Master Poulet, un restaurante de comida rápida especializado en pollo a la parrilla halal, en Saint-Ouen, París
Una pollería islámica genera una nueva brecha entre las izquierdas francesas
De un lado, los de Mélenchon, empeñados en proteger a sus votantes islamistas; del otro, un alcalde socialista algo aburguesado
Saint-Ouen-sur-Seine es un municipio de 50.000 habitantes situado al norte de París en la provincia de Sena-Saint-Denis. Es famoso por su rastro, el marché-aux-puces, que funciona de forma ininterrumpida desde 1870. Feudo comunista desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en 2014 eligió por primera vez a un alcalde de centro derecha, antes de decantarse por el socialista Karim Bouamrane en los comicios municipales de 2020 y 2026.
Un dato que no es baladí en una provincia en la que diez de los 12 diputados pertenecen a La Francia Insumisa (LFI), el partido de extrema izquierda encabezado por Jean-Luc Mélenchon. Los otros dos pertenecen a formaciones de izquierda radical. De ahí que la presencia de Bouamrane al frente de Saint-Ouen-sur-Seine haya convertido al municipio en un islote de moderación dentro de la Sena-Saint-Denis.
Es en este contexto que interviene la controversia desatada por la presencia de un establecimiento de la cadena de restauración rápida Master Poulet, especializada, como su nombre indica, en pollos. Ofrece productos a precios asequibles: el pollo asado entero se vende a 7,50 euros la unidad, el medio a cuatro euros, el muslo a 2,50 euros y el cuenco de arroz a dos euros. Sobre todo, todos estos alimentos están certificados como halal, es decir, cocinados con arreglo a los requisitos de pureza islámica. Nada extraño en las banlieues francesas de ahora.
Mas el alcalde Bouamrane alega que el establecimiento ha abierto sus puertas sin la preceptiva autorización municipal. Algo que niegan desde el establecimiento, con el apoyo masivo de LFI. En respuesta al arsenal legal desplegado por el municipio, el señor Poulet ha colocado numerosas pancartas (a veces provocativas) en la fachada de su restaurante, situado a pocos pasos del ayuntamiento. Una de ellas reza: «Estamos abiertos (...) le guste o no a Karim».
Lo que debía haberse ceñido a una mera disputa administrativa se ha convertido en una polémica que abre informativos a nivel nacional. Principalmente por la entrada en juego de Eric Coquerel, alto dirigente de LFI y diputado en la Asamblea Nacional por el distrito del que forma parte Saint-Ouen-sur-Seine.
Coquerel ha llegado a escribir una carta, que se ha encargado de difundir masivamente, al prefecto (equivalente a un delegado del Gobierno en España) de Sena-Saint-Denis en la que reclama que haga uso de sus competencias y anule las disposiciones de Bouamrane. En paralelo, LFI ha lanzado una intensa campaña en redes sociales en la que acusa al alcalde de «elitista» y de querer impedir la presencia de «restaurantes populares» para favorecer una gastronomía más cara y así ha facilitar a las nuevas clases más aburguesadas, aun así progresistas –los bourgeois bohèmes– que se ha afincado en Saint-Ouen-sur-Seine a lo largo de las dos últimas décadas.
Como observa el semanario de centro derecha Le Point, «En la ciudad de Karim Bouamrane, dos Francias acaban chocando, cruzándose sin llegar a coexistir realmente, reflejo de dos facciones de izquierda que ya no se entienden». «Por un lado», añade, «está la Francia de los suburbios obreros, a menudo de origen inmigrante, objetivo electoral de LFI. Encuentran en Master Poulet la promesa de comidas abundantes y asequibles, en un contexto de escaso poder adquisitivo».
«Por el otro, existe otro grupo demográfico. Sigue siendo popular, pero incluye a más directivos y profesionales. Más universalista y con la misma atención a la igualdad, también apuesta por una mayor calidad de vida». «Esta Francia», concluye Le Point «encuentra su voz en la de Karim Bouamrane, cuyo deseo de revitalizar Saint-Ouen es evidente. Justificó su oposición a Master Poulet por su preferencia por una mayor diversidad de oferta comercial en Saint-Ouen, la lucha contra la comida basura y las molestias que genera este tipo de comida rápida». Una polémica que podría extenderse a otros puntos del país.