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El dilema de María Corina: ir o no ir a Venezuela sin el permiso de Donald Trump y Marco Rubio

El presidente de EE.UU. difícilmente aceptaría un gesto de desobediencia y previsiblemente, la soltaría la mano. Sin la de la Casa Blanca no tiene otra que valga lo mismo (Europa es una fantasía). Estaría sola y quizás, ya abiertamente fuera del tablero y en primer plato del menú del republicano. ¿Merecerá la pena?

Act. 29 jun. 2026 - 15:18

María Corina machado y Donald Trump en el despacho Oval

María Corina machado y Donald Trump en el despacho OvalComposición de David Díaz

Las redes sociales arden por Venezuela. El doble terremoto, que dejará un saldo de miles y miles de muertos, ha abierto las venas desangradas de un país que no es país desde hace 27 años. A medida que transcurren las horas, el dolor sustituye a la esperanza, el llanto a la ilusión de hallar un ser humano con vida y la ira a la desesperación.

No hay consuelo para un país que resistía, con expectativas de alcanzar una verdadera democracia, el modelo de «transición» impuesto por Washington. La tragedia les ha vuelto a recordar que el régimen no se ha ido, está maquillado y ha corrido el escalafón del poder con la figura reforzada de Delcy Rodríguez.

Las víctimas del terremoto, que de un modo u otro son todos los venezolanos, necesitan que paguen los responsables que han impedido que haya un sistema de servicios públicos decente, una sanidad que salve y no remate por falta de medios, unas infraestructuras sólidas, unas fuerzas de seguridad y un Ejército que proteja, cuide y auxilie a los ciudadanos en lugar de saquearles hasta en la desgracia, como vemos estos días.

La gente mira al Palacio de Miraflores y sabe que allí están los culpables de que tengan menos que nada. La «presidenta encargada», a pesar de tener acordonada la zona, sintió el abucheo de los venezolanos en una aparición fugaz en el epicentro del caos. El régimen, mientras sigue robando, sólo quiere mostrar lo que le interesa y ese fragmento se recortó en sus medios.

El Gobierno ha prohibido la entrada en la «zona caliente» a la prensa internacional, ha creado una base de datos de los periodistas, les exigió facilitar hasta su grupo sanguíneo (lo mismo intentó hacer la Argentina de los Kirchner) y como cuenta Paulina Sodi, de Univisión, les comunicó que no tienen libertad de movimiento, que para ir a las zonas afectadas deberán hacerlo en dos turnos en camiones asignados y en el itinerario establecido. Además, todos están obligados a portar unas pulseras rosas para estar identificados/controlados.

El volcán de Palma o la Dana son las dos últimas calamidades que azotaron a España. En ambos sitios estuvieron los reyes y el presidente Pedro Sánchez que, en un escenario peor todavía que el de Delcy Rodríguez, salió «por patas» de Paiporta. Pablo Casado y Alberto Núñez Feijóo, como líderes sucesivos de la oposición, también acudieron a mostrar su solidaridad, dar consuelo y mostrar sus respetos. Dicho de otro modo, a transmitir el mensaje de que no estaban solos, que a ellos les importaban y sentían lo que estaba pasando.

María Corina Machado están intentando hacer lo mismo, acercarse a su tierra y estar con los venezolanos. Bloomberg y The New York Times publicaron que mantuvo varios charlas con el presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, donde le transmitieron su negativa y echaron por tierra sus planes de entrar por Curazao. Reuters cita, además, dos fuentes oficiales de Washington que expresaron el malestar generado en el Gobierno por la insistencia de la líder de la oposición de volver a Venezuela en plena catástrofe. ¿Cuándo si no?, se pregunta ella en la Fox mientras reitera que es ahora, que «ha llegado el momento» de estar con los suyos.

Machado salió de Venezuela a recoger el Premio Nobel de la Paz con la protección de Estados Unidos. Una vez fuera, tras pasar casi dos años en la clandestinidad, no se cansó de repetir que volvería a su tierra de común acuerdo con Washington, pero la Casa Blanca le vuelve a dar largas, mientras Trump tampoco se cansa de celebrar a sus «nuevos y grandes amigos» como Delcy Rodríguez.

La promesa de la Administración republicana de que habrá elecciones en Venezuela sigue sobre la mesa, pero la fecha es un misterio. El proyecto, en teoría compartido, de padrón depurado y que los exiliados, cerca de nueve millones, puedan votar parece haber quedado en un plano marginal, como pareciera que Washington está colocando a Machado que, quizás, tiene motivo para sentirse utilizada y engañada.

En las redes sociales se enfrentan los bloques. Los que piden que María Corina vuelva, los chavistas que no la quieren ver y los que le reprochan su ausencia. Ella, duda. Podría entrar como muchos venezolanos, por las «trochas» (pasos rurales). El pueblo que la votó a través de Edmundo González Urrutia la recibiría con los brazos abiertos esperando el consuelo que no tiene. Tendría la ilusión de que no está dicha la última palabra y todo puede cambiar. Pero también el régimen bolivariano, sin la protección de la Casa Blanca, podría localizarla y hacer que su futuro fuera un accidente mortal.

Donald Trump difícilmente aceptaría un gesto de desobediencia semejante y previsiblemente, la soltaría la mano. Sin la de Estados Unidos no tiene otra que valga lo mismo (Europa es una fantasía). Estaría sola y quizás, ya abiertamente fuera del tablero y en primer plato del menú del republicano. ¿Merecerá la pena? Ese es el doloroso dilema de María Corina Machado: ¿su gente o los que mandan de verdad?

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