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Emmanuel Macron en rueda de prensa

Arrecia el caos en el bando macronista a ocho meses de la elección presidencial

Mientras sus dos herederos no logran despuntar en las encuestas, el presidente acentúa las divisiones

Emmanuel Macron ha alcanzado, en principio, la condición de lame duck (pato cojo), término que los comentaristas políticos anglosajones suelen utilizar para describir la situación de los mandatarios que no pueden, por imperativo legal, aspirar a un nuevo mandato al tiempo, también por imperativo legal, que permanecen en el cargo hasta el último día. Se trata, en general, de un escenario poco propicio para tomar iniciativas políticas de envergadura, ya sea porque el mandatario en cuestión está siendo abandonado por sus antiguos aliados –que ya piensan en otras cosas– o para no perjudicar al candidato de su bando.

Mas el aún inquilino del palacio del Elíseo –hasta la primera quincena de mayo de 2027– pretende, fiel a sí mismo, truncar esa tendencia. Las fotos publicadas en el último número de Paris Match, en las que aparece pilotando a toda velocidad un jet ski de gran potencia han sido criticadas por su carácter inoportuno en una Francia asolada, al igual que España, por los incendios y las olas de calor. Sin embargo, también encierran un mensaje político: de esas imágenes que proyectan energía se desprende la determinación de gobernar plenamente hasta el último minuto.

Emmanuel Macron, presidente de Francia en la portada de la revista Paris MatchSimon Wohlfahrt / AFP

El presidente de la República francesa considera que la inestable situación internacional le obliga a mantener el timón bien agarrado. Igualmente ha dado instrucciones para relanzar la prohibición de acceso a las redes sociales a los menores de 15 años, pese al varapalo propinado hace unos días por el Consejo Constitucional al anular la ley aprobada a tal efecto. Tampoco tiene en mente ceder un ápice de protagonismo durante la próxima visita apostólica de León XIV a Francia, del 25 al 28 de septiembre.

En medio de esa frenética actividad también encuentra tiempo para dedicar a asuntos más politiqueros, entiéndase las maniobras que se desarrollan en su propio bando de cara a la elección presidencial de la próxima primavera. En las últimas semanas han aparecido en importantes periódicos franceses artículos que especulan sobre el posible lanzamiento de una candidatura presidencial del actual primer ministro Sébastien Lecornu. Dada la coincidencia en el tiempo de esos artículos, y teniendo en cuenta las «tradiciones» francesas al respecto, cabe pensar que han sido inspirados por asesores del jefe del Estado. Basta decir que la cantidad de testimonios anónimos que uno encuentra al leerlos invita a pensar en esa hipótesis.

El objetivo de Macron al sembrar lo que es una confusión en su propio bando no es otro que el de lastrar y perjudicar las candidaturas, ya declaradas, de dos antiguos primeros ministros suyos, Édouard Philippe y Gabriel Attal, con los que desea ajustar cuentas por haber tenido la «osadía» de marcar distancias con él cuando, estima el presidente, le deben sus carreras políticas. El primero lleva ya tiempo dirigiendo afiladas críticas –bien es cierto que espaciadas en el tiempo– a la acción del Gobierno de Lecornu, especialmente en materia de desempleo.

En cuanto a Attal, que formó parte, hace ya más de 10 años, del equipo de fieles que llevó a Macron al olimpo del Elíseo, no perdona al presidente que no le avisara de la fallida disolución de 2024. Una detestación mutua que Macron corresponde con delectación. A todo esto, se añade las declaraciones de otro ex primer ministro, François Bayrou, asegurando en Le Figaro que el macronismo «estéticamente redimensionado» no es la mejor opción de cara a 2027. Un torpedo en las líneas de flotación de Philippe y Attal. El resultado es un caos de envergadura en el bando presidencial.

En paralelo, pese a que Lecornu niega, por activa y por pasiva, cualquier ambición presidencial, dentro del Gobierno, entre los líderes empresariales y en la oposición, muchos han detectado en sus recientes apariciones públicas, un deseo de presentarse como un estadista capaz de articular un diagnóstico del estado de la sociedad francesa con algunas ideas clave: «soberanía», «perspectiva a largo plazo» y una política de oferta centrada en los «medios de producción», es decir, la tan cacareada nueva industrialización. Con los aplausos públicos del Premio Nobel de Economía Philippe Aghiom que otorga a Lecornu la estatura de un presidente de la República. Comprenda quien pueda.