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Los presidentes Volodimir Zelenski y Donadl Trump se saludanAFP

Zelenski gana enteros y Putin pierde fuelle: Moscú y Washington profundizan sus diferencias

El presidente de Ucrania recibe nuevas y mil millonarias inyecciones de dinero para armamento de la UE y de Washington y Trump lo recibirá esta semana

La vida da tantas vueltas que es difícil no marearse y mucho más si lo que tienes enfrente es una guerra donde está en juego tu propia existencia. Pero los grandes líderes aprenden a recuperar la verticalidad y a adaptarse a las circunstancias que les harán más fuertes. Lograrlo no es fácil, supone en no pocas ocasiones bajar la cabeza cuando sientes que la debes tener alta o simular que las ofensas no lo son.

Algo así es es lo que ha hecho Volodimir Zelenski con, al menos en este tiempo, buenos resultados. El presidente de Ucrania tuvo que humillarse ante Donald Trump y aguantar el chaparrón histórico que le cayó en la Casa Blanca la primera vez que fue a pedir más ayuda. Zelenski aprendió a dar las gracias constantemente y hasta a adaptar su uniforme oliva a las exigencias de J.D. Vance y de algún reportero estadounidense.

El presidente de Ucrania, al que en Moscú llaman «payaso», se dio cuenta de que había que bajar la voz, no mostrar su ira cuando Putin engatusaba a Trump y tener paciencia. Lo importante era esperar y seguir armándose y fabricando drones mientras trabajaba con sus aliados europeos, no demasiado útiles, pero necesarios y generosos con las finanzas.

En estos cuatro años largos de esta guerra Zelenski ha soportado los zigzagueos de Washington y resistido, como nunca imaginó Vladimir Putin, una invasión en la que la inmensa mayoría del planeta le veía derrotado en unabrir y cerrar de ojos.

La satisfacción a esa política parece que la empieza a encontrar ahora, cuando esa amistad peligros del presidente de Estados Unidos con el jefe del Kremlin ha comenzado a difuminarse.

Rusia y Estados Unidos están más lejos que nunca. El proceso de paz en Ucrania está estancado desde febrero y las puertas de la Casa Blanca se abren con más amplitud para Zelenski, que esta semana volverá a reunirse con Trump en Washington donde acudirá al funeral del senador Lindsey Graham, íntimo del republicano y vigoroso defensor de Ucrania.

Los compromisos alcanzados por Putin y Donald Trump, en la capital de Alaska (Anchorage), ya forman parte de un pasado olvidado. El conocido como «espíritu de Anchorage» que permitió a Putin volver al ruedo internacional y salir de su condición de marginado, ya no existe.

Los supuestos «acuerdos» nunca se hicieron públicos, aunque se había establecido la creencia de que, sugerida en varias ocasiones por Rusia, la retirada de sus tropas sería efectiva en cuanto los ucranianos le entregasen el Donbás.

Pero el tiempo y la guerra en Irán han puesto en un segundo plano el interés de Washington por seguir insistiendo y tolerando las artimañas del ex agente del desaparecido KGB, que insiste en hablar de «Operación militar especial» en lugar de llamar a las cosas por su nombre: guerra.

El hartazgo de Washington resultó evidente y manifiesto el pasado mes de junio. El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, como recuerda Efe, aseguró ante el Congreso que la campaña militar en Ucrania había sido un fracaso estratégico para el Kremlin y Rusia nunca ganaría la guerra.

El Kremlin dedujo que lo acordado en Alaska ya era papel mojado. Moscú comenzó a insistir en que, aunque Rusia sigue «abierta» a las negociaciones y lo considera una vía «preferible», continuará con su campaña militar hasta «la victoria final».

Rubio y su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, firmaron esta semana en Manila el acta de defunción de Anchorage en su primera reunión, desde septiembre de 2025, celebrada en el marco de la cumbre de ministros de Exteriores del Sudeste Asiático (ASEAN).

Rubio, que no renuncia al papel de mediador de la Casa Blanca, admitió no obstante que un futuro acuerdo de paz exige «nuevas ideas», ya que las anteriores están obsoletas. «Ciertamente, eso (Anchorage) no fue aceptable en su momento para Ucrania y no creo que lo vaya a ser ahora. De hecho, lo será aún menos», afirmó.

Lavrov recogió el guante, tachó por primera vez abiertamente de «fracaso» los «acuerdos de Anchorage» y añadió: «Debemos saber quién es el culpable». EE.UU. dijo que el presidente ucraniano, Volodímir «Zelenski, haría lo que Trump propuso. Bueno, no funcionó», dijo Lavrov señalando a la Casa Blanca.

«Este rechazo arrogante –continuó– a la propuesta estadounidense se debe en gran medida a que Zelenski está recibiendo un suministro masivo de armas y enormes cantidades de drones, que utiliza para desestabilizar la Federación Rusa atacando a civiles y objetivos civiles».

A renglón seguido el eterno ministro de Exteriores (lleva 22 años en el cargo) añadió: «una parte significativa de este apoyo» es la propia ayuda estadounidense, que incluye respaldo de inteligencia y de la red satelital Starlink, de Elon Musk.

EE.UU. reconoce que su mediación no ha prosperado y que habrá que volver al punto de partida. El naufragio de las conversaciones comenzó a sentirse en febrero de 2025 con la primera visita al Kremlin del negociador de la Casa Blanca Steve Witkoff. Le seguirían media docena de viajes, el último en enero pasado.

En los últimos ocho días «el payaso» de Ucrania asestó golpes demoledores a Rusia. Desde el Kremlin observaron las incursiones en Moscú de su enjambre de drones, los mismos que han arrasado con los depósitos de Wildberries, el Amazon ruso, en media docena de regiones rusas.

La Unión Europea volvió a aprobar para Ucrania un nuevo paquete para armamento de 90.000 millones de euros, iniciativa a la que se sumó Reino Unido y Estados Unidos autorizó la venta de sistemas de defensa antiaérea de misiles Patriot por más de 100 millones de dólares.

Es cierto que Ucrania no va ganando la guerra, pero su posición mejora y Donald Trump no solo no le ha hecho ningún feo sino que, una vez más, le recibirá está semana en su despacho. Y eso, quizás, será motivo de poca risa para Putin.