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CrónicaDaniela BrikRodas (Grecia)

Rodas, la isla turística en el centro de la tensión entre Grecia y Turquía

La disputa entre ambos países ha vuelto a arreciar por los planes griegos de dotar de una infraestructura permanente para el despliegue y mantenimiento de drones de vigilancia al aeródromo militar de Maritsa

Vista desde la costa de la población de Kallithea, en la isla de Rodas, desde la que se distingue en el horizonte el territorio turcoDaniela Brik

El anunciado despliegue permanente de drones de vigilancia en Rodas, una paradisíaca isla griega, ha reavivado una disputa que enfrenta desde hace décadas a Atenas y Ankara y que tiene como telón de fondo el estatus de las islas del Egeo, la rivalidad geopolítica en torno a Chipre y el nuevo equilibrio militar en el Mediterráneo oriental.

Rodas, dos realidades

Conocida como uno de los grandes destinos turísticos del Mediterráneo, salpicada por playas cristalinas y un casco histórico cargado de historia, su patrimonio atrae cada año a cientos de miles de visitantes. Pero esta isla griega de apenas 1.400 kilómetros cuadrados tiene otra dimensión mucho menos visible para quienes llegan de vacaciones.

Rodas se sitúa a unos 18 kilómetros de la costa turca en su punto más cercano, por lo que ocupa una posición estratégica en el extremo suroriental del Egeo, una de las zonas más sensibles del Mediterráneo oriental.

La tensión entre ambos países ha vuelto a arreciar por los planes griegos de dotar de una infraestructura permanente para el despliegue y mantenimiento de drones de vigilancia al aeródromo militar de Maritsa, al suroeste de la ciudad de Rodas y a una veintena de kilómetros de la costa turca.

Se trata de aeronaves no tripuladas V-BAT, concebidas fundamentalmente para misiones de Inteligencia, vigilancia y reconocimiento, con capacidad para proporcionar información continua sobre amplias zonas marítimas. Además, están diseñadas para operar en entornos en los que las señales de GPS y las comunicaciones pueden ser interferidas o bloqueadas, una característica especialmente relevante en un escenario de creciente guerra electrónica como es el Mediterráneo oriental.

La instalación de esta capacidad forma parte de la progresiva incorporación de drones a las Fuerzas Armadas griegas. Pero su ubicación ha provocado una reacción inmediata de Turquía.

Ankara sostiene que el establecimiento de una infraestructura militar de este tipo en Rodas vulneraría el régimen de desmilitarización al que, según su interpretación, está sometida la isla. El Ministerio de Defensa turco ha advertido de que la militarización de las islas griegas perjudica la estabilidad y la paz en el Egeo.

Grecia, por su parte, defiende su derecho a disponer de capacidades de defensa y asegura que la decisión, recientemente anunciada, tiene por objetivo reforzar la vigilancia en sus islas y en la frontera del Egeo.

A finales de agosto, cazas F-16 griegos interceptaron un dron turco en el norte del Egeo después de que Atenas denunciara que el aparato había entrado en su espacio aéreo.

El suceso se produjo pocos días después de la protesta turca por los planes de instalar en Rodas esa plataforma para drones y volvió a poner de manifiesto hasta qué punto estos aparatos no tripulados se han convertido en una herramienta que va más allá de la vigilancia marítima y forman parte de una competencia militar cada vez más visible entre ambos países.

Según las autoridades griegas, el UAV llegó además a aproximarse a la zona del aeropuerto de Alexandroupoli, en el norte del mar Egeo, cerca de la frontera greco-turca, cuando un avión de pasajeros se preparaba para despegar.

El incidente se enmarca en una sucesión de vuelos de drones turcos registrados por Grecia en el Egeo. Las autoridades griegas han denunciado operaciones de este tipo en la zona durante las últimas semanas, mientras que Ankara asegura defender sus propios intereses y posiciones en el espacio marítimo y aéreo que ambos países se disputan.

Una disensión que va más allá de Rodas

Para entender por qué un dron de vigilancia puede provocar una disputa diplomática de mayor calado basta mirar el mapa. Rodas pertenece al Dodecaneso, un archipiélago griego situado frente a la costa turca. Su proximidad con Anatolia convierte a la isla en un punto especialmente relevante para la vigilancia del Egeo y del Mediterráneo oriental.

Rodas cuenta además con un estatus jurídico particular. Italia cedió el Dodecaneso a Grecia después de la Segunda Guerra Mundial. El Tratado de Paz de París de 1947 estableció la desmilitarización de las islas, una disposición que Turquía utiliza desde hace décadas para cuestionar la presencia de determinadas capacidades militares griegas.

Atenas sostiene una interpretación diferente del alcance de esas obligaciones y argumenta, entre otras cuestiones, que conserva el derecho a defender su territorio. Turquía, por su parte, considera que la instalación de capacidades militares permanentes en estas islas contradice el régimen establecido en el tratado.

La disputa sobre la nueva plataforma en Rodas forma parte de un conflicto mucho más amplio. Grecia y Turquía son aliados de la OTAN desde 1952, pero mantienen desde hace décadas numerosos contenciosos relacionados con el Egeo y el Mediterráneo oriental: el estatus y la militarización de las islas, el espacio aéreo, las aguas territoriales, la plataforma continental y las zonas marítimas, entre otros.

Vista de la playa de Lindos, uno de los centros turísticos más populares de RodasDaniela Brik

Las tensiones se traducen periódicamente en incidentes militares y diplomáticos, aunque también ha habido etapas de diálogo y acercamiento.

Los drones introducen además una dimensión nueva en una rivalidad que tradicionalmente se ha expresado mediante cazas, buques de guerra y disputas sobre espacios marítimos y aéreos.

Para Grecia, desplegar estos sistemas en puntos estratégicos como Rodas supone aumentar su capacidad para conocer lo que ocurre en sus aguas y alrededor de sus islas. Para Turquía, la creación de infraestructura militar permanente en una isla cuyo estatus de desmilitarización cuestiona constituye una elemento de preocupación.

Chipre y el nuevo equilibrio del Mediterráneo oriental

La rivalidad entre Atenas y Ankara tampoco puede entenderse sin Chipre. La isla permanece dividida desde 1974, cuando la intervención militar turca dio lugar al control turcochipriota de la parte norte. La República de Chipre, reconocida internacionalmente, controla el sur, mientras que la autodenominada República Turca del Norte de Chipre solo es reconocida por Ankara.

La división de la isla constituye uno de los principales puntos de fricción entre Grecia y Turquía y ayuda a explicar la estrecha relación política y de seguridad entre Atenas y Nicosia.

Esa cooperación entre Grecia y Chipre se inserta además en una red más amplia de relaciones estratégicas. Grecia, Chipre e Israel han desarrollado durante los últimos años una creciente cooperación militar, con ejercicios conjuntos y actividades de entrenamiento en el Mediterráneo oriental.

En septiembre, unidades de las armadas griega e israelí realizaron un ejercicio conjunto en la zona, mientras Grecia y Chipre mantienen también ejercicios y cooperación militar regular. A ello se suma que las relaciones bilaterales entre Turquía e Israel se encuentran en su punto más bajo, una situación que dista mucho de la que mantenían hace dos décadas, cuando las maniobras castrenses conjuntas eran la tónica y la cooperación en varios ámbitos, estrecha.

Cercanía geográfica, distancia psicológica

La distancia entre Rodas y la costa turca se percibe claramente desde el extremo nororiental de la isla, pero sus habitantes viven algo de espaldas al conflicto y volcados en el turismo, que trata de rascar los últimos visitantes de la temporada veraniega.

«Siempre ha habido incidentes con los turcos, pero no se sabe claramente qué es lo que el Gobierno pretende establecer en la isla. No informan bien sobre el tema de los drones», explica a El Debate Giorgos Papadopoulos, uno de los numerosos conductores que diariamente realizan los viajes desde el aeropuerto a los hoteles de la costa.

Y es que las noticias griegas estos días se centran más en las crecientes protestas para evitar un turismo masificado que termine convirtiendo la isla en un espacio inhabitable para sus propios residentes.

En las calles de Rodas, la disputa del Egeo puede quedar muy lejos de la realidad de los millones de turistas que cada año visitan la isla. Pero basta mirar hacia el horizonte para recordar que esta isla turística ocupa también una posición estratégica en una de las zonas más sensibles del Mediterráneo.