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Balazs Orbán exdirector político del ex primer ministro húngaro Viktor OrbánCortesía

Entrevista con el exdirector político de Viktor Orbán

Balazs Orbán, sobre el nuevo Gobierno de Hungría: «Quieren asegurarse de que nunca podamos volver»

Péter Magyar, el actual primer ministro, lleva desde abril al frente del Gobierno, y sus actuaciones ya están teniendo repercusión en Hungría

Balázs Orbán fue el director político del ex primer ministro Viktor Orbán desde 2021 hasta la derrota electoral del Gobierno en abril de 2026, desempeñando un papel destacado en la configuración de la estrategia política del Gobierno y de su programa soberanista y conservador. Asimismo, fue director del prominente think tank conservador Mathias Corvinus Collegium.

Péter Magyar, el actual primer ministro, lleva desde abril al frente del Gobierno, y sus actuaciones ya están teniendo repercusión en Hungría. Sus decisiones están generando preocupación en los sectores conservadores. En entrevista con El Debate Balázs Orbán explica de primera mano qué está ocurriendo en Hungría.

–¿Qué puede decirnos sobre el nuevo Gobierno? ¿Cómo cree que ha gestionado la situación hasta ahora y cómo cree que evolucionará la situación a partir de ahora?

–Durante la campaña, prometieron todo a todo el mundo. Hicieron más de mil promesas, creando la impresión de que todo el mundo estaría mejor inmediatamente después de las elecciones. Pero la luna de miel ha terminado y la gente empieza a darse cuenta de que no se le contó la verdad.

Al mismo tiempo, en las grandes cuestiones políticas, el nuevo Gobierno adoptó inmediatamente la posición dominante. En lo que respecta a la guerra, se alinearon con Bruselas. Permitieron que las organizaciones de género regresaran a las escuelas húngaras. Y, en varias cuestiones importantes, renunciaron a posiciones relativas a la soberanía húngara que durante años habíamos defendido frente a Bruselas.

Sencillamente, no estaban preparados para gobernar

Pero quizá el mayor problema sea que existe muy poca actividad real de gobierno. Sencillamente, no estaban preparados para gobernar. Han generado un enorme déficit presupuestario y Hungría está peligrosamente mal preparada para la crisis energética que se avecina.

En lugar de ocuparse de estos problemas, están empleando su energía política en una purga sistemática de sus adversarios

Y, en lugar de ocuparse de estos problemas, están empleando su energía política en una purga sistemática de sus adversarios. Esta es la parte que más me preocupa. Entienden que, tarde o temprano, la gente se sentirá decepcionada cuando vea que las promesas no eran reales. Por eso están intentando asegurarse de que, cuando la gente se aleje de este Gobierno, no tenga ningún otro lugar al que acudir.

Mi preocupación es que están intentando cambiar el terreno de juego político para que resulte mucho más difícil expulsarlos del poder mediante unas elecciones.

Balazs Orbán junto ex primer ministro húngaro Viktor OrbánCortesía

–Ha mencionado «purga sistemática de sus adversarios». ¿A qué se refiere? ¿Esperaba alguna vez que pudiera suceder algo así y por qué cree que ha ocurrido?

–Hay que observar la secuencia de los acontecimientos. Una de sus primeras decisiones fue excluir a Viktor Orbán de futuras contiendas políticas. Después cambiaron las reglas de tal manera que aproximadamente la mitad del grupo parlamentario de Fidesz quedó excluida de la posibilidad de volver a presentarse. Pusieron fin a los mandatos del presidente de la República y de otros altos cargos constitucionales. La policía se incautó de la base de datos de simpatizantes de Fidesz. Se desmantelaron o nacionalizaron centros de investigación e instituciones conservadoras.

Y ahora están creando lo que, en la práctica, constituye una superautoridad para la confiscación de activos, con poderes extraordinarios contra particulares y empresas incluso sin que exista una condena penal firme. Se trata de una concentración asombrosa del poder estatal.

Tiene un ritmo que recuerda casi al comunismo y está causando un enorme daño a la reputación internacional de Hungría

Sí esperaba que hubiera represalias políticas después de una derrota electoral. Pero no esperaba que se produjeran a esta velocidad y a esta escala. Tiene un ritmo que recuerda casi al comunismo y está causando un enorme daño a la reputación internacional de Hungría y a la confianza básica en el Estado de derecho.

Y creo que el objetivo político está muy claro. Esto no consiste simplemente en revertir las políticas del Gobierno anterior. Quieren desmantelar de manera tan exhaustiva los fundamentos políticos, intelectuales y económicos del conservadurismo húngaro que los húngaros nunca más puedan elegir un Gobierno soberanista y conservador capaz de desafiar a la corriente liberal dominante.

–¿Podría darnos algunos ejemplos concretos de estas nacionalizaciones y explicar qué ha ocurrido realmente en esos casos?

–Permítame darle un solo ejemplo. Mandiner era el mayor periódico y plataforma informativa conservadora de Hungría. Era propiedad del Mathias Corvinus Collegium, que estaba gestionado por una fundación con raíces privadas que se remontaban aproximadamente 30 años atrás.

Lo que está ocurriendo en Hungría no tiene precedentes en la Europa contemporánea

El nuevo Gobierno abolió la fundación, tomó el control de sus activos y, como consecuencia, Mandiner pasó a ser de propiedad estatal. Después, el Gobierno destituyó al responsable de la empresa editora, suspendió su financiación y, en la práctica, cerró el periódico. Actualmente, Mandiner ya no produce nuevos contenidos.

Y lo extraordinario es que el propio primer ministro anunció orgullosamente la decisión en Facebook. Lo que está ocurriendo en Hungría no tiene precedentes en la Europa contemporánea.

–¿Cuál cree que será el siguiente paso de este Gobierno?

–Este es un Gobierno que gobierna en coalición con la izquierda y que cuenta con el respaldo político del actual Gobierno alemán y de Bruselas. Por tanto, creo que podemos esperar exactamente lo que cabría esperar de una construcción política de este tipo. Nada bueno.

La educación, la cultura y la política familiar se irán entregando cada vez más a la izquierda. La economía se hará más dependiente de intereses extranjeros, mientras que la soberanía política se cederá al Estado profundo de Bruselas.

¿Y quién pagará el precio? Los húngaros de a pie. Cuando las promesas de campaña choquen con la realidad económica, serán ellos quienes tengan que afrontar la austeridad.

–¿Por qué cree que Bruselas ha permanecido en silencio ante esto, especialmente teniendo en cuenta lo mucho que se ha pronunciado en el pasado sobre cuestiones relacionadas con el Estado de derecho?

–Porque esto está ocurriendo a petición de Bruselas. Por eso guardan silencio. Bruselas no quiere una política húngara soberana. Quiere un Gobierno húngaro que simplemente diga que sí.

Por eso pasaron años chantajeando al Gobierno anterior, por medios jurídicos, financieros y políticos, y por eso ahora apoyan a este Gobierno con todas las herramientas a su disposición.

La UE tiene un grave problema de democracia. Cuando surge una resistencia democrática frente a la dirección que Bruselas quiere imponer, Bruselas no cambia sus políticas. En su lugar, utiliza todos los instrumentos políticos, jurídicos y financieros de los que dispone para reprimir esa resistencia. Y estamos viendo el mismo patrón en toda Europa.

No creo que los orgullosos ciudadanos de las naciones europeas vayan a tolerarlo durante mucho más tiempo.

–¿Cuál cree que habría sido la reacción si Viktor Orbán hubiera hecho lo mismo?

–Hay una cosa buena que surgió de esta terrible y dolorosa derrota electoral: todo el mundo pudo ver que Viktor Orbán es un demócrata. Cuando gana unas elecciones, hace lo que prometió. Cuando pierde, acepta el resultado y entrega el poder.

Los liberales autoritarios que pasaron años acusándolo de ser un dictador nos están mostrando ahora, día tras día, cómo se comportan ellos mismos cuando tienen el poder y por qué no son dignos de la confianza que recibieron.

Por eso, para mí, la pregunta más importante no es qué habría dicho Bruselas si Orbán hubiera hecho estas cosas. Todos sabemos cuál habría sido la respuesta. La verdadera pregunta es qué hará ahora Viktor Orbán.

Y no creo que vaya a quedarse de brazos cruzados mientras se arrebata la soberanía a Hungría y Europa queda a merced de los liberales. Eso es lo que ahora me importa.

–A pesar de la derrota en Hungría, ¿cómo ve la situación más amplia de la derecha en Europa? Hemos visto importantes avances de AfD en Alemania, la victoria de Karol Nawrocki en las elecciones presidenciales de Polonia y también victorias de partidos de derechas en Hispanoamérica. ¿Cómo interpreta esta tendencia política más amplia, tanto en Europa como a escala mundial?

–El movimiento patriótico y soberanista se está fortaleciendo en todas partes, y eso no es una casualidad.

Los húngaros querían la misma dirección. Simplemente fueron engañados, al igual que ocurre con los votantes de otros lugares, por partidos que hacen campaña como patriotas y conservadores y después gobiernan con la izquierda y con Bruselas.

La gente está harta de esto. La demanda de fuerzas verdaderamente patrióticas y soberanistas no hará más que crecer, porque ofrecen una alternativa real para Europa y para nuestras naciones.

Y los húngaros queremos ser una fuerza impulsora a la hora de unir estos movimientos.

–Por último, ¿cree que pueden volver al poder en Hungría en los próximos cuatro años? Y, mirando retrospectivamente estas elecciones, ¿qué cree que salió mal desde su perspectiva? ¿Hay algo que considere que debería haberse hecho de otra manera?

–Creo que nuestra primera responsabilidad es representar a los millones de húngaros que votaron por nosotros. Después tenemos que llegar a aquellos que fueron engañados y que están empezando a sentirse decepcionados, y ofrecer una alternativa real al autoritarismo político y a la rendición económica.

Si somos capaces de hacerlo, la victoria llegará.

Los húngaros somos grandes supervivientes. Y somos muy buenos volviendo.