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El Papa León XIV saluda a la multitud durante la audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro en el VaticanoAFP

Así late el pulso de la Francia que recibirá a León XIV

El Papa viajará en septiembre a un país en plena crispación política, estancamiento económico y secularización masiva, pese a algún repunte de los bautizos de adultos

Preguntado por El Debate, Aymeric Pourbaix, director del semanario France Catholique y presentador del programa En quête d’esprit (En búsqueda de espíritu) en el canal televisivo Cnews –ambos medios son propiedad del magnate conservador Vincent Bolloré– reconoce al presidente Emmanuel Macron el mérito de «haber trabajado junto con los arzobispos de París y Marsella» para conseguir que el Papa León XIV realice un viaje apostólico a Francia del 25 al 28 de septiembre.

Una estancia de cuatro días durante la cual se celebrarán elecciones, con la renovación de la mitad de los escaños de la Cámara Alta, como ocurre cada tres años mediante el sistema del sufragio universal indirecto. Pero con la diferencia, en esta ocasión, de que será la última cita electoral antes de unos comicios presidenciales que intervendrán en un clima de crispación política mucho más preocupante que el de hace cinco años.

Si ninguna de las mociones de censura presentadas desde 2022 –un récord en la historia de la V República– ha prosperado, se debe al consenso tácito entre las formaciones del «bloque central» –que abarca al macronismo así como al grueso del Partido Socialista y de las formaciones de centro derecha– para no provocar una desestabilización que podría adelantar la llegada al poder de la Agrupación Nacional o, incluso, de La Francia Insumisa. Menos aún forzar una dimisión de Macron, como se llegó a murmurar hace unos meses: semejante escenario podría desembocar en una crisis no ya política, sino de régimen.

León XIV es consciente de la crispación política que se encontrará nada más pise suelo galo. Mas se topará con otros consensos más vidriosos. Pourbaix explica que «el Papa tendrá que enfrentarse a una visión radical de la laicidad, que pretende excluir lo espiritual de la esfera pública y también tendrá que reafirmar el mensaje de la Iglesia de respeto incondicional a la vida, de principio a fin, mientras el Parlamento se prepara para ratificar, a marchas forzadas, la legalización del suicidio asistido y la eutanasia a lo largo de este verano». Una nueva vuelta de tuerca legislativa en materia antropológica tras la inscripción del aborto como «derecho constitucional» en marzo de 2024 con el voto a favor, entre otros, de Marine Le Pen.

«En el ámbito social», prosigue Pourbaix, «el Papa sin duda tendrá que recordar a Francia que su historia incluye brillantes ejemplos de la doctrina social de la Iglesia, como los empresarios católicos de finales del siglo XIX, contemporáneos de su predecesor León XIII, que fueron pioneros en sus empresas de todas las leyes sociales que protegían a los trabajadores». Con la diferencia de que el nuevo discurso se enmarcará en una economía globalizada y con perspectivas algo más pesimistas de lo inicialmente previsto, el Banco de Francia prevé ahora un crecimiento de tan solo el 0,5 % en 2026, frente al 0,9 % de hace unos meses.

Al igual que en España, el tema de la inmigración, un asunto sumamente delicado en el debate político, figurará sin duda en la agenda de las reuniones de León XIV con los gobernantes. Más en un país del que se puede decir que padece un lento pero irreversible proceso de islamización. Otra cosa es su impacto real. Pero lo cierto, según el instituto demoscópico Ifop, es que la proporción de musulmanes en la población adulta francesa ha aumentado del 0,5 % en 1985 al 7 % en 2025, lo que convierte al islam en la segunda religión más importante de Francia después del catolicismo (43 %), pero por delante del protestantismo (4 %).

Precisamente, el estado del cristianismo en la nación tradicionalmente considerada como «hija mayor de la Iglesia» será uno de los platos fuertes del viaje apostólico. Solo 6,3 millones de franceses, sobre una población de 68,5 millones de habitantes, se consideran «católicos comprometidos», según publicó el diario La Croix el pasado mes de diciembre. De esta cifra, solo la mitad acude con regularidad a la misa dominical.

Solo 6,3 millones de franceses, sobre una población de 68,5 millones de habitantes, se consideran «católicos comprometidos»

Mas se percibe desde hace algunos años un repunte en el número de bautizos de adultos. ¿Tendencia de fondo o movimiento pasajero? «Esta es, sin duda, una tendencia que se confirma año tras año y, por lo tanto, probablemente no sea algo pasajero», precisa Pourbaix. Se apoya en que «entre 2025 y 2026, el número de bautizos de adultos aumentó casi un 30 %, e incluso se ha triplicado en diez años. Se trata de una grata sorpresa, cuyas razones no parecen estar vinculadas a ninguna acción de las instituciones eclesiásticas, sino que sin duda responden a una necesidad vital expresada por los jóvenes de trascender el materialismo vacío, encontrar puntos de referencia sólidos para construir sus vidas y, además, mitigar el miedo al futuro alimentado por los medios de comunicación».

Con todo, aporta dos matices. En primer lugar, «esta nueva situación implica una gran responsabilidad entre los pastores de la Iglesia: la de acompañar y formar a estos jóvenes neófitos –como León XIV solicitó a los españoles– para que puedan echar verdaderas raíces en la vida cristiana ordinaria y cultivar una relación genuina con la persona de Cristo».

En segundo lugar, «cabe señalar que una gran proporción de estos nuevos cristianos, abandona toda práctica después de su bautismo… Para la Iglesia, esto corresponde, por tanto, a un profundo cambio cultural y misionero en comparación con una época en la que los practicantes habituales cumplían fielmente con su deber respecto de las prescripciones religiosas». Seguro que el Papa fijara pautas para responder al desafío.