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Eduardo Zalovich
CrónicaEduardo ZalovichHaifa (Israel)

Dentro del INS Drakon, el nuevo submarino invisible de Israel

Este sumergible representa uno de los saltos tecnológicos más importantes de la capacidad naval israelí

INS Drakon, el nuevo submarino invisible de Israel

INS Drakon, el nuevo submarino invisible de IsraelMinisterio de Defensa de Israel

El verdadero poder del INS Drakon (Dragón) no se aprecia cuando está en puerto. Se comprende cuando uno entra –invitado por la Marina junto a otros periodistas– y piensa en lo que puede hacer tras desaparecer bajo el agua: estar sumergido durante largos periodos, desplazarse sin ser visto y mantener sus sistemas operativos lejos de la mirada del adversario.

Ese es el punto de partida para entender el nuevo submarino israelí construido en Alemania. El Drakon incorpora propulsión independiente del aire (AIP), que permite prolongar su permanencia bajo el agua sin recurrir a la atmósfera exterior para generar energía. La Marina hebrea considera esta característica especialmente relevante para aumentar la autonomía y discreción de la nave.

Desde el exterior, atracado en la ciudad portuaria de Haifa, resulta difícil imaginar lo que esconde su interior. El perfil es imponente, pero buena parte de sus 75 metros de largo permanecen bajo la línea de flotación. La nueva configuración de la vela, además, diferencia inmediatamente al Drakon de los anteriores submarinos Dolphin II.

Al bajar por la escotilla, cambia completamente la perspectiva. La luz del Mediterráneo queda atrás y comienza un recorrido por un laberinto de acero, cables, tuberías, equipos electrónicos y pasillos angostos. No hay espacios sobrantes. Cada compartimento responde a una función concreta. Pero lo más llamativo no es el tamaño: es la concentración de tecnología en un espacio extraordinariamente reducido.

El espacio justo

En el centro de mando, las pantallas y consolas reúnen información procedente de los sistemas de navegación, sensores y comunicaciones. Los operadores trabajan prácticamente hombro con hombro. Todo está dispuesto para que puedan recibir información, interpretarla y actuar con rapidez sin abandonar sus puestos.

El ambiente resulta sorprendentemente silencioso. Se escuchan conversaciones breves, teclados y el funcionamiento amortiguado de los sistemas. En un submarino, el silencio no es simplemente una cuestión de comodidad. Reducir la acústica forma parte esencial de la supervivencia de la nave.

Después aparecen las zonas destinadas a la tripulación. Las literas están encajadas entre compartimentos y equipos. La vida a bordo exige acostumbrarse a compartir durante semanas un espacio que, para un visitante, resulta diminuto. Aquí no existe la separación habitual entre lugar de trabajo, alojamiento y descanso: todo forma parte del mismo reducido universo metálico.

Y entonces aparece uno de los elementos que mejor explica la filosofía del Drakon: el periscopio. Mirar a través de él proporciona una sensación extraña. El horizonte del Mediterráneo aparece reducido a un estrecho campo visual mientras uno permanece dentro de un submarino prácticamente oculto. El efecto resume en unos segundos la lógica de toda esta máquina: obtener información del exterior sin exponerse innecesariamente.

El diseño exterior ofrece otra pista. La estructura ampliada de la vela ha despertado gran interés entre especialistas navales. Las autoridades israelíes no han revelado públicamente todas las funciones asociadas a esa configuración, aunque la Marina ha señalado que el nuevo diseño permite incorporar nuevas capacidades de Inteligencia y otros sistemas. Algunas interpretaciones de analistas van más allá, pero deben distinguirse de las capacidades oficialmente confirmadas.

Esa reserva es parte inseparable del Drakon. En torno al submarino existe una frontera muy clara entre lo que Israel decide enseñar y lo que continúa clasificado. Lo que sí puede observarse es suficiente para comprender el salto respecto a generaciones anteriores: más espacio, mayor autonomía sumergida, nuevos sistemas electrónicos y una plataforma preparada para incorporar capacidades que permanecerán durante años fuera del conocimiento público.

La Marina israelí ha recibido así una nave cuyo principal atributo no es solo lanzar un mensaje de fuerza, sino poder estar allí sin que nadie sepa exactamente dónde está.

Al abandonar el submarino y volver a la luz del puerto, esa idea permanece. El Drakon no parece diseñado para ser admirado. Su razón de ser es exactamente la contraria. Cuanto menos se vea, más importante será.

Cambia el juego bajo el mar

El Drakon representa uno de los saltos tecnológicos más importantes de la capacidad naval israelí. Construido por Alemania, es el sexto submarino de la flota. Incorpora una combinación de autonomía, sigilo, capacidad de ataque y recopilación de información que lo convierte en difícil de ubicar y neutralizar.

Su llegada al puerto de Haifa tiene, además, un significado especial: es el último submarino de la familia Dolphin y constituye el puente tecnológico hacia la futura generación Dakar, que comenzará a incorporarse a la Armada israelí durante la próxima década.

El Drakon representa uno de los saltos tecnológicos más importantes de la capacidad naval israelí

La primera impresión que ofrece es su tamaño, es considerablemente mayor que los primeros Dolphin. Su volumen adicional ha permitido incorporar nuevos sistemas y ampliar las posibilidades operativas del buque. Pero su verdadero poder no se encuentra en lo que puede verse desde el exterior. Está bajo el casco.

El Drakon genera energía sin necesidad de utilizar aire atmosférico. Esto aumenta notablemente el tiempo que el submarino puede permanecer bajo el agua y reduce la necesidad de emerger. En una guerra submarina, esa característica tiene una tremenda importancia. Cada hora adicional de inmersión significa más tiempo para desplazarse, observar, recopilar datos y seguir oculto. Y cuanto menos tenga que acercarse a la superficie, menores son las oportunidades para que un enemigo pueda localizarlo. El resultado es una plataforma concebida alrededor de una idea sencilla: ver sin ser visto.

La Armada israelí ha destacado precisamente el salto que supone el Drakon en materia de sigilo. El comandante de la flotilla submarina israelí ha descrito el efecto de la tecnología AIP como un incremento de la capacidad de ocultación de varios órdenes de magnitud.

Estructura misteriosa

El elemento que más interrogantes ha generado entre los especialistas es la nueva configuración del submarino y, particularmente, el gran volumen añadido detrás de su vela.

Israel mantiene en secreto buena parte de las características del Drakon. Esa política de opacidad resulta especialmente significativa porque algunos especialistas navales consideran que el nuevo diseño podría permitir incorporar sistemas de lanzamiento de misiles de mayores dimensiones.

Existen análisis que han planteado incluso la posibilidad de sistemas de lanzamiento vertical. Sin embargo, esta hipótesis no ha sido confirmada oficialmente por Israel y debe distinguirse cuidadosamente de las capacidades conocidas del submarino.

Lo que sí está documentado es su importante capacidad de lanzamiento. El Drakon dispone de diez tubos lanzatorpedos, seis de 533 milímetros y cuatro de 650 milímetros, una configuración que proporciona flexibilidad para emplear distintos tipos de armas y sistemas submarinos.

Esa combinación de espacio, autonomía y capacidad de lanzamiento explica por qué el Drakon es considerado mucho más que un simple sustituto de los submarinos israelíes anteriores. Puede permanecer lejos de la costa israelí durante largos períodos y conservar, mientras tanto, su capacidad militar.

Su misión tampoco se limita al combate. Un submarino de estas características puede convertirse en una extraordinaria plataforma de Inteligencia, vigilancia y reconocimiento, capaz de aproximarse discretamente a zonas de interés, observar movimientos y recopilar información sin revelar su posición. También puede desempeñar funciones en operaciones especiales y apoyar fuerzas que actúen lejos de Israel.

El poder clave del Drakon es que puede desaparecer. La característica principal no es un misil concreto ni un sensor, sino su capacidad de permanecer invisible. El submarino más peligroso es aquel cuya posición se desconoce. El Drakon está concebido precisamente alrededor de esa ventaja. Su mayor tamaño permite transportar más sistemas; su propulsión AIP prolonga la permanencia sumergido; sus capacidades de Inteligencia amplían el radio de acción y sus armas le brindan gran capacidad de respuesta. Esta combinación lo convierte en una poderosa disuasión estratégica.

La capacidad nuclear de Israel existe desde hace décadas. Varios especialistas relacionan a los submarinos Dolphin con dicho armamento, aunque Israel no confirma qué armas pueden transportar sus submarinos.

Por eso, alrededor del Drakon existe una zona deliberada de incertidumbre. Lo que Israel confirma es importante. Pero lo que decide no confirmar forma parte de su capacidad de disuasión.

El mensaje es poderoso: un adversario puede conocer la existencia del submarino, pero no dónde está, qué sensores está utilizando o qué armas lleva a bordo. Esta incertidumbre aumenta el riesgo de cualquier intento de neutralizarlo.

El Ministerio de Defensa hebreo ha definido al Drakon como un multiplicador de fuerza y una extensión de largo alcance de la capacidad de las Fuerzas de Defensa de Israel. El siguiente capítulo será el Dakar, diseñado para incorporar tecnologías todavía más avanzadas.

El Drakon llega, por tanto, en un momento decisivo. No es solo el sexto submarino israelí. Es la culminación de una generación de buques construidos alrededor del silencio y la autonomía. Bajo el mar, el Drakon añade la capacidad de estar allí... sin que nadie sepa exactamente dónde.

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