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Zelenski y Trump en Mar-a-Lago

Zelenski y Trump en Mar-a-LagoGetty Images via AFP

El volantazo de Trump en Ucrania: ¿cierra filas con Putin para siempre o es otro impulso incontrolado?

El presidente de Estados Unidos desconcierta al mundo cambiando por tercera vez de posición y alianéandose de nuevo con el jefe del Kremlin

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado un nuevo giro en su política hacia Ucrania. Quizás pensando en las elecciones legislativas de noviembre, las midterm, el republicano ha decidido volver a castigar a Volodímir Zelenski, ralentizando la entrega de armamenot ya pagado, con suspensiones intermitentes de la actividad satelital de Starlink, acusándole de ser un obstáculo para la paz y pidiendo que deje paso a otro líder.

Este nuevo volantazo en su política respecto a Ucrania y la invasión rusa pretende colocar a Zelenski a los pies de los caballos de la ira del votante estadounidense al adjudicarle la responsabilidad de la subida de los precios del combustible. Además, sirve de excusa de Trump para justificar su acuerdo de importación de combustible de Rusia y el levantamiento de sanciones a un Kremlin que se frota las manos pensando en una paz en Ucrania a su medida si se concreta la reunión entre Putin, Trump y Xi.

Las encuestas no sonrien al republicano que se ha lanzado a hacer campaña en la América profunda como si su nombre estuviera en las papeletas. Se trata del tercer golpe de timón desde su investidura el 20 de enero de 2025, cuando empeño su palabra en poner fin en 24 horas a la guerra en Ucrania. En este tiempo el republicano ha pasado varias fases.

Recepción caliente en la Casa Blanca

Apenas un mes después de que Trump regresara al poder, Zelenski visitó Washington. En febrero de 2025 protagonizó, de forma involuntaria, una escena humillante. Lo que debía ser una primera toma de contacto entre ambos líderes desembocó en un agrio rifirrafe verbal en el que el vicepresidente, J.D. Vance, tuvo un protagonismo especial por no decir que tiró la primera piedra contra el invitado en la Casa Blanca.

Además de echarle en cara su falta de agradecimiento a EE.UU., Trump repitió una y otra vez que Zelenski «no tiene cartas» y no podía ganar la guerra, razón por la que debía capitular irremediablemente. Zelenski abandonó airado el Despacho Oval y los europeos acusaron a la Administración estadounidense de organizar una encerrona a su aliado. La propaganda rusa aprovechó el enfrentamiento para dar por hecho que Washington presionaría a Kiev para que se rindiera en los próximos meses.

Con Putin en Alaska

Después del fracaso de las reuniones de normalización con Rusia y de las primeras rondas de negociación entre ambos bandos en conflicto desde 2022, Trump convocó una cumbre ruso-estadounidense en agosto de ese año en Anchorage, la capital de Alaska, al estilo de las que Ronald Reagan celebró en plena Guerra Fría con el líder soviético Mijaíl Gorbachov, como recuerda Efe.

Trump se ganó la desconfianza de los líderes europeos, que defendieron la postura de que no puede haber una paz sin Ucrania. Para Putin, la cumbre fue una rotunda victoria diplomática, ya que rompía tres años y medio de aislamiento.

Además, Rusia ganó tiempo para seguir combatiendo en Ucrania y acusó a los europeos de ser el nuevo 'partido de la guerra' por rechazar lo que llamó «entendimientos» alcanzados entre Moscú y Washington. Es decir, la entrega del Donbás y el reconocimiento de la anexión de la península de Crimea, extremos inaceptables para Kiev.

El voto de las «midterms»

Un año después, según se acercaban las elecciones legislativas, el presidente estadounidense comenzó a presionar a Zelenski para que cesara los certeros ataques contra las refinerías rusas. Kiev se negó, ya que Moscú rechazaba, por su parte, suspender los bombardeos contra su infraestructura energética. Sin tregua, Ucrania no estaba dispuesto a realizar concesiones unilaterales.

La otra opción era ampliar la cobertura de la red satelital Starlink a territorio ruso o incrementar el suministro de misiles Patriot. Trump nunca dio ese paso, ya que los camioneros o granjeros americanos, necesitados de combustible, tenían prioridad sobre los civiles ucranianos.

Una vez que era imposible llegar a un acuerdo con Irán sobre el estrecho de Ormuz, decidió cortar por lo sano, autorizar el suministro de diésel ruso hasta abril de 2027 y suspender por 60 días la aplicación del paquete de sanciones conocido como Ley Graham.

¿Decisión definitiva o temporal?

Los expertos se preguntan si el giro de Trump será definitivo o una muestra más de la tradicional volatilidad del líder estadounidense. Mientras rusos y ucranianos no se fían y no descartan un nuevo cambio de opinión del inquilino de la Casa Blanca, los europeos tampoco quieren quedarse al margen de un futuro acuerdo de paz sobre la seguridad en el continente.

Tanto Trump como Putin son partidarios de un arreglo entre grandes potencias a imagen y semejanza de la Conferencia de Yalta (1945). En ese sentido, la cumbre de la APEC que se celebrará dentro de un mes en China, según informó The Wall Street Journal, podría acoger una cumbre tripartita entre Putin, Trump y Xi Jinping. La próxima ventana sería en diciembre durante la cumbre del G20 en Florida, aunque el líder ruso aún no ha confirmado su presencia.

En lo que todos coinciden es en que mucho depende de los resultados de las elecciones del 3 de noviembre. «La política es muy agresiva en tiempo de elecciones», dijo Zelenski, esperanzado en que las relaciones con Washington mejoren tras esos comicios. El líder ucraniano no se ha tragado el orgullo, pero tampoco ha roto puentes con EE.UU., al que los europeos compran el armamento para Kiev.

Trump no sólo ha endurecido su retórica electoral, sino que ha dado pasos que han dejado indefensas a las principales ciudades ucranianas. Si el giro se alarga en el tiempo, Kiev puede tener dificultades para sobrevivir al «crudo invierno ruso».

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