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CrónicaEduardo ZalovichTel Aviv

Líbano e Israel firman un prometedor pero frágil acuerdo que evita, de momento, más enfrentamientos

El entendimiento fue impulsado por la administración americana y presentado como un marco para alcanzar una paz definitiva, reducir la tensión en la frontera norte de Israel y fortalecer la soberanía libanesa sobre su propio territorio

El secretario de Estado, Marco Rubio, testigo de la firma del acuerdo entre Israel y el LíbanoAFP

Tras varias reuniones oficiales y docenas de contactos informales, el tratado marco firmado entre Israel y el Líbano en Washington el viernes representa el mayor avance diplomático entre ambos países en décadas. El hecho constituye el intento más serio de transformar el alto el fuego –alcanzado meses antes– en un hecho político permanente.

El entendimiento fue impulsado por la administración americana y presentado como un marco para alcanzar una paz definitiva, reducir la tensión en la frontera norte de Israel y fortalecer la soberanía libanesa sobre su propio territorio. El acuerdo no es un tratado de paz pleno, sino una hoja de ruta condicionada al cumplimiento de compromisos de seguridad, especialmente relacionados con el futuro de Hezbolá, cuyo fanatismo y capacidad militar continúa siendo el gran obstáculo para una normalización completa.

Uno de los puntos centrales del tratado es el principio según el cual el Ejército libanés debe convertirse en la única fuerza armada con autoridad sobre el sur del Líbano, desplazando progresivamente a la milicia terrorista chiíta. Israel afirma que cualquier retirada adicional de sus posiciones de seguridad dependerá de la verificación efectiva del desarme o, al menos, de la pérdida de control operativo chií en las zonas fronterizas. Desde la perspectiva hebrea, el acuerdo busca impedir que el grupo satélite de Irán vuelva a reconstruir la estructura armada que le permitió el lanzamiento de cohetes, drones y ataques contra ciudades israelíes.

El secretario de Estado, Marco Rubio, desempeñó un papel clave durante la negociación. Diversas informaciones indican que intervino personalmente en las conversaciones con el primer ministro israelí Bibi Netanyahu y con el presidente libanés Joseph Aoun, para resolver desacuerdos de última hora y asegurar la firma del documento. Rubio presentó el tema como un primer paso hacia un Líbano soberano, estable y libre de la influencia militar iraní, insistiendo en que la recuperación económica y política del país depende de que el monopolio de la fuerza vuelva al Estado libanés, como es lo normal.

Hezbolá rechazó el acercamiento y cuestionó además cualquier medida que implique su desarme o la pérdida de su presencia militar en el sur del país. Dirigentes del movimiento sostienen que sus armas continúan siendo necesarias frente a Israel y advirtieron que cualquier intento de imponer el cumplimiento del acuerdo por la fuerza podría provocar una grave crisis interna. Esta negativa es el principal desafío para la implementación del entendimiento, ya que el grupo mantiene pese a los golpes una importante capacidad militar y considerable influencia política dentro del sistema libanés, aunque está en caída.

Esperanza y temor

Desde la línea editorial, medios como The Jerusalem Post, Ynet, New York Post y Axios coincidieron en presentar el acuerdo como una oportunidad estratégica para debilitar la influencia regional de Irán, mediante el fortalecimiento del Estado libanés y el aislamiento progresivo de su grupo satélite.

Se destacó que las conversaciones en Washington buscaban avanzar hacia una paz integral y un nuevo marco de seguridad entre ambas naciones. Axios puso el foco en el papel de la diplomacia estadounidense y en la importancia del acuerdo, como primer paso hacia una eventual normalización, aunque advirtió que el éxito dependerá de la capacidad del gobierno legitimo libanés para controlar efectivamente su territorio. El New York Post subrayó que el documento supone una derrota estratégica para Irán y Hezbolá, al reconocer la necesidad de que el ejército nacional asuma el control exclusivo del sur del país, como ocurre en cualquier estado soberano.

En Francia, Le Fígaro se centró en las implicaciones geopolíticas y en la estabilidad regional, destacando la importancia de preservar la soberanía del Líbano, al tiempo que reconoce que ningún proceso de paz podrá consolidarse mientras exista una organización armada paralela, con autonomía militar respecto al Estado. Esa visión combina el reconocimiento de las preocupaciones de seguridad israelíes con el análisis del delicado equilibrio político interno libanés.

En conjunto, el consenso predominante entre los medios especializados es que el entendimiento constituye una oportunidad histórica, aunque muy frágil. Existe coincidencia en que la clave del éxito no reside únicamente en la firma del documento, sino en su implementación efectiva sobre el terreno. Mientras el gobierno libanés logre consolidar el monopolio estatal de la fuerza y reducir la capacidad operativa del terrorismo, aumentarán las posibilidades de estabilizar la frontera y abrir una nueva etapa en las relaciones con Israel.

Sin embargo, mientras Hezbolá conserve su fuerza independiente y mantenga el respaldo estratégico de Irán –pese a estar debilitado–, persistirá el riesgo de nuevos choques que pueden poner en peligro tanto el acuerdo como toda perspectiva de paz definitiva. En concreto, el control de los peones libaneses de Teherán es la clave del futuro.