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Reunión con Delcy Rodríguez y delegación israelí del 22 de julio, tras el doble terremotoMinisterio de Comunicación de Venezuela

Israel regresa a Venezuela tras 17 años de ruptura ¿Qué pasará ahora con la alianza Caracas-Teherán?

Durante décadas hubo cooperación en agricultura, tecnología, ciencia y cultura, hasta que llegó el dictador Hugo Chávez que alineó a Venezuela con Irán

El restablecimiento de la relación diplomática entre Venezuela e Israel es mucho más que una cuestión consular. Caracas y Jerusalén acordaron reinstalar los servicios consulares y crear un canal oficial de coordinación. Todavía no hay embajadores ni reapertura de embajadas, pero el significado político del paso es evidente: después de 17 años de ruptura, Israel vuelve a tener una presencia oficial. Y lo hace precisamente cuando la nación sudamericana está modificando radicalmente sus alianzas internacionales.

Venezuela estableció relaciones diplomáticas con Israel en 1949. Durante décadas hubo cooperación en agricultura, tecnología, ciencia y cultura. La comunidad judía venezolana fue, además, un importante puente entre ambas sociedades.

Todo cambió con el dictador Hugo Chávez, que alineó a Venezuela con Irán. En 2009 expulsó al embajador israelí y rompió relaciones diplomáticas. Nicolás Maduro, entonces canciller, defendió públicamente aquella decisión, evitando criticar el terrorismo de Hamás desde Gaza. Caracas estrechó sus vínculos con Teherán y Hezbolá, pasando a integrar una red de apoyo al terrorismo sin fronteras. Éste es el elemento que da al actual acercamiento con Israel una importancia muy superior a una reapertura consular.

Existe un tema preocupante: saber si las redes creadas durante los años de estrecha cooperación entre Caracas y Teherán siguen funcionando y, en caso afirmativo, qué dimensión conservan. Aquí es donde el regreso israelí puede adquirir verdadera importancia. Una misión consular no es una agencia de inteligencia. Pero tener nuevamente funcionarios sobre el terreno significa recuperar contactos, información y cooperación. Tras una larga ausencia, Israel vuelve a tener acceso institucional a un país que estuvo cerrado para Jerusalén. Y eso, desde el punto de vista de la seguridad, vale mucho.

Una misión consular no es una agencia de inteligencia. Pero tener nuevamente funcionarios sobre el terreno significa recuperar contactos, información y cooperación

El trabajo puede comenzar con información: revisar empresas, transferencias financieras, documentación, antiguos contactos políticos y comerciales; identificar personas vinculadas con Teherán; conocer qué instalaciones y tecnologías iraníes permanecen en el país y determinar qué ocurrió con las redes asociadas. En definitiva, reconstruir el mapa de lo que dejó el chavismo. Ésa puede ser la primera gran tarea de la nueva cooperación: saber qué hay todavía en Venezuela.

Israel tiene una experiencia clave en el seguimiento de redes iraníes, financiación clandestina, comunicaciones y estructuras vinculadas con grupos terroristas. Washington dispone, además, de enormes capacidades para rastrear dinero, aplicar sanciones y reconstruir redes internacionales. Si Caracas decide cooperar con ambos, la combinación puede ser especialmente eficaz.

Asimismo, Venezuela recibió durante años equipamiento militar ruso, chino e iraní. También existió cooperación tecnológica y militar, incluida la relacionada con drones. Por eso, otro asunto sensible será determinar qué tecnología permanece, qué equipos continúan operativos y qué capacidad existe para mantenerlos. En este terreno Israel puede desempeñar un papel importante sin necesidad de convertirse en proveedor de armas. Ciberseguridad, protección de infraestructuras, formación, inteligencia tecnológica y cooperación contra redes ilícitas son áreas en las que Jerusalén tiene experiencia. Para Estados Unidos, además, una mayor presencia israelí puede complementar sus propias capacidades.

Para Estados Unidos, además, una mayor presencia israelí puede complementar sus propias capacidades

La cuestión decisiva será comprobar si el cambio venezolano es real o solamente diplomático. La verdadera prueba del nuevo acercamiento estará en lo que el nuevo gobierno permita investigar. Si abre sus archivos, coopera con las investigaciones, facilita información y ayuda a desmantelar antiguas redes iraníes, estaremos ante un cambio estratégico profundo. Ésa es la clave de todo el proceso.

Ayuda humanitaria y giro estratégico

El contexto político favorece dicha posibilidad. La caída del antiguo sistema venezolano y el alejamiento de sus tradicionales socios –especialmente Irán, Rusia y China– han creado un escenario completamente diferente. Caracas busca reconstruir sus relaciones con Washington y abrirse nuevamente al mundo occidental. El acercamiento a Israel encaja perfectamente en esa nueva orientación. Delcy Rodríguez intenta además sobrevivir políticamente cuando la democracia sustituya a la actual dictadura que ella encabeza. No olvidemos que su carrera esta ligada a la represión y los delitos económicos en gran escala. Entre ellos sus turbios acuerdos con Zapatero.

La ayuda israelí después de los terremotos en Venezuela fue importante en todo sentido. La llegada de eficientes equipos de rescate y asistencia permitió establecer un primer contacto positivo. La diplomacia humanitaria tiene precisamente esa ventaja: permite volver a hablar sin tener que resolver inmediatamente todos los problemas políticos. Una vez abierta la puerta, la cooperación puede ampliarse.

También recuperó protagonismo la comunidad judía venezolana. Durante los años de Chávez sufrió momentos de enorme tensión. Ahora vuelve a aparecer como un puente entre Caracas y Jerusalén, algo que el propio régimen valora.

Si la influencia iraní disminuye de manera permanente, las consecuencias podrían sentirse mucho más allá de Caracas

Venezuela está modificando su lugar en la competencia internacional entre EE.UU., China, Rusia e Irán. Y eso importa especialmente porque no es un país cualquiera: posee enormes recursos energéticos y una posición estratégica en el Caribe. Si la influencia iraní disminuye de manera permanente, las consecuencias podrían sentirse mucho más allá de Caracas. Existe entonces una gran oportunidad estratégica. La verdadera prueba comienza ahora.

La pregunta que permitirá saber si el cambio es auténtico es muy concreta: ¿qué información comienza a compartir Caracas con Jerusalén y Washington sobre la actividad terrorista iraní en Venezuela? La respuesta a esa pregunta determinará si el acuerdo del 11 de agosto fue sólo el comienzo de una normalización diplomática o el primer paso de un giro político real.