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Pablo Uribe Ruan
CrónicaPablo Uribe RuanBogotá (Colombia)

El fenómeno De la Espriella abre una nueva era en la derecha colombiana

El outsider, que ganó la primera vuelta en Colombia, agrupa toda la derecha colombiana y es el favorito para ganar el 21 de junio la segunda vuelta, iniciando una era post Álvaro Uribe

Abelardo de la Espriella, candidato presidencial colombiano

Abelardo de la Espriella, candidato presidencial colombianoVanessa Romero / AFP

Abelardo De la Espriella ha despertado en la derecha de Colombia una emoción que no se veía desde la primera candidatura de Álvaro Uribe Vélez en 2002.

El miedo al neocomunismo, el desgaste ciudadano frente a la demagogia de Gustavo Petro y la necesidad de firmeza y seguridad han atraído a los colombianos que votaron masivamente por De la Espriella en primera vuelta, llamado a convertirse en el nuevo líder de la derecha nacional, un grado que estuvo única y exclusivamente en cabeza de Uribe durante dos décadas.

El líder del Centro Democrático (Uribe) concentró –tal vez porque era el único con capacidad para hacerlo– todo el capital político y popular de la derecha colombiana por más de 20 años, no porque los colombianos tengan una tendencia al caudillismo –de hecho son de los que menos la tienen en la región– sino porque su discurso, que consolidó una idea de desarrollo con seguridad, llegó en el momento en que las guerrillas amenazaban con tomarse Bogotá o Cali.

En una Colombia que ha cambiado, pero enfrenta desafíos similares, De la Espriella ahora ha logrado conectar con el mismo pueblo que tiene miedo y ganas de prosperar. Los colombianos quieren seguridad y la posibilidad de hacer negocios desde sus microempresas que, en el intento de generar prosperidad y fraternidad social, cargan con una de las tasas tributarias más altas de la región.

A punta de un gasto público desenfrenado, una patria subsidiada y beneficios legales para los criminales, Petro ha propuesto lo contrario. Un modelo que combina el etno-populismo de Evo Morales y Rafael Correa con el keynesianismo de Claudia Sheinbaum y los peronistas, creando una poli-crisis perfecta: crisis fiscal, crisis energética, crisis en salud y crisis en seguridad.

El petrismo deja el peor déficit fiscal registrado desde los tiempos de la Guerra de los Mil Días (1902), revivió conflictos étnicos, alimentó la lucha de clases, levantó las órdenes de captura contra narcoterroristas que estaban en unas supuestas negociaciones con el Estado generando más incertidumbre en las regiones y permitió que los grupos del crimen organizado crecieran un 78% –la lista es mucho más larga–.

Capturadas por la propaganda institucional y los ejércitos de bots en redes sociales, las bases petristas siguen leales a ese proyecto, como lo demuestran los resultados de la primera vuelta en la que Iván Cepeda Castro logró el 41% de los votos. Sin embargo, quedó de segundo lo que demuestra que Colombia no quiere más petrismo.

La mayoría de los colombianos ha votado por el orden, la autoridad y el equilibrio social, una receta que Abelardo de la Espriella presenta bajo los lemas de campaña «Firme por la patria» y «La patria milagro», una propuesta para un país que pocas veces se ha visto como un milagro y muchas veces como un problema.

Para llegar a la Casa de Nariño, De la Espriella ha entendido que, si bien las formas de la política importan, en el mundo de ahora tiene más peso el lenguaje digital y las consignas simples, por más que reduzcan los problemas complejos y suenen populistas.

Llamado el ´Tigre´, un apodo que sus seguidores en redes escogieron y que rememora el ´León´de Javier Mieli, Abelardo ha logrado capturar la atención de los colombianos con una campaña que ha tomado el simbolismo y la música de Milei en 2023 con la comunicación asertiva de Nayib Bukele y su mensaje a favor de la mano dura.

De la Espriella propone una Colombia moderna, prospera y segura que contrasta con el continuismo del petrismo a través de Iván Cepeda, un hombre que no sólo aparece en los computadores de la narcoguerrilla de las Farc como supuesto aliado, sino que cree en una peligrosa Constituyente como principio básico para la refundación de un país con un tufo de socialismo soviético (él estudió en Bulgaria).

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