El escenario cambia radicalmente si conduces un coche eléctrico
¿La calefacción del coche aumenta el consumo de combustible? Esto es lo que debes saber
Un motor térmico es una máquina intrínsecamente ineficiente que desperdicia gran parte de la energía del combustible transformándola en calor
La creencia popular de que encender la calefacción dispara el consumo de combustible es un mito heredado que, en la inmensa mayoría de los coches de combustión (diésel o gasolina), es falso. Para entender por qué, hay que mirar bajo el capó. Un motor térmico es una máquina intrínsecamente ineficiente que desperdicia gran parte de la energía del combustible transformándola en calor en lugar de en movimiento.
El sistema de calefacción del coche es, en esencia, un mecanismo de reciclaje inteligente. Aprovecha ese calor residual que genera el propio motor —y que de otro modo se disiparía inútilmente a través del radiador— para calentar el aire del habitáculo. Por tanto, introducir aire caliente en la cabina no exige un esfuerzo extra al motor ni inyectar más gasolina, simplemente se redirige una energía térmica que ya estaba ahí.
El único consumo real es el de la electricidad necesaria para mover el ventilador que empuja el aire, pero es una cantidad tan insignificante que no tiene reflejo visible en la aguja del depósito.
Sin embargo, existe una excepción técnica importante que a menudo confunde a los conductores: el botón del aire acondicionado. Si para calentar el coche activas también el compresor del aire acondicionado —algo muy habitual para desempañar los cristales rápidamente porque el aire seco elimina la humedad—, entonces sí estarás consumiendo combustible extra, entre un 5 % y un 10 % más.
Pero en este caso, el gasto no proviene de subir la temperatura, sino de la acción de deshumidificar. Si solo usas la calefacción simple sin activar el compresor (el botón del copo de nieve apagado), el coste para tu bolsillo es cero.
¿Y en los coches eléctricos?
El escenario cambia radicalmente si conduces un coche eléctrico. En estos vehículos, el motor es tan eficiente que apenas genera calor residual, por lo que no hay «sobras térmicas» que aprovechar. Para calentar el habitáculo, el coche eléctrico debe tirar directamente de la energía almacenada en la batería para alimentar resistencias eléctricas o una bomba de calor.
En este caso, poner la calefacción sí tiene un impacto directo y muy notable, llegando a reducir la autonomía del vehículo hasta en un 20 % o 30 % en días muy fríos, lo que convierte el confort térmico en un lujo energético que el conductor debe gestionar con atención.