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Continúan los disturbios en Francia por las manifestaciones estudiantiles

Descontento, ira y desconfianza institucional: los expertos explican las causas y efectos del estallido francés

El origen de esta sacudida estaría en la carestía de la vida, la frustración de la ciudadanía, la pérdida de confianza en las instituciones y en un Estado incapaz de mantener el orden público sin que corra la sangre

Las escenas vistas en Francia desde el 17 de octubre han conmocionado a Europa y hasta han sido aprovechadas en la campaña de las elecciones legislativas de Estados Unidos.

El presidente Donald Trump puso de ejemplo el estallido social para explicar lo que sucede cuando en un país hay desbordes de inmigración ajena a la cultura original o si gobiernan los demócratas. «¡Cierren las fronteras y recuperen el control antes de que sea demasiado tarde!», escribió en su red Truth Social, el republicano.

Pero las imágenes del país vecino en llamas mostraban adolescentes, jóvenes y adultos sin distinción de ideología y color de piel en pie de guerra. A la película de un fracaso como Gobierno y sociedad se sumaron los «chalecos amarillos» y la mecha de la rabia se extendió, prácticamente, por todos los sectores.

Locales incendiados, vandalismo, saqueos, asaltos a viviendas, enfrentamientos y agresiones a las fuerzas del orden... La barbarie la ganó esta batalla a la civilización y el efecto dominó comenzó a sentirse en otros países del viejo continente.

Los detonantes y el efecto de esta bomba tienen su origen en la carestía de la vida, la frustración de jóvenes y adultos y la pérdida de confianza en las instituciones y en la autoridad del Estado, incapaz de mantener el orden público sin que corra la sangre.

Varios expertos tratan de explicar el escenario. Lo han hecho en diferentes medios de comunicación de franceses que resumimos y reproducidos a continuación.

El politólogo Jérôme Fourquet advierte de que la sucesión de episodios violentos corre el riesgo de normalizar los disturbios y modificar el escenario político, Antoine Marie y Peter Barrett alertan de que la impunidad ante los abusos policiales puede alimentar la desconfianza institucional.

Todos coinciden en el desafío al que se enfrentan las autoridades francesas para restablecer el orden público sin ignorar las reivindicaciones sociales ni deteriorar la confianza ciudadana en las instituciones, en un momento de creciente polarización política antes de las elecciones presidenciales de abril del próximo año.

En una entrevista este martes en France Inter, Fourquet, director del departamento de opinión del instituto demoscópico IFOP, considera que las movilizaciones expresan un malestar relacionado con el coste de la vida que afecta a amplios sectores de la población y no solo a estudiantes.

Fourquet cita los datos del Ministerio del Interior, según los cuales 550.000 personas participaron en las protestas. Compara esa cifra con las 280.000 personas que, según los datos policiales, participaron en el primer sábado de movilizaciones de los «chalecos amarillos» en 2018 y con los 1,1 millones que secundaron la primera jornada de protestas contra la reforma de las pensiones en enero de 2023.

Diferentes perfiles

El politólogo distingue varios perfiles entre los participantes en los disturbios: militantes de extrema izquierda que atacan símbolos institucionales, delincuentes profesionales que planifican los saqueos y jóvenes que aprovechan el desorden para participar en actos vandálicos.

Fourquet señala que algunas personas se fotografían durante los saqueos, bailan alrededor de los incendios y exhiben los objetos robados. A su juicio, estas conductas reflejan una sensación de poder e impunidad que, junto con la influencia de las redes sociales, favorece la extensión de la violencia.

El analista también observa una evolución respecto a los disturbios de 2005 contra la austeridad presupuestaria, ya que los alborotadores se concentran cada vez más en los centros urbanos y atacan ayuntamientos, bancos y agencias inmobiliarias. «Muchos de estos individuos tienen la sensación de que hoy todo está permitido», afirma Fourquet.

En el plano político, Fourquet cree que la crisis refuerza la percepción de debilitamiento del presidente Emmanuel Macron y puede favorecer la polarización entre las fuerzas vinculadas a la protesta y las que reclaman el restablecimiento del orden.

Lo que aparece hoy como el partido del orden es la Agrupación NacionalJérôme FourquetDirector de Opinión del Instituto demoscópico IFOP

«Lo que aparece hoy como el partido del orden es la Agrupación Nacional», sostiene. Según su análisis, la formación de Marine Le Pen puede capitalizar la demanda de seguridad.

La socióloga Anne Muxel, directora de investigación del Centro de Investigaciones Políticas de Sciences Po, considera que la magnitud de las movilizaciones estudiantiles refleja un malestar que también está presente en los hogares franceses.

En una tribuna en Le Monde, Muxel sostiene que la ira, el descontento y la ansiedad que impulsan las protestas de estudiantes de secundaria y universitarios son sentimientos compartidos por una mayoría de franceses.

La socióloga señala que las encuestas realizadas antes del 17 de octubre ya reflejaban esa preocupación, lo que apunta a que las movilizaciones juveniles forman parte de un clima social más amplio y no constituyen un fenómeno aislado.

Antoine Marie, investigador en psicología política en Sciences Po, y Peter Barrett, asociado en el Centro Europeo de Negociación, advierten en otra tribuna también en Le Monde de que la impunidad ante los abusos policiales puede deteriorar la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Sostienen que los excesos en las conductas policiales si quedan impunes -dos adolescentes perdieron una mano y otros dos un ojo-, los ciudadanos pueden concluir que la Policía y, a través de ella, el Estado, no saben ejercer el poder de disuasión y en consecuencia, no hay respeto. «La violencia policial impune alimenta la desconfianza institucional y, posteriormente, el odio», advierten.

Su análisis subraya que la respuesta a los disturbios no depende únicamente de la capacidad policial para restablecer el orden, sino también de la percepción de legitimidad y justicia con la que los ciudadanos evalúan la actuación de las instituciones.