Fundado en 1910
AnálisisAquilino Cayuela

¿Extraditará Putin a Al Asad tras ser condenado a muerte en Siria?

Putin podría considerar una extradición si le conviene afianzar su acercamiento con el nuevo régimen sirio, pero pondría en riesgo su imagen de aliado confiable y leal

El presidente ruso, Vladimir Putin, estrecha la mano con el presidente de Siria, Bashar al AsadEFE

Como ya se informó en este medio, el martes 11 de agosto de 2026, un tribunal sirio condeno en rebeldía al expresidente Bashar al Asad, derrocado en diciembre de 2024, a la pena de muerte por varios delitos, incluidos crímenes de lesa humanidad.

Esta es la primera sentencia pública contra el exlíder que gobernó Siria a sangre y fuego. El juez Fakhr al Din al Uryan, del Tribunal Penal n.º 4 de Damasco, leyó la sentencia, en la que también se condenaba a muerte a otras ocho personas, entre ellas su hermano, Maher al Asad, también ausente, y su primo Atef Najib, el único presente en la sesión.

El expresidente sirio se encuentra en Rusia, donde él y su familia recibieron asilo tras abandonar el país en diciembre de 2024. Las autoridades sirias han reclamado su entrega, pero no hay indicios de que Moscú vaya a extraditarlo.

El tribunal de Damasco ha fundamentado el juicio en ausencia en el artículo 322 y siguientes del Código de Procedimiento Penal sirio. No obstante, esta sentencia puede quedar anulada si los acusados se entregan o son detenidos. No conllevaría una pena de ejecución inmediata, sino un nuevo juicio con él presente.

No obstante, esta condena a muerte puede ser, paradójicamente, un obstáculo para llevar a los prófugos ante un tribunal sirio, ya que muchos países occidentales se niegan a entregar personas cuando existe un riesgo real de ejecución, por lo que podrían negarse a colaborar con Damasco.

Esta es la opinión de algunos defensores de los derechos humanos, que opinan que «al imponer la pena capital se pueden reducir las posibilidades de conseguir que Al Asad y otros antiguos responsables regresen a Siria para responder ante la justicia».

La cuestión es que, si Al Asad abandonase Rusia y llegara, por ejemplo, al Reino Unido, las autoridades no podrían extraditarlo a Siria, ya que la ley inglesa, al igual que en la mayor parte de Europa, prohíbe la extradición de personas contra las que se haya dictado una sentencia de muerte y se sepa con certeza que en su país serán ejecutadas.

La eventual extradición y ejecución de Bashar al Asad enviaría, sin duda, un mensaje negativo a las capitales occidentales que, hasta ahora, optan por dar un cheque en blanco al nuevo líder sirio. Dicho líder, que ahora responde al nombre de Ahmed al Shara, antes fue Mohamed Al Golani, el líder del Frente Al Nusra, tras romper con el ISIS y Al Qaeda, y cuenta con todos los méritos del buen insurgente yihadista.

Poco después de lograr su victoria en Siria, pidió a Rusia la extradición de Al Asad, pero el Kremlin rechazó esta propuesta a cambio de mantener su presencia militar en Siria. No obstante, tras el juicio y la condena, se sigue negociando esta posibilidad con Rusia.

A la espera de saber qué papel jugará finalmente Rusia en esta nueva etapa de Siria, Al Shara se muestra abierto a la negociación, debido al estrecho pasado que mantuvieron ambos países durante el régimen de Al Asad; prueba de ello es el arsenal militar del que dispone el país, suministrado casi en exclusiva por Moscú.

Las armas de Siria son exclusivamente rusas y el país ha dependido de Moscú para numerosos acuerdos alimentarios y energéticos durante muchos años. Aunque el acercamiento y el apoyo occidental fueron decisivos para que el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham (HTS) tomara el poder, el peso de Rusia en Siria sigue siendo muy considerable.

Como recordaremos, la caída de Al Asad culminó la madrugada del 8 de diciembre de 2024, cuando las fuerzas rebeldes tomaron la capital, Damasco, en una ofensiva relámpago de poco más de una semana que provocó el colapso del régimen.

La pregunta acerca de una posible extradición del anterior dictador de Siria encierra la pregunta de un posible acercamiento con el Gobierno de Putin.

Al Shara se ha reunido dos veces con Vladímir Putin y también se ha entrevistado con varios líderes occidentales, entre ellos el presidente Trump, quien «compró» su programa de reconciliación nacional. El yihadista prometió un futuro democrático y se esforzó por acercarse a Occidente. Trump recompensó sus intenciones levantando las sanciones. Macron también anunció la reanudación de las relaciones diplomáticas tras más de catorce años. Pero Occidente no ha puesto demasiadas condiciones a los antiguos yihadistas. Pero el equilibrio más delicado se juega en las relaciones entre la nueva Siria islamista y la Rusia de Vladímir Putin.

Cabe recordar que Moscú tiene dos bases navales y aéreas en Siria. La sentencia contra Al Asad llega tras un acuerdo con Rusia sobre el futuro de las dos bases estratégicas que mantiene en el Mediterráneo. El pacto otorga a Siria el control «civil» de la base aérea de Hmeimim, cerca de Latakia, y del puerto comercial de Tartus. No obstante, las tropas rusas que actualmente se encuentran en estos lugares se quedarán para crear también «centros conjuntos de entrenamiento y capacitación» para las fuerzas sirias.

Según Reuters, Damasco ha incrementado este año un 75 % la compra de barriles de petróleo ruso, hasta los 60.000 diarios. Siria produce petróleo, pero en cantidades insuficientes para su consumo debido a la reconstrucción del país tras la guerra civil. Parece que el Kremlin está imponiendo nuevamente sus intereses en Siria.