El presidente de Chile José Antonio Kast
Conversación con José Antonio Kast en el palacio de La Moneda
Ni «ultra» ni improvisado: así es el Chile que emerge con Kast
El presidente de Chile es un conservador, de firmes convicciones, especialmente marcadas por su fe católica, pero es un demócrata convencido, muy alejado de los estereotipos que una izquierda quiere instalar como una especie de contrafigura
Chile, a pesar del crítico momento que vive su economía, consecuencia de la errática política de la presidencia de Boric, sigue siendo, probablemente, el país más organizado, que mejor funciona y el que posee el más prometedor pronóstico de futuro en toda Hispanoamérica. He tenido la oportunidad de comprobarlo durante la semana pasada, en la que fui invitado a participar en varios eventos sobre libertad de expresión y democracia en aquel país del cono sur. He tenido también la posibilidad de contrastar opiniones con el ministro del Interior, Claudio Alvarado, con la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, y con el propio presidente de la República, José Antonio Kast, quien apenas lleva seis meses en el sillón presidencial.
Mi visita a Chile se lleva a cabo en las vísperas de las «fiestas patrias». Los chilenos, como la mayoría de los hispanoamericanos y a diferencia de algunos españoles, muestran sin vergüenza alguna su patriotismo. Todas las calles y edificios están engalanados con la bandera nacional.
Se da la circunstancia de que los eventos conmemorativos comienzan nada menos que el 11 de septiembre, día en el que todavía, inevitablemente, puede haber dos Chiles. Esa es nada menos que la fecha en que fue derrocado Salvador Allende por el general Augusto Pinochet. Sin embargo, días después, el 18 de septiembre, se unen todos para conmemorar y reivindicar la nación que ahora mismo son.
Miguel de Unamuno solía decir que de las cosas más destacadas que los vascos habían hecho se encontraba la construcción del «Reino de Chile». La verdad es que nunca fue un reino, pero don Miguel se atrevía con todo. En Chile, la progenie de vascos y alemanes se deja sentir, habiendo llegado ambos grupos en siglos pasados. En Valparaíso es posible que haya algún gallego despistado dedicado a la pesca. España, de todas maneras, está muy presente en ese país. Solo hay que estar atento a la actividad que en estos mismos días desarrollaron en Madrid empresarios de ese país, en el marco del Chile Day, cita que congregó a más de 600 hombres de negocios de ambas naciones en nuestra capital.
José Antonio Kast conversa en La Moneda con Bieito Rubido, director de El Debate
Como ocurre en tantas ocasiones, las expectativas puestas por parte de los ciudadanos en los cambios políticos casi nunca se ven cumplidas. O al menos, con la inmediatez que demandan esos mismos ciudadanos. Es una característica del tiempo actual, el largo plazo es mañana por la mañana. José Antonio Kast lo entiende y confía en que el paso de los meses le permita ir mostrando el resultado positivo de sus políticas, más allá de las anécdotas diarias, amplificadas en ocasiones por la prensa. Ximena Lincolao, acostumbrada a vivir en Estados Unidos, no entiende muy bien esa frivolidad de los medios. Pedro Cateriano, quien fue primer ministro peruano en dos ocasiones y ponente conmigo en los debates sobre libertad de expresión, le asegura a la referida ministra que Chile es Suiza al lado de su país, Perú. Tal vez haya que trabajar algo la autoestima de los chilenos, aunque nunca la han tenido baja, pero como sus vecinos argentinos mantienen una relación ciclotímica con sus ideas de patriotismo.
Ximena Lincolao, ministra de Ciencia de Chile, en un debate sobre Iberoamérica en compañía de Andrés Montero y Rubido
El caso de Ximena Lincolao es algo bien notable. Se trata de una mujer chilena de 58 años de edad, de origen mapuche, de una extracción social muy humilde, que logró estudiar primero en Chile y más tarde en los Estados Unidos y que puso en marcha una empresa tecnológica, BuildWithin, una plataforma dedicada a la inteligencia artificial, que le ha permitido ganar una considerable fortuna. Lincolao aceptó el reto que le planteó Kast y ha decidido colaborar con su país para aportar un grano de arena ante la inevitable transformación que la sociedad está operando con la revolución digital. Chile se ha tomado muy en serio esta revolución.
La conversación con el jefe de gabinete, el ministro Alvarado, giró en torno a otros ejes. En su condición de conductor del equipo político le preocupaban temas como la reciente crisis migratoria -invasión- en Ceuta por parte de ciudadanos marroquíes. En Chile, luchan también contra el flagelo de los accesos irregulares y el gobierno que integra ha puesto especial dedicación en nuevas fórmulas que les permitan detener ese fenómeno. Poco a poco se empiezan a ver resultados. El otro frente que le quita el sueño a Alvarado, un hombre con vasta experiencia política y proveniente de las filas del centro derecha, es la lucha contra el crimen organizado y la criminalidad. Las bandas latinoamericanas, como el Tren de Aragua y otras, se han instalado con fuerza en ese país. El foco de la gestión del gobierno, además de la mejoría económica, está puesto en mejorar los niveles de seguridad en el país. El ministro Alvarado conduce esa estrategia política de la mano del ministro de Seguridad, Martín Arrau.
Claudio Alvarado, ministro del Interior de Chile
El tiempo que le toca al presidente Juan Antonio Kast, décimo hijo de un matrimonio alemán emigrado en los años cuarenta del siglo pasado, está lleno de ilusiones y de incertidumbres, riesgos y esperanzas. No todos los escollos que tiene que vencer afloran, los hay ocultos y resolverlos es tan trascendente como enfrentar los abiertamente conocidos. Cuestiones estructurales que deben ser corregidas. El pesado entramado de trámites burocráticos, herencia de la administración anterior, es un buen ejemplo de lo que hablamos. Su mayor dificultad es hacerle ver a la ciudadanía que su gobierno quiere resolver problemas fundamentales para que Chile siga funcionando en el futuro. Buen ejemplo es la apuesta por varios ministros independientes, cuestión que aún genera dudas incluso entre sus partidarios. Su gabinete tiene un claro carácter tecnocrático y, al final, la acción política es fundamental para poder asegurar que el siguiente mandato se mantenga entre alguien de las filas del actual oficialismo.
En Chile un presidente no puede ser reelegido para el periodo inmediatamente siguiente, aunque sí puede presentarse más adelante. De hecho, en las cinco últimas elecciones presidenciales chilenas, el presidente gobernante acaba dejando en manos del bando contrario, es decir, de sus rivales políticos, el bastón de mando.
José Antonio Kast deberá hacer un gran esfuerzo por acercarse más a la gente. Lo hizo en la campaña, pero debe mantener ese tono de cercanía, ya que no todos sus ministros saben hacer política. Los tecnócratas son buenos para unas cosas, pero no siempre aciertan en el lado más popular. Para Kast, actuar de «llanero solitario» no es algo nuevo. Por eso, tal vez, entienda a algunos de sus colaboradores más cercanos. Las elecciones se ganan con resultados y con gestos. De momento, las encuestas que se han manejado en las últimas semanas no son precisamente muy favorables a la nueva administración. Queda tiempo por delante, es cierto. El primer mandatario chileno está convencido de que a la vuelta de un tiempo se estarán viendo ya los efectos de la gestión de su gobierno.
Otro aspecto digno de detenimiento es la calificación que algunos quieren hacer de José Antonio Kast como un político ultra. Honestamente, nada más lejos de la realidad. El presidente de Chile es un conservador, de firmes convicciones, especialmente marcadas por su fe católica, pero es un demócrata convencido, muy alejado de los estereotipos que una izquierda quiere instalar como una especie de contrafigura.
Lo explica muy bien Alejandro San Francisco en un libro de próxima aparición, editado por El Libero. San Francisco sostiene que Kast al abandonar la UDI comenzó a ofrecer un perfil de político más conservador y que «de inmediato surgieron las críticas sobre sus posiciones en diferentes temas, su perfil político de nicho, ciertas visiones consideradas extremas por algunos actores políticos (sobre el matrimonio o el aborto, por ejemplo). La situación se repitió en las elecciones presidenciales de 2017, de 2021 y ciertamente en la última, en 2025. La reacción fue recogida por la prensa internacional cuando Kast triunfó en los últimos comicios».
El presidente chileno se despide del director de El Debate
Es curioso cómo la prensa más afín a las posiciones de izquierda y extrema izquierda quiere descalificar al nuevo mandatario chileno por sus posiciones en favor de la familia, el libre mercado o la defensa de valores de inspiración humanista cristiana. Parece que solo tienen derecho a poseer firmes convicciones quienes se domicilian en la izquierda. No deja de ser un tic antidemocrático en el que se esconde la negación desde la izquierda, medios de comunicación incluidos, de no otorgar legitimidad alguna a la derecha para poder gobernar cualquier país.