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Perú elige presidente entre la sombra de «sombrero luminoso» y la del padre de Keiko Fujimori

Los sondeos anuncian un escenario imprevisible o, para ser rigurosos, un futuro que depende de la intención de voto de una cuarta parte del electorado que se declara indeciso. Un dato anticipa que esta jornada puede pasar cualquier cosa: entre los dos candidatos no lograron ni el 30 % de los votos en la primera vuelta

Los candidatos a la Presidencia de Perú, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez saludando durante un debate presidencial en LimaEFE

Se supone que Perú conocerá hoy el nombre de su presidente para los próximos cinco años: Keiko Fujimori (Fuerza Popular) o Roberto Sánchez (Juntos por Perú). Se supone porque casi todo lo que tiene que ver con este proceso electoral es imprevisibles y surrealista.

La votación de la primera vuelta del 12 de abril se prorrogó un día más porque el material electoral, es decir, las papeletas, no llegaron a todos los colegios electorales. La compañía de reparto no disponía de suficientes furgonetas y en diferentes colegios se quedaron sin poder votar.

Las culpas y reproches se convirtieron en una batalla entre el Jurado Nacional Electoral y la ONPE (Organización Nacional de Procesos Electorales). Las denuncias por las irregularidades y fraude llegaron al fuero judicial y además del choque entre los dos organismos se produjo la explosión inevitable del ahora excandidato, Rafael López Aliaga (Renovación Popular).

El también ex alcalde de Lima está convencido –y hasta podría tener razón– de que le robaron las elecciones para favorecer a Sánchez, el candidato de izquierdas que promete sacar de la cárcel a Pedro Castillo, una nueva Constitución y pasarse por la Puerta del Sol de Tiwanaku los contratos internacionales de las empresas extranjeras y de las otras también.

Cinco semanas en difundir el resultado

El escrutinio de la primera vuelta fue, como el país, un caos y el resultado oficial no se conoció hasta el 17 mayo, cinco semanas más tarde la votación. El intento de remediar lo que pasó ese segundo domingo de abril, con la extensión de otra jornada de votación cuando ya se conocían los resultados parciales, no despejó las sospechas que persisten hasta hoy.

Aliaga insiste y lo reclama judicialmente, que el segundo puesto era suyo y debería ser el que compita en este balotaje con la moderadamente favorita, Keiko Fujimori, en lugar de Roberto Sánchez.

Su pretensión, a estas alturas, ya no tiene sentido, pero quedará reflejada en los libros de texto de historia. Como ya está que Perú lleva, prácticamente, un presidente por año de media.

La inestabilidad del país resulta abrumadora y el mapa legislativo, salvo que se imponga Keiko Fujimori, como anticipan con timidez los sondeos, garantiza que la dinámica de recambios presidenciales seguirá siendo la misma.

El partido de la hija del difunto Alberto Fujimori es el que tiene mayor representación legislativa y desde las Cámaras pone y quita presidentes, solo y con ayuda de otros. Este es uno de los reproches que le hacen a la hija mayor de «el chino» como se presentaba su padre en las campañas electorales.

En este periodo legislativo Perú recuperará el Senado (Fujimori lo suprimió en su autogolpe de 1992) y en ambas Cámaras Fuerza Popular logró la «primera minoría». Es decir, la bancada más numerosa. En el Congreso, con 41 de 130 escaños y en el Senado con 22 de 60. En ese escenario, a diferencia de Juntos por Perú, tiene mayor facilidad para hacer pactos y tejer acuerdos que le permitan, con la Constitución en la mano, declarar la «vacancia» del presidente por incapacidad moral, un concepto especialmente laxo en función de los intereses de una clase política permeable en extremo al sonido de las monedas.

La llave está en los indecisos

Hasta el último minuto antes de la veda, los sondeos arrojaron un escenario imprevisible o, para ser rigurosos, un futuro que depende de la intención de voto de de una cuarta parte del electorado que se declara indeciso. Un dato anticipa que esta jornada puede pasar cualquier cosa. Entre los dos candidatos no lograron conquistar ni el 30 % de votos en la primera ronda del 12 de abril.

Mientras los peruanos deciden a quién quieren o con quién se resignan a estar gobernados, la inseguridad sigue sumando guarismos. El años pasado se denunciaron 26.500 extorsiones de los grupos que exigen «peaje» para no ser asaltados y en Lima región se triplicó la tasa de homicidios con 23 por cada 100.000 habitantes, según datos oficiales.

Cosas de Perú, en este contexto el país creció un 3,4 % y puede presumir de tener la inflación más baja del continente de México a Tierra del Fuego.