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AnálisisFirouz MahviBruselas
Miembro de la resistencia iraní

Dentro de Irán, una resistencia que sigue en pie

La acción militar exterior puede causar daños al régimen, pero la guerra no puede conducir a una transición democrática. En última instancia, el factor decisivo será la capacidad de los propios iraníes para transformar un descontento generalizado en un cambio político organizado

Una mujer iraní pasa junto a un mural en una calle de Teherán, Irán, el 20 de octubre de 2025

Una mujer iraní pasa junto a un mural en una calle de Teherán, Irán, el 20 de octubre de 2025EFE

La guerra ha dado a los dirigentes iraníes un nuevo y poderoso pretexto para reforzar el control dentro del país. Bajo la invocación de la seguridad nacional, las autoridades han intensificado las detenciones, acelerado los procedimientos judiciales y recurrido cada vez más a las ejecuciones como instrumento de intimidación.

Amnistía Internacional ha advertido de que las autoridades están invocando explícitamente las «condiciones de guerra» para justificar la represión, mientras que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha alertado de que las ejecuciones se están utilizando para sembrar el miedo y sofocar la disidencia.

El conflicto exterior no ha creado esta maquinaria represiva. Ha reforzado una estructura que ya existía. La preocupación más profunda del poder es interna: impedir que resurja el tipo de protesta organizada que ha sacudido repetidamente al país.

Lo que queda después de un levantamiento

Entre las redes clandestinas que operan dentro del país se encuentran las Unidades de Resistencia, pequeños grupos vinculados a la Organización de Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI). Actúan bajo una intensa vigilancia y desarrollan actividades que van desde la distribución de material y la exhibición de consignas contra el régimen hasta campañas contra las ejecuciones y, en algunos casos, acciones contra instituciones vinculadas a la represión.

Su importancia radica menos en una operación concreta que en la capacidad de mantener una presencia organizada cuando la actividad política abierta puede acarrear la cárcel o incluso la muerte.

Según informes difundidos por el movimiento, el 7 de agosto, coincidiendo con el aniversario de la masacre de presos políticos de 1988, las Unidades de Resistencia llevaron a cabo 60 operaciones en Teherán y otras 26 ciudades. Durante el mismo periodo se registraron acciones de propaganda contra el régimen, distribución de material y campañas contra las ejecuciones en ciudades como Tabriz, Isfahán, Kermanshah, Rasht y Zahedán.

La respuesta de las autoridades ofrece otra indicación de la importancia que atribuyen a este tipo de organización clandestina. Amnistía Internacional ha documentado casos de presos políticos condenados a muerte por supuestos vínculos con la OMPI, en procesos marcados por denuncias de tortura y juicios manifiestamente injustos.

El ahorcamiento público de dos jóvenes manifestantes en Isfahán el 28 de julio transmitió un mensaje igualmente inequívoco. Las ejecuciones públicas no son únicamente una forma de castigo; pretenden mostrar a un público mucho más amplio las consecuencias de desafiar al poder. Las ejecuciones provocaron además una reacción directa de Madrid: el Ministerio de Asuntos Exteriores español las condenó «con toda firmeza» y pidió a las autoridades iraníes que paralizaran las penas de muerte pendientes contra otros ocho manifestantes juzgados en la misma causa.

La importancia de la organización

Irán ha vivido repetidos estallidos de descontento popular. Las autoridades han respondido con detenciones, muertes, restricciones de internet y un uso abrumador de la fuerza. Pero sofocar una protesta y eliminar las fuerzas que sustentan la resistencia política no son la misma cosa.

Es aquí donde las Unidades de Resistencia adquieren una importancia más amplia. Una protesta espontánea puede ser aplastada. Los manifestantes pueden ser dispersados, las comunicaciones cortadas y miles de personas detenidas. Pero una organización clandestina puede preservar contactos, experiencia y objetivos políticos entre un levantamiento y el siguiente.

Esa continuidad plantea un desafío diferente a las autoridades. La importancia de la red no reside simplemente en actos individuales de desafío, sino en su capacidad para mantener una presencia organizada cuando la protesta abierta se vuelve imposible.

Existe también una importante dimensión generacional. Informes recientes sobre simpatizantes detenidos incluyen a estudiantes universitarios y jóvenes de apenas 18, 20 y 21 años. Pertenecen a una generación que no vivió ni la dictadura del sha ni la revolución de 1979. Su conciencia política se ha formado, por el contrario, bajo la actual teocracia y a través de sucesivas oleadas de protesta y represión.

Para muchos jóvenes iraníes, el régimen no es una revolución que recuerden; es simplemente el sistema político bajo el que han vivido toda su vida.

Un desafío que sobrevive a la represión

Este es el desafío estratégico que plantea el movimiento encabezado por Maryam Rajavi. Su red clandestina busca mantener viva la resistencia entre periodos de movilización masiva, preservando contactos y organización dentro del país para evitar que cada nuevo levantamiento tenga que empezar de cero.

La guerra actual hace que esta dimensión interna sea más importante, no menos. Teherán está utilizando el conflicto para intensificar la represión porque sigue profundamente preocupado ante la posibilidad de que resurja la contestación interna.

La acción militar exterior puede causar daños al régimen, pero la guerra no puede conducir a una transición democrática. En última instancia, el factor decisivo será la capacidad de los propios iraníes para transformar un descontento generalizado en un cambio político organizado.

Por eso, la relevancia de las Unidades de Resistencia va más allá de sus acciones visibles: reside en la continuidad política que mantienen. Mientras esa organización sobreviva, también sobrevivirá la esperanza de que el miedo no tenga la última palabra y de que el cambio encuentre una vía organizada para abrirse paso.

* Firouz Mahvi es director político de la oficina de Bruselas del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní

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