lo peligroso es que ronda el fantasma de la guerra civil. Rodrigo Paz fue elegido constitucionalmente hace tan solo siete meses con el 54 % de los votos. Su abandono del poder sería un absurdo.

¿Qué hace el Gobierno? El Ejecutivo del presidente Rodrigo Paz insiste en dialogar, a lo que los obstructores se oponen.

La mayoría de los bolivianos –que sigue resistiendo con estoicismo la situación– pide con desesperación que se implemente la autoridad y se dicte el estado de excepción, que está contemplado en la Constitución Política del Estado.

El presidente teme que al convocar a las Fuerzas Armadas de la Nación para resguardar el orden haya muertos y heridos, como ocurrió en el pasado. Eso supondría para él y su Gabinete juicios y exilio. Hasta la fecha tres ministros han presentado su renuncia.

El Gobierno creó un corredor humanitario para que pasen medicamentos y alimentos, pero sin éxito. Buscaron el diálogo y encontraron dinamitazos y piedras.

El ambiente que se vive es angustioso y arbitrario. Existen 5.000 camiones varados en las carreteras cuyos chóferes viven en ellos hace más de un mes y no tienen alimentos ni servicios básicos. Uno de ellos murió por falta de atención médica.

Unos conductores bolivianos que se encuentran cerca de la frontera con Chile, fueron socorridos por sus colegas chilenos quienes les proporcionaron alimentos y agua.

El ambiente en la ciudad de La Paz es fantasmal y reina la incertidumbre. La urbe está vacía, paralizada. Pocos vehículos circulan por la falta de gasolina y diésel. Los ciudadanos no pueden llegar a sus puestos de trabajo ni los estudiantes a los colegios.

Las colas para echar gasolina ya no son de horas, sino de días. Los conductores del transporte público, que trabajan y que cuentan con esos ingresos, dejan sus vehículos en la cola con la esperanza de que llegue algún camión cisterna con combustible.

No hay alimentos básicos para la canasta familiar que son carne, leche y huevos. De pronto aparecen en el mercado negro a precios inalcanzables. ¿Qué hace la gente con escasos recursos?

Muchos comercios han cerrado sus puertas por temor a los allanamientos. Lo mismo ocurrió con muchos restaurantes ya que no tienen insumos que ofrecer en sus menús. La basura rebalsa de los contenedores porque los camiones recogedores no tienen gasolina para recogerla y se están creando focos de infección.

El Gobierno ha conformado el Consejo Económico y Social con el fin de debatir la crítica situación del país con las organizaciones sociales. Esta iniciativa, sin embargo, no ha tenido éxito ya que los grupos sociales rechazan el diálogo e insisten en la renuncia del presidente.

Esa fue siempre su intención ya que quieren que el Movimiento al Socialismo (MAS) retome el poder para obtener prebendas y reine nuevamente la corrupción.

El diputado Carlos Alarcón ha propuesto una salida a la crisis. Ha solicitado adelantar el referéndum revocatorio para el presidente, vicepresidente y los miembros de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Planteamiento fuera de lugar.

Es necesario dictar estado de excepción, para no seguir sacrificando a la mayoría de los bolivianos, víctimas de la situación y que están muriendo.

Paz Pereira anunció que enviará a la Asamblea Legislativa un proyecto de ley con el fin de normar la aplicación de los estados de excepción. El presidente Paz aparentemente prefiere que el pueblo boliviano resista con estoicismo la crítica situación en que se vive.

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