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Estados Unidos quiere aislar a China y acercar a Taiwán a su órbita

«La Odisea del chip» o cómo la pequeña Taiwán se ha convertido en una potencia de semiconductores

De la pobreza a la opulencia Taiwán pasó de ser un esqueleto escindido de China a diseñarse a sí misma como un músculo tecnológico descomunal del que depende buena parte del mundo

La distancia geográfica entre la costa de Taiwán y la China continental es de unos 140 kilómetros. Medido así las diferencias podrían ser escasas dada la antigua historia compartida, pero si se observa en términos estratégicos, ideológicos y de desarrollo tecnológico descubrimos un abismo.

Desde la revolución comunista que dio paso a la independencia de Taiwán, la isla y el resto del archipiélago ( Penghu, Kinmen, Matsu etc) se han convertido en objeto de deseo y amenaza de Pekín. La lucha entre David y Goliat, en versión asiática, no ha terminado, pero en estas décadas la honda de Taipey se ha transformado en semiconductores, la gallina de los huevos de oro alimentadas en sesión ininterrumpida.

La «Odisea del chip», un documental made in Taiwán, recorre el origen y desarrollo de una aventura que también refleja los valores de una nación que no descansa y ha logrado dar a su población el lujo de una vida plena en riquezas materiales, pero bajo la amenaza constante de terminar anexionada por China.

De la pobreza a la opulencia Taiwán pasó de ser un esqueleto escindido de China a diseñarse a sí misma como un músculo tecnológico descomunal del que depende buena parte del mundo. ¿Cómo y dónde empezó todo? En la mente de un pueblo que se resistió y se resiste, a aceptar el fracaso como opción.

A principios de los años 70, Taiwán sufría un fuerte aislamiento diplomático y una crisis económica debido al embargo petrolero de 1973. El ministro de Economía, Sun Yun-suan, buscaba desesperadamente una industria del futuro para transformar el país.

Todo se elaboró en la planta de un edificio de una famosa cafetería en Taipéi. Allí, un grupo de tecnócratas y asesores (entre ellos Pan Wen-yuan, un científico chino-estadounidense que trabajaba en la empresa americana RCA Corporation) hicieron una propuesta: Taiwán debía aprender a fabricar circuitos integrados (chips). Para lograrlo, el gobierno fundó el ITRI (Industrial Technology Research Institute).

En 1976, el gobierno taiwanés pagó unos 3.5 millones de dólares a RCA Corporation para transferir legalmente su tecnología de fabricación de chips. El acuerdo incluyó destinar a un grupo de especialistas a las instalaciones de RCA en Ohio y Nueva Jersey.

Shin Chin-Tay ejerció el liderazgo de un equipo de media docena de jóvenes ingenieros que viajaron a Estados Unidos para aprehender hasta el último detalle de los sistemas informáticos que operaban allí. Las instrucciones que llevaban advertían que debían tomar nota y filmar todo de todos los procesos de fabricación de computación ysus elementos, por minúsculos que fueran. «Los detalles», explican en el documental, son los que inclinan la balanza hacia el éxito o el fracaso.

Con los bolsillos más vacíos que llenos, dada la economía de guerra de Taiwán, sus ingenieros recorrieron las tripas de las instalaciones americanas, circuitos, rincones a la vista y escondidos y hasta trataron de «rodar» en las eternas carreteras de Ohio en viaje de ida y vuelta. Siempre sin descanso y prácticamente, con lo puesto.

Los ingenieros estadounidenses pronto descubrieron que aquella misión asiática respaldada por su Gobierno era una esponja de conocimientos infinitos. Cumplidos los objetivos los taiwaneses regresaron con las maletas llenas de información. Sería el principio de la construcción de un imperio de semiconductores donde, cuando algo fallaba, aunque fuera de madrugada salían de la cama para repararlo.

La idea de que el horarios de descanso era intocable en Occidente estaba desterrada en Taiwán. La carrera en la ciencia era y es ininterrumpida, se insiste en el documental. Pero con eso no bastaba. Decisiones empresariales claves, fe del gobierno en el programa y negativas a alianzas tentadoras, terminaron de redondear la fórmula o la receta del éxito.

En «La Odisea del chip», los protagonistas de aquella aventura hoy son ancianos, «sabios respetados» que, en ocasiones, se enjugan las lágrimas por la emoción del recuerdo. «No fuimos conscientes del alcance de lo que hacíamos», admiten.

Taiwán sigue su carrera imparable con un ojo puesto en la China continental y el otro en Washington. Las relaciones con Estados Unidos han sido una montaña rusa. En 1979 el padrino o escudo protector de la isla reconoció oficialmente a la República Popular China y rompió relaciones con la República de China, nombre oficial de Taiwán. Pero su vínculo, a efectos reales y de defensa, sigue siendo, por fortuna para ellos, sólido.